jueves, 4 de agosto de 2016

Julieta y Romeo -Romeo y Julieta (un final alternativo por un dolar).

“So long, Marianne, it's time that we began
to laugh and cry and cry and laugh about it all again.”
So long, Marianne. Leonard Cohen.

Leonard & Marianne
No sé muy bien cómo empezar a contar esta historia; no quisiera inventar lo que no presencié, de lo que no fui testigo. Fantasear con historias de amantes que cuando sube la luna se besan a orillas de un lago colmado en reflejos de estrellas; justamente es eso, una fantasía y no apruebo jugar así con la suerte. Sin embargo, Julieta y Romeo –Romeo y Julieta- al día de hoy son primos de todos nosotros o como es mi caso, un motivo soez de mis padecimientos cardíacos.

El día de ayer recibí una carta que me remite la verdadera Camboya. Ahora debe sonar improbable; pero me escriben de un sitio que adaptado a occidente es una especie de municipio camboyano y lo extraño no es eso. Lo extraño –realmente, es que justo mientras estoy leyendo ese documento, mi madre llegara y empezara a contarme que había ido al dentista y que su doctora le había presupuestado -por nueve mil pesos- un par de colmillos nuevos.  Me arrancó de las manos la hoja: ahora que no tiene novio requiere toda mi atención y está bien –yo, por mi parte tenía tiempo de sobra, para empezar a escribir un nuevo relato que nadie leería.

Nos levantamos de ahí, del sofá y del suelo. Todos los discos que mi madre trae a casa están rotulados con marcador negro y pone en ellos Elvis Costello, aún si los mismos fueran de tango o de música eslava. Son sus manías y sé que las usa, para parecer coqueta y poco accesible. Después de escuchar su canción tenía que irse y en realidad estaba esperando quedarme solo, para volver a esa carta que había llegado desde Camboya, escrita en español y confirmando su procedencia con un sello incorrupto del estado.

Nunca he salido al jardín de mi casa sin antes haberme bañado; por tal motivo la despedí en la puerta y me volví con un brinco hasta la parte del suelo donde había estado sentado. Lo que la carta decía era seco y un poco hosco (si son las nueve de la mañana y tienes resaca). No intentaré ser especifico porque no tengo a mi alcance la forma de citar con justicia; relativizando diré que decía que estaban vivos y que desde hace cinco siglos son la pareja más celebre que haya estado dentro de sus fronteras. Me quede viendo afuera. Intentaba encontrar al bandido que me hubiera gastado tal broma. Ni siquiera era gracioso ¿en qué podía afectarme –ya fuera un milagro o una maldición?

El día de ayer –después de las doce, yo tenía que llegar puntual a la agencia de envíos. Una amiga escritora me había enviado su nueva novela “Noches tan oscuras (que nos dejaron la luz)” y yo siempre he querido escribir un relato que mereciera tener un título así de lindo.

Julieta y Romeo –Romeo y Julieta- vivos, aún vivos…

En realidad –y tomando en cuenta algunas cosas que pasan hoy día, no parecía –del todo, una aberración ni siquiera un delirio. Supongo que si en Camboya (cuidado que sigue un comentario racista) todos los nativos son físicamente muy parecidos, casi iguales, una pareja extranjera podría renovarse cada tanto –a modo sectario- e irse llamando del modo en el que El Bardo había bautizado a sus fatídicos héroes. Tal vez parezca un trabajo absurdo, el de irse convirtiendo cada tanto en lo que pasó después del final (mortal) de una obra de teatro. Sí que lo parece, aunque se ha visto a personas engañando a otras personas, año con año y siglo tras siglo.

Comí, me bañe, me vestí, me cepillé dos veces los dientes y volví a leer el contenido de la carta <<es todo una mierda>> me dije (creo que sin referirme a ese hecho concreto, sino en general). También rompí el papel, no quería una prueba de mi anacrónica idea del sentido. Más tarde, en el local donde debía recoger el paquete a mi nombre la dependienta me dijo que mi fragancia era igual a la que usaba su padre muerto. Me puso nervioso el detalle de que lo recordara perfumado y no como yo recuerdo al mío, invisible.  Me quería ir de ahí, de la ciudad, del país y del mundo; claro que quería irme de un mundo donde los suicidas no mueren y los muertos huelen a L´Homme Ideal de Guerlain.

Yendo despacio; pero con cierta prisa en mis continuos parpadeos, para fortuna mía, me tropecé con mi chica. Ella me hizo ir con ella a través de callejones que conectaban distintas iglesias de un modo barroco; como en un laberinto. Pasamos las fuentes, nos detuvimos en pequeños estantes donde vendían pulseras y piedras brillantes, escuchamos la música de una vieja orquesta que tocaba una sucia versión de “my funny valentine”. Y cuando se hizo la noche habíamos andado hasta dolernos los pies. En lo personal tenía mucha hambre y ya no quise ir a la rueda de la fortuna más grande de américa; paramos a cenar en un puesto de kebabs y al llegar a su casa me sumergí en su sillón, ya casi dormido.

Es obvio que voy a decirles que soñé con ellos, con Julieta y Romeo –Romeo y Julieta- viviendo en Camboya. Era una tarde de luces rojas, que dejaba en la boca un sabor a granada fresca; eran alrededor de las cuatro de la tarde en el extremo oriente. La más famosa pareja de todos los cuentos que nadie jamás nos contó, venía de dar un paseo alrededor de los jardines e iban comiendo semillas; yo era uno de los niños que no se podía distinguir de otros niños y sí, siento vergüenza de haberlos tenido delante y no atinar a decir otra cosa que no fuera <<one dollar, one dollar, one dollar>>.


Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...


Julieta y Romeo, Romeo y Julieta, Marianne y Leonard. Me gusta mucho el poder imaginarlos ahí, en la verdadera Camboya, sabes que me gusta y un montón. Que se van paseando ahí por en tu mente mientras todo va pasando, la cotidianidad, de estar mamá presente, de bañarse, de una mañana en casa, de los pendientes, de recoger el pedido, y que ellos siguen ahí "vivos, aún vivos" que te sorprenda tanto, que en realidad si afectara tanto, me gusta ese cuestionamiento de si es un milagro o una maldición su existencia, y en Camboya además. jajaja me encanta ese paréntesis aclarando el comentario racista, humor en la evidencia jaja... uy, ir convirtiéndose en el final... en eso que nadie ve después del "FIN" renovarse y al mismo tiempo engañarlos a todos :O y vuelves a esos detalles cotidianos. Me encantó el momento con la dependienta, y esas ganas de salir corriendo, de irse del mundo. Y luego con tu chica, exactamente cuentas esta historia como la vives, con sus interrupciones, con sus momentos efímeros pero significantes, como si fueran cosas que se quedaran para siempre en uno ya sabes, jaja así me gusta, así lo veo por la forma en la que describes cada una. y Julieta y Romeo se quedaron al final del día. me gusta que termine en un sueño. en tintes rojos. Rodeados de un ambiente exótico, siendo uno niño más alrededor de ellos. Siento parte de su historia también. :O :) me gusta mucho, siempre me gusta mucho, que lleves así con detalle a cada cosa y momento.

FloresFer.