miércoles, 14 de septiembre de 2016

Vestido contra la playa; en mi casa en la playa.


Hubiera preferido ahogarme. Los amigos se rostizaban, jugaban a la pelota y no estaba mal que alguna chica perdiera el bikini producto de una ola… pero que mierda me parecía todo, cuando algún insinuaba que aquello era el paraíso. Me calcinaba que nadie echara de menos la polución; tan solo por ser parte ¿acaso nadie sabía de su real desagrado?
Hubiera preferido ahogarme antes de saberlo...

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


El mar estaba desalado,
parecía el agua estancada de un tinaco.
Dócil, obediente al club de regata  
y en nada parecido
a las postales de naufragios
que me había regalado aquel abuelo
al morir, mientras hacía que le leyera a Joseph Conrad.

Los niños colectaban conchas
y actuaban versiones de películas domesticas
cuando iban construyendo castillos con arena.
Al lado quedaban sus padres
que tumbados resentían un reloj que iba corriendo
ahí adentro, por debajo del descanso.

La idea del verano,
de una ola a otra,
se volvió tan simple como un clip
o una grapa de oficina.
Tantas salas de hospitales
con las colchas húmedas tiradas en el suelo
y de pronto la más probable convención de bienestar
es un camastro.

No dirás que soy amargo,
no hagas nada por piedad.
Antes debes de saber que la orilla
es la misma en cada esquina de la estrella…

Yo oriné,
me acordé que alguien dijo
que era justo lo que hago  
cuando quiero manifestarme
en contra del salvoconducto
que unos usan, para irse
sin mudar de ellos mismo
la obviedad de sus rutinas.

Solo un barco hecho pedazos
en mitad de la tormenta
es el mar.
Solo el rostro de las nubes reventando
es el gusto de la vida,
piel morena.

Me senté en un local,
Pedí un mango con picante
y pasaron a mi lado tres mulatos
que ensayaban entre bromas
un huapango:

Sabor dulce el aborigen.

Todo esto -por supuesto,
conmigo embutido
en una gabardina
de color azul marino;
que por algo soy el caballero
que sale en las fotos
de sus vacaciones.

Omar Alej.

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