jueves, 22 de septiembre de 2016

Tenemos que hablar de amor y no tanto de amarnos.


“resignarse a la paz inocente del tigre;
dormirse junto a un cuerpo que se duerme.

Quizá el amor es simplemente esto. Antonio Gala.


Tenemos que hablar de amor
y no tanto de amarnos;
de cuando la espuma de la rabia
tense cada herida que no sana
-cicatriza: la impopular yugular
del estilo…

Tenemos que hablar de amor
y no tanto sobre el peso del polvo enamorado.
Que se diga que no existe
o que existe como efecto del temor,
porque el miedo fue primero
y luego hágase la luz:
entre tus muslos soy centeno.

Tenemos que hablar de amor
ante el árbol quemado;
en su lugar sigue de pie
arraigando tiempo en las barbas de la falda del otoño.

De la imagen del espejo
saltan brocas y pinceles…
confines de placer
que se quedaron en el filo
de una apuesta contra el aire
y el aroma de una forma fatua de profundidad.

Tenemos que hablar de amor
y dejar nuestras huellas
en el alma del cadáver
al que empuña la esperanza
o torcer los ríos de un modo
en el que vuelvan las esponjas
que limpian los cristales de los edificios.

Yo preciso que no falte la ternura
que se encostre cual pellejo  
y no una orilla de la playa
del edén, porque es mentira
saber todo del ayuno.

Tenemos que hablar de amor,
romper los encajes
y hacer la voz de los gigantes de piedra
jadeando oración de búfalos negros;
algo que pienso que harían
bajo tierra las aves.

Que tintineen proyectiles
y cascos atómicos de organismos lejanos.
Rompamos el saco
del hombre en harapos
y que Saturno condimente a sus hijos
en un íntimo golpe de fe
que de pronto se tiene a la hora de la siesta.

Tenemos que hablar de amor.
Porque hay palabras que atacan de llanto al cielo.

Quien puede vernos se muere
justo después de conseguir que mostremos
una imposible humanidad.

Tenemos que hablar de amor,
de sus raptos
y de la pobreza que aguarda
en tal ejercicio de abundante egoísmo,
y ya no tanto del costo de la seguridad social.

Omar Alej.

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