martes, 23 de agosto de 2016

Confusa, la ciudad verdadera.

“Se proyectan diapositivas con mi historia
entre el pesado olor del cloroformo
Bajo la niebla del quirófano extrañas aves de colores anidan”

Elegía. Pere Gimferrer.


<<Si no dicen nada pronto.
Si nadie señala el paradero de mi cuervo
me echaré a reír tan fuerte -¡fuerte!-;
haciendo que vuelvan a escuchar
los gritos de dolor que cada uno
haya inventado,
para quien más daño les ha hecho>>.

Eso dice el loco de los cuervos
y después merienda su sombrero,
se bebe en tragos cortos su corbata,
ilustra un mapamundi en sus zapatos
o se dispone con las nalgas descubiertas
a parir una tarde tan caliente
como el desierto de Danakil, según él
que es de Morelia.

Yo no soy
de los que admiran su enajenación,
poniendo pintas en un muro
con supuesta acción poética.
Yo no soy
de los que juzgan su ceguera,
cabildeando por un lugar
donde supuestamente estará a salvo.

No soy nada;
pero entiendo que hay algunos  
a los que todo eso,
que se dice o que se hace
por el loco de los cuervos,
les parece cualquier cosa.

En un sitio como este…

Los que miran atrás
son los que están saliendo de sus tumbas;
los únicos que quedan
son aquellos que llegaron.

Los gigantes que hacen los coros
celestiales del repudio, llevan gansos
atados por el cuello con alambre telefónico
(les da un tipo de postal bolivariana).
Mis vecinos de cabellos rubios
samplean sus voces a través
de los valles de gel que se rompen
entre el aluminio y su nariz.

El trapecio en el poema
vuelve libre
y la acróbata de turno es Meredith
¿quién es quién?

En un sitio como este…

Solamente lo confuso
crea algo.

Omar Alej. 

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