miércoles, 31 de agosto de 2016

Para mis sueños, soy muy pequeño.

“Yo lo intenté -soy el mismo- resultó lo mismo.
Quería que mis sentidos enloquecieran.
El relámpago no era más que una luz ordinaria.
¿Acaso nada podrá mantenerte aquí, mi amor, mi amor?”

Por qué la experiencia no es la maestra de nada. Leonard Cohen.



A veces maldigo y no es literatura;
no siempre la rabia es un óleo del fuego que arde en el sol.
A ciertas horas verdaderamente duele
porque es realmente alto
el sonido de la voz que niega horas de dormir
y hunde lunas en montones de concreto
sin propietarios.

Desde siempre he sido muy pequeño,
diminuto en perspectiva. Sé que el mundo, si pasara
como sueño, no tendría mis submarinos
atracados en la costa.  
Y a menudo iré detrás,
temiendo que hay algo tan grande por decir
y no debiera pronunciarse por quien tiene
tan variante ortografía.

Mis oídos escucharon
y me puso triste que una chica preguntara
si habríamos de ir a la gran fiesta;
yo me he visto preguntando
si iremos a la vida, alguna vez.

Bajo esta sobriedad
de litros y más litros de pintura
en destinos que provocan a la gente,
algo así como un delirio
me parece que me quieran;
que alguien mire y se acerque
atravesando la neblina
y no le importen las estrellas
relumbrando en los ojos de las bestias,
jugándose las manos y los pies por alcanzarme
(Ante eso mírame y dime –yo, lo que sería).

Sueño que tripulo un barco y se hace tren,
usa la denzura y la mecánica,
se copia del río haciéndose del mar.
Sueño que el otoño
es un niño solo sin memoria,
encontrado por la primavera;
que la sigue.
Sueño que hay pecado y obra
en ti y en mí, que somos uno.

Sueño
y no son sueños de licuadas realidades.
Es un orden de ventanas a ventanas a ventanas a ventanas
que termina en el olor de una mañana
en la que por primera vez te apareces…
en un bloque de burbujas
que protege el fuerte de los hombres de hojalata…
hay un batallón de mujeres al desnudo
bailando sobre una moneda que gira en el aire.

Cada uno de esos actos luce enorme y manifiesto,
me siento tan pequeño que desisto de la acción
y quemo cada una de las hojas
donde estoy al borde de escribir algo más grande
que el sonido de la estática del miedo…

No, mi angustia,
no es literatura;
es esos sueños que se levantan
y andan sin mí.

Omar Alej.

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