sábado, 24 de septiembre de 2016

La chica del tenedor bajo llave.


“¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!”

Cartas a una desconocida. Nicanor Parra.


Recuerdo algunas cosas de tu habitación,
los muros empapelados con periódicos pintados con aerosol,
la ventana redonda y el tenedor que tenías bajo llave…

Compartías aquel cuarto con tu hermana,
en la parte del fondo colgaba su estrella de alambre
y juntito a la puerta
un teléfono roto sostenía las mismas hojas de siempre;
esperabas poder escribir,
para aquella tarea que aún no entregaste
de una maestra que ahora está jubilada
y vive tres calles abajo de donde perdió a su gato persa.

Todo el ungüento del mundo,
no hubiera servido para hacerte sanar
de tu falta de pecas.
Te querías parecer a las pelirrojas
y cuando te pintabas los puntos
me hacía sonrojar que no te dieras cuenta
de lo triste que quedaba tu cara
llena de puntillos negros con rotulador.

No pienses que ahora soy grande
y que me he olvidado de la noche cenando en el frío almacén.
Tú me dijiste ser virgen;
pero daba igual.
Lo más ordinario de todo no era que todos en el barrio
te hubieran probado;
lo amargo fue tanta belleza sin reconocerse.

Aquí tengo en mis manos tu cara,
la guardo cuando masturbo a una nena.
El llamado del tiempo rompe el espejo
y yo vuelvo bien
de donde nunca estás:
seguirás en la sierra o en la cima de un risco.

Dejaste por fuera de ti
un corazón que latía con el mismo latido
de las olas más fuertes;
escapaste del mundo, en una ciudad
donde el más idiota se ha quedado con todo.

Lo de la visita al hospital te lo paso,
porque sé que algunas veces
unas cuantas pastillas
parecen pistas de aterrizaje,
para un avión que desciende
ya sin combustible.

Me devolviste la postal de Sonora
y desde entonces llevo conmigo
una copia del libro que te prometí;
ya ves, me cortan las hojas
que estaban sostenidas
bajo el teléfono roto.

Omar Alej.

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