martes, 4 de octubre de 2016

Atraído.

“Trata de retenerles, poeta,
cuando despierten en tu mente
en la noche o en el fulgor del mediodía.”

Cuando despierten. Constantino Cavafis.


Ya a nadie sorprende un giro de cabeza,
para cruzar la enramada de todos los tiempos
e intentar renovar la vajilla,
el sarro en los platos detrás de la sopa.

Supongo que a eso
lo llamaremos progreso
y me quedaré sintiendo que algo rompí
que había que romper;
pero todo igual.
Siendo como fue, pasado anteayer.

Ya a nadie sorprende
si buscas debajo tu cama
la entrada a las ciudades más negras
y el poeta que luchaba a muerte
por mantener a su madre en vida,
solamente -de vez en cuando
la lleva a ver una película en el cine.

Todos están ocupados mirando
por ver los malabares de las luces
y una sombra que está triste
no se sirve para fruto de las ferias.

Me queda solamente un ilustrísimo alegato,
el ladrón de pies ligeros,
el niño soñador que de madrugada va al columpio,
la chica con trenzas que se muerde el alma del cabello,
esta oscuridad de noche rota que no lucha
y que se aleja…

Cuanto sé de esta mañana
lo llevo dentro,
sin pecado ni ambición.
Como una prueba de que estoy
en el tiempo y en el lugar correcto;
donde tengo que pactar
por cambiarme por quien ve como al sol
se le olvidan los colores.

Hace tiempo recordé
y no me puedo devolver de ese recuerdo.
Voy cruzándome con otros
que también viajan aplastados
por las cargas que perdieron.

Nos miramos,
el infierno es una tregua con el cielo
y padecer, poner de moda
a las cuevas del desierto
y a los mundos submarinos.

Ya a nadie sorprende
si me erijo como el nobel de fracasos literarios
ni de cuanta fatiga estamos hablando al escribir;

A mí tampoco.

Omar Alej.

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