jueves, 25 de agosto de 2016

Es lo que me quedó de ser hombre y mujer.

“Al borde del cielo zumban, en la línea
del horizonte rojo saqueado por el sol,
la osamenta de la noche en llamas.”

Cosecha. Pere Gimferrer.


Me despierto cayéndome de la cama,
arrastro conmigo solamente la funda que envuelve el colchón.

Tengo asco, dolor y temblores,
es un día cualquiera,
entre todos los días que he vivido
o que toca vivir;

Pero no lo recuerdo,
la última vez que me vi
fue contra el vidrio de la ventana de al lado.
Le estuve tocando al vecino,
para pedirle un consejo
¿adopto a ese gato o mejor compro un arma?

Nunca le digas a nadie
que te va mejor estando solo
o díselo y vete; pero recuerda
que nadie debajo del puente
tiene una coartada.

Te miraran como si de tu boca
hubiera salido gas toxico
y puede que lo sea, la soledad.
Puede ser que por eso te guste perder,
se sabe que la derrota hace todo el trabajo
de limpia.

Estoy buscando algo
en que meter mis pies,
para salir a buscar
lo que le falta a mi cama;
pero todos mis zapatos
parecen partidos por la mitad,
solamente hay uno de cada par:
así se inventó el collage.

He dado con la almohada,
está mojada
y mantiene abierta la puerta
del refrigerador.
Las tenazas para la carne
están colgando en uno de los muros
y no se van mal; quizá es lo moderno:
Cholula, Puebla 2016.

A medio paso del pomo de la puerta del baño
escucho ruidos afuera,
me asusto y reveo en mis manos;
tengo manchas de aceite
y cuatro números escritos en rojo.

Voy a vomitar
(si estas asustado
nunca pienses en lo que dejaste
en el tupperware)
esa lonja de queso gruyer
se descompone en el sol
y es como si las hormigas
estuvieran enfadadas conmigo.

Lo más sensato
seria llamar a Jimmy McNulty,
para que ayude a encontrar
el cadáver oculto;
porque alguien debió de haber muerto
si se amanece en el fondo
de una colilla de cigarro
pisoteada por un desfile de policías.

Encontré una receta
“jugo verde en ayunas
menos los días de cenar fuerte”
¿qué demonios pasó
con la cortina del baño?

Tirada en el piso se quemó la cobija
y la sabana tiene un infecto olor a cerezas.

No me lo puedo creer;
si no enciendo la radio
es porque algo me dice
que de las bocinas
van a salir familiares,

Mi chaqueta me aguarda
sobre el tanque de gas,
me abrigo con ella.
En el bolsillo me queda una nota,
dice que han sido días increíbles,
que he estado genial cantando boleros
y que ya no quedan amantes buenos:
como yo.

Ni siquiera me esfuerzo en leer el nombre que firma;
recuerdo nombres de mujeres y hombres,
es lo que quiero olvidar cada día.

Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tal vez los días de resaca no sean tan malos y solo sea la reflexión de lo que has dejado atrás, lo que realmente eres sin pretensiones y sin ganas de serlas realmente, cuando te das cuenta que el refrigerador no solo es para guardar cervezas y la botana para levantarte el culo con la morra de visita.

Carlito