miércoles, 24 de agosto de 2016

Íntimamente: Un dialogo entre Omar Alej y Omar Estrada.

“El animal muere en los límites de un país conocido
y allí los ojos se le abren: parece que esta nieve
-el silencio, más oscuro en los abetos- y el animal escucha
la significación de los árboles.”

Transfiguración. Pere Gimferrer.


Es un tipo amplio (lo que sea que eso signifique), de voz grave y negrura en la mirada. Desde que lo conozco tiene el gesto que se pone en ciertas personas cuando están desarmando algo. Suele ser franco, pareciera que primero recoge las palabras de algún orden y después me pregunta con honestidad. Yo soy breve (lo que sea que eso signifique), de ojos hundidos, y una gran parte del tiempo tengo un gesto de estar practicando en qué cosa convertirme; respondí desde un punto de vista honesto, lo que no quiere decir que lo haya sido.

-¿Vienes mucho a este lugar?

- sí, vengo con frecuencia desde hace cuatro años; estaba sentado en esta mesa cuando me avisaron que mi madre había muerto y no me moví hasta haber terminado mi filete. La historia ya la sabes, me gusta sentarme a ver desde esta mesa como las camareras tienen bromas entre ellas; si les pones atención, la que atiende al fondo se empieza a reír de algo con esta otra que está afuera. Además no hay pastillas antibióticas en la letrina, es como una forma de decir “bienvenido” o “pórtate bien” sin que te sientas amenazado.

-y pensar que conozco lugares en los que hay aromatizantes automáticos en las letrinas y a los que has ido muchas más veces; pero que igual no dirías eso.

-que no diría ¿qué cosa? A punto estoy de empezar a decir oraciones de esas que usan los sacerdotes, para los exorcismos…

-eso, que vas con frecuencia.

-es raro e imprudente que creas saber todo de mí.

-¿de qué te defiendes?

-bueno, esa no parece la pregunta apropiada y yo que pensé que sabias cosas; me defiendo de lo mismo que todos, algunas veces de la memoria y otras veces del olvido.

En ese momento la otra camarera, la de afuera, puso cara en nuestra mesa y nos sirvió un café americano y un expreso. Lo habitual entre nosotros es no hablar mientras comemos. Nos dejamos estudiarnos y es hasta el final, en la sobremesa, que alguno de los dos habla o dice algo: nunca son la misma cosa. Cuando vienen con los postres yo me acodo, para ver de cerca y él se abre abruptamente en su silla, para ausentarse; es un juego de novelas extranjeras en las que ambos tenemos pactada la sobriedad.

-¿por qué lo haces?

-que me sepas, que conozcas o que creas conocer, cada cosa que yo pienso, no te vuelve de pronto el guardián de los misterios ¿de qué hablas? dilo claro, me aburren esos aires de profundidad y de estar ya de vuelta de todas las cosas.

-¿por qué lo haces?

-pues no lo sé, para todo hay días. Exactamente ¿a qué te refieres?

-¿tienes corazón, todavía?

-cómo puedes preguntarme eso. En cada puto sitio en el que me siento lo hago porque mi corazón es más ardiente que cualquier otro que hayas visto. Si me siento en una estaca y la estaca me llega hasta el ojete del culo de mi corazón es porque mi corazón está sentado ahí, medio roto, masticado, agujereado, afilado, pestilente y amorfo; pero es mi corazón ¿sabes? no vuelvas a preguntarme eso.

-está bien, no te alteres. A veces me desconcierta ¿no te gustaría vivir de esta forma todos los días?

-¡claro! esta forma está muy bien ¿Qué has comido tú? ¿Era pulpo? Pues yo he comido unas patatas bravas, un milanesa y este pan de chocolate que es amargo y es dulce. Tienes razón. Sin embargo aunque no vea nada de malo en este momento, el resto de los días sí que son una mierda. Los de antes y los de después. El resto de los días son mi problema y no el día en el que estoy, si fueras una mujer te diría “nena, soy la serpiente de este día y serpenteo” después te enviaría de regreso a casa de tus padres, para que siguieras llorando por cualquier cosa, en efecto.

-¿me dirás, por qué lo haces?

-por lo mismo que todo el mundo; porque una vez que te dan un beso lo haces por los besos. Porque una vez que te dan el odio lo haces por el odio. Porque una vez que te dan el mundo lo haces por el mundo. Porque una vez que te dan amor, lo haces por el amor. Porque una vez que te da la luz lo haces por la luz. Incluso lo he hecho, para cambiar de tema; pero nunca lo he hecho con la fortuna. Yo no pinto cuadros que gente bonita cuelga en las paredes de su sala comedor. Tampoco mendigo exposiciones rastreras donde una pintura es un punto ciego que nadie se atreve a mirar y entonces, en cambio, pintan cartones de leche y no tetas de vacas.

-esa es tu cruzada, honestamente ¿piensas que no hay nadie más?

