miércoles, 12 de octubre de 2016

Charlando con Irma.

 ¡Ah, no sufras
por algo que ya excede el desengaño!
Como un hombre desde hace tiempo preparado,
Saluda con valor a Alejandría que se marcha.

Los Dioses abandonan a Antonio. Constantino Cavafis.


Mi capacidad animal de ladrar
¿De dónde viene y a dónde va?
El indio estaba en un tour-peyote, nada contestó.
La luz en el foco no me responde
-porque es obvio que un foco no es más que un foco,
y detrás del telón es mejor no pasar
no sea que te encuentres un actor sin disfraz
y hay cosas que son de un humor espeluznante.

Algún día caerán
las palabras suspendidas en el aire
y tal vez lo que ya he dicho
quiera devolverlo a su raíz,
para que encuentre un nuevo padre,
otro menos inaudito;
alguien que les dé un pasado
en una casa con calor.

Mi capacidad animal de ladrar
dialoga a esos miedos que son cuando baja el temor a la muerte,
a la soledad o a los hombres hermosos:

Es dolor por nada y de nada,
inventa el enigma que tintinea gotas de agua
en la más larga sed, del mundo real
hasta las hojas vacías de mi cuaderno.
Intuyo, no hago otra cosa.

Aprendí lo que nunca seré
y lo que no soy ahora;
solo puedo seguir lo que nace en mi pecho
y si se estrella en el sol como un ave ciega,
a la que llamo memoria,
no me sanaré. Porque no quiero sanarme
de todo lo que imagino.

No busca el foro
ni la amistad con leones hambrientos;
mi capacidad animal de ladrar
es una copia humana del lobo.
Ya pasó su hora
y ha quedado a beber cervezas
con la legión de borrachos
más Leonard Cohen del mundo.

Me seca el sudor de la frente,
me tira con puños de todas las direcciones.
Su coraje no es odio; pero odia de aquellos
su manera de hacer del amor un concurso de saqueos.

Mi capacidad animal de ladrar
primero revienta adentro;
lo que queda, acaso son restos míos.

Omar Alej.

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