lunes, 5 de septiembre de 2016

A mi corazón, corazón mio.

“Yo rechazo la coartada universal
Como un ninfomaníaco que ata a un millar
en una extraña hermandad
Yo espero
a que cada uno de vosotros confiese”

Qué hago aquí. Leonard Cohen.



La otra orilla que se mueve, acentúa mi cansancio.
Todas las plumas de las alas de Ícaro arden
y es como si agentes fronterizos
las pincharan y clavaran en cubiertos,
para luego merendarlas. No soporto ver tales derroches.

No es que tenga más que nada por decir;
todos hemos aprendido a escribir nuestro nombre
junto a las primeras cuatro palabras…

Nos dejamos caer, creyendo que fuimos vencidos,
porque intentando luchar surgen libres peroratas
(eso siempre reconforta. Después de los labios
y de algunas miradas que degradan el polvo,
resulta culpable entristecerse de mar
o de nubes de altura).

Mi corazón se refugia en cada sentido,
respira, me escucha, la toca,
sabe qué es la hiel
y se observa debajo del manto;
pero esta solo.
Con mi traje de presencia;
pero solo.

¿Dónde estoy yo
cuando necesita ser fuerte?
¿haciendo qué truco de equilibrismo?

Me desplomo en mis pasos,
llega otro que no sabe qué ser cuando llego
¿Toda esta rabia
por una cerilla que sube el precio
de los combustibles?

La otra orilla que se mueve,
se aleja.
Ya no puedo con los puntos
de suspenso entre las cosas,
ya dejaron de surgir, diademas de luz roja
en sus detalles…

A mi corazón le debo, ahora.

Aprender que su dolor
es verdadero
y cuanto hace que lo guarda,
porque quiero tener más que un corazón.
Más que dolor.

Pediría que olvidara el mecanismo
de un espíritu infecto en la costumbre
y en el hambre de la carne
si mis lágrimas no hubiesen
puesto cerca de mis huesos
a la piel de algunos presos
y el estremecimiento de algunos olvidados.

La otra orilla que se mueve
podría significar la falsedad
de hacer harina con el trigo
o que la isla en la que estoy
se hundió conmigo;
pero mi corazón no miente.

He ido a la soledad de la misma manera
que alguien busca a dios y se lo encuentra
en su casa, vestido con sus ropas
y comiendo la comida que alguien puso,
para él que no era dios sino creyente.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ay, tu corazón corazón tuyo... tan tan tuyo, creo poder percibir su cansancio, ese desgaste, ese dolor... ese dejarse caer... mmm me gusta esa parte, me da la impresión que es esa caída lo que reconforta, que seguir luchando solo hace todo mas largo y tedioso. que no está tan mal, que así tal vez de un poco igual lo que digan o miren los otros que creen ser más. "resulta culpable entristecerse de mar o de nubes de altura" que no. me pareció muy bello eso. de esas tristezas que tienen algo hermoso dentro. me da mucho sentimiento, por él. por refugiarse tan a su manera, en todo lo que vive, por refugiarse y hacerte también participe de esa hiel... hacerte sentir que no estas ahí... como si estuvieras fisicamente pero en realidad no estas... no. pff que fuerte, encararte a ti mismo, reprocharte de alguna forma la ausencia para él. Y deberte a él. Reconocerlo, darle su importancia, :'( me da algo... pff querer pedirle que olvide "un espíritu infecto" pero.. todo ese sentir, de algunos presos, de algunos olvidados, como si se hubiera impregnado tanto en ti, que ya no hay nada por hacer para él... que es imposible no seguir ese mecanismo infectado.... :S me estremece también. que forma de ir a esa soledad no? no sé que es? algo así como verse a si mismo creyendo? algo así me parece... encontrandote con esa soledad, en tu casa, inmerso en ella porque crees en ella. porque siempre ha estado ahí.... :O que corazón el tuyo. deja al mío un poco desolado también. ya sabes, no se puede evitar sentir ciertas cosas, y por esa razón me parece hermoso. por ser verdadero.

FloresFer.