-si hubiera alguien más haciéndolo, sería yo. Del mismo modo en el que en este momento me cambiaría la vida por la de cualquier otro. Tener las cosas claras no es sinónimo de saber algo o nada o fe o indigencia.

-¿estas aturdido?

-lo extraño es que me preguntes sobre cosas que jamás entenderías ¿Cómo sería –para ti, estar aturdido?

-¿no crees que es evidente?

-no. No creo en las evidencias. Yo no espero que nadie haga una protesta en mi nombre, ni si fuera clavado en una antena de radio: muchas de esas emisiones de sangre resultaron muy provechosas. Todos estos años de hundimiento me han puesto sobre aviso y lo que se ha dicho de la historia es como si alguien quisiera que con la brisa te estremeciera el mismo miedo que te da una tormenta. Aunque claro que hay hombres delicados y astutos que pasan por eso cada día.

- ¿tú eres uno de ellos?

-de ellos y de los otros.  Estas cuentas no se pagan tomando partido por unos o por otros. Había un chico al que teníamos la costumbre de molestar todo el tiempo; una vez lo hice comer croquetas, para perros, a cambio de que después le dejaría comer pan con jamón y lo hizo. Cuando se habían ido todos, se me quedo mirando y me dijo “uno debe volverse un buen comedor de mierdas y digerir y digerir y digerir…

-tenía la impresión de que algo de integridad había en tu renuncia ¿no es así?

-es así y no lo es en absoluto. No es por una integridad social que se desmarca de mi propia y mísera naturaleza. Es porque me pegan más las mareas que las playas.

-suena lógico ¿es por eso que lo haces? ¿por la naturaleza?

-y por vivir, ni los mejores hombres están de acuerdo en cuál es el motivo de esta seria tontería a la que llamamos humanidad. Si ahora mismo tuviera una pistola, no te pegaría de tiros a ti, por ejemplo. Me pondría una bala en la sien justo aquí, frente tuyo y entre toda esta gente amable que come sus platillos como si hubiesen tenido de comer cada vez que tuvieron hambre. Por eso lucen tan tristes, tan apagados: muñecos que se van quedando sin cuerda. Es como si la vida les diera siempre de algo que probar o degustar o confortarse y sin embargo nunca nada, para ellos.

-¿Qué es tuyo?

-este humo, es mío; pero es humo. El papel de los dioses es el de ponernos, el nuestro es el de acomodarnos. Nadie me debe nada y sé que no le debo a nadie. Y si fuera de otra manera no sería más que la escoria de un resultado que está en otra parte, justo ahora en otro tiempo y de otro idiota.

-bien, ahora dime entonces ¿Por qué lo haces?

-siempre te he imaginado como un fuego suave; una llama que es como hormigas subiendo a través de un carrito del supermercado; pero no eres así: eres un mierda especulando... lo hago porque hay respuestas idiotas y algunas preguntas que no lo son tanto. Debe ser que adquirí el hábito de vivir en un hábitat maldito, por suerte. Debo joder, no es que lo piense mucho es que debo hacerlo. Inventarme algún delirio viene después de sentir que toco el cielo cuando el agua corre en el lavabo, llevándose por un instante la tierra que vuelve después, para estar más encostrada. Me diagnosticas como a todos esos imbéciles que creen en un modelo ciudadano insensible y suave como un burro de felpa. Lo hago, porque de un modo u otro no hay una manera escrita y encima me gustan los momentos primeros que siguen a un desastre: disfruto esa calma. Si no la hubiera dejado o si no la dejo ahora ¿qué sigue? ¿Qué es eso tan lindo que podría venirme? ¿Está mal descuartizarla solo porque esta mal? A mí no me atormenta.

-¿tú no especulas?

-ahora lo hago; pero antes no lo hacía.

-¿eso qué quiere decir?

-quiere decir que primero decidí que no me importaba.

No me di por enterado de que él ya había pedido la cuenta. Lo hace cada tanto, al instante en que empiezo a levantar la voz, queriendo que los que estén por ahí me miren y se asusten.

-y ¿Qué harás después?

-después no lo sé; pero ahora tengo la tarima, el micrófono y las luces. Sé que soy un actor secundario, no el maldito Brando; pero puedo fingir -mejor que cualquiera, saber algo.

-Vale; pero di la verdad. No te hagas el loco ¿qué necesitas?

-lo de siempre: un televisor, baterías, mi disco de Chuck y algunas cervezas.

-¿Volverás a beber?

-de otro modo ¿Cómo podría encontrar el camino a casa?
Omar Ale.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ese álter ego de Omar Alej que tal vez sea la parte consciente de hasta donde llega el acto, la que decide en que momento el juego comienza o acaba, ¿dejar de ser rockstar?, eso si no lo creo pero en este dialogo he aprendido la manera tan diferente que hay de un individuo acerca de la vida.

Carlito