lunes, 15 de agosto de 2016

Un nuevo banco en un parque oscurecido.

“: yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.”


Dedicatoria. Leopoldo María Panero.


En la última habitación hay una ventana
que da a un parque oscurecido
por el tiempo y abandono.

Nunca ahí se mira a nadie,
tal parece que jamás
alguien brincó entre los trazos de adoquines
que han quedado sepultados bajo el polvo del olvido
y el follaje en color negro de las moscas.

Cuando llueve me imagino que ahora soy
su único testigo.
Quizá es propio de un delirio en mi dolor
y lo observo recargado sobre el muro
mientras fumo y puedo ver que pasa el eco
y no se queda.

En mis sueños se revela;
bajo el peso de los parpados, es una escena que leí
en un artículo siniestro que firmaba
un ex marino arrinconado por la peste.

Me despierto
y voy temblando a constatarlo,
sigue muerto.
Entonces un automóvil
hace luz sobre la hierba
y casi siento entre la piel
la delgada línea sobre la que avanza,
hasta volverse tilde del vacío
de una noche en retahílas:

<<Dios que no estas
nunca en la iglesia.
fuerza que muerde
al vulnerable
cuando esta solo
y lo castigas
atándolo…

Dios que no estas,
para el que abre o cierra los ojos;
que estas guardado bajo el cadáver
que es nuestro amor  
atándolo…>>

Son tentaciones
que como sombras no se comparten.
Ni cuando hay fresco
ni cuando es día de votaciones;
en este parque solo hay adiós.
Semillas muertas
que se sembraron en tierra yerma.

Hoy a las tres de la mañana
escuché con que pereza se revolvía
y como crujía, desde su centro hasta su esquina.
Salí con un tambor de gasolina,
para quemarlo desde sus raíces;
pero al llegar había crecido -de su enramada,
un nuevo banco.

Volví a sentir la pena
de todo lo que puede arrancar
el exterminio.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Entre la noche y la malesa de las esperanzas perdidas comienza un nuevo ciclo al inicio del nuevo banco, lo que pudo haberse fundido dignamente únicamente lleva a un bucle donde vuelves a perder.

Demasiada obscuridad.

Carlito