miércoles, 31 de agosto de 2016

Para mis sueños, soy muy pequeño.

“Yo lo intenté -soy el mismo- resultó lo mismo.
Quería que mis sentidos enloquecieran.
El relámpago no era más que una luz ordinaria.
¿Acaso nada podrá mantenerte aquí, mi amor, mi amor?”

Por qué la experiencia no es la maestra de nada. Leonard Cohen.



A veces maldigo y no es literatura;
no siempre la rabia es un óleo del fuego que arde en el sol.
A ciertas horas verdaderamente duele
porque es realmente alto
el sonido de la voz que niega horas de dormir
y hunde lunas en montones de concreto
sin propietarios.

Desde siempre he sido muy pequeño,
diminuto en perspectiva. Sé que el mundo, si pasara
como sueño, no tendría mis submarinos
atracados en la costa.  
Y a menudo iré detrás,
temiendo que hay algo tan grande por decir
y no debiera pronunciarse por quien tiene
tan variante ortografía.

Mis oídos escucharon
y me puso triste que una chica preguntara
si habríamos de ir a la gran fiesta;
yo me he visto preguntando
si iremos a la vida, alguna vez.

Bajo esta sobriedad
de litros y más litros de pintura
en destinos que provocan a la gente,
algo así como un delirio
me parece que me quieran;
que alguien mire y se acerque
atravesando la neblina
y no le importen las estrellas
relumbrando en los ojos de las bestias,
jugándose las manos y los pies por alcanzarme
(Ante eso mírame y dime –yo, lo que sería).

Sueño que tripulo un barco y se hace tren,
usa la denzura y la mecánica,
se copia del río haciéndose del mar.
Sueño que el otoño
es un niño solo sin memoria,
encontrado por la primavera;
que la sigue.
Sueño que hay pecado y obra
en ti y en mí, que somos uno.

Sueño
y no son sueños de licuadas realidades.
Es un orden de ventanas a ventanas a ventanas a ventanas
que termina en el olor de una mañana
en la que por primera vez te apareces…
en un bloque de burbujas
que protege el fuerte de los hombres de hojalata…
hay un batallón de mujeres al desnudo
bailando sobre una moneda que gira en el aire.

Cada uno de esos actos luce enorme y manifiesto,
me siento tan pequeño que desisto de la acción
y quemo cada una de las hojas
donde estoy al borde de escribir algo más grande
que el sonido de la estática del miedo…

No, mi angustia,
no es literatura;
es esos sueños que se levantan
y andan sin mí.

Omar Alej.

martes, 30 de agosto de 2016

De Ciudad Obregón.

“¡ay! Obregón ciudad de valentía,
el indio yaqui jamás se ha de rajar
por ser el hijo preferido de sonora
ese venado estampado en la ciudad”

A mi sonora. Valentín Elizalde.


Creo recordar que salí de Obregón,
no siempre es seguro que yo este por aquí.
Aquel día se me pierde dentro de una ventisca;
pero a veces sobrevuelo,
se me seca la boca
y recuerdo como me inflaba de vida
una tortilla de harina.

También suelo ver la plazuela
de la colonia constitución;
niños en flaco moreno
estamos jugando a ser otros  
mientras jugamos béisbol.

Me volvía todo oídos en el acento plateado
de aquellas voces valientes.
Se hace con mezcla de trigo,
de ríos y de valles;
del norte del sur
y del sur del norte.

No es de nostalgia
que busque, entre palabras, trincheras
para contar alacranes.
Aquel olor a carnes ardiendo
sobre los carbones;
en días como hoy
es el rastro que sigo…

Es tradición clandestina
mi pasión por los mares dormidos
a través del desierto,
las islas después
de aquel gran punto dorado.

Hay una paz de recuerdo,
mirando mezquites a través del camino:

En la insolación fui venado
y danzaba y llovía.
En la dimensión de la noche
vi que a la luna la guardan lagunas de bacanora
y la alimentan los lobos con cascos de balas.

Allá en Obregón
se hizo el aire,
la comida, el amigo,
los mandados, la calor,
el trabajo, la asfixia,
el dolor, la esperanza,
la orfandad, la familia,
los malos, los buenos,
el perro bravo, la rabia,
el limón real, las calles, la alberca.

El mundo, el terror,
la amenaza, la locura y la ira  
vinieron después;
pero resistí. Igual era yo,
la noble alegría del indio Yaqui
venía de Obregón.

Omar Alej.

lunes, 29 de agosto de 2016

Vuelo prisionero.


“Nadie está más esclavizado que aquellos que falsamente creen que son libres.”
Johann Wolfgang von Goethe.


Puede ser que ahora esté bajo,
que se haya masticado demasiado papel
o que en la lejana mañana
de un día de año nuevo
me rompiera por dentro;
pero aquí pasa algo,
un único escape de cualquier manera.

Hay dos,
Max y Lucio,
que se quedan parados
junto a la puerta;
o recién han llegado
o están a punto de irse.

Luca y Violeta
tienen un nene
al cuidado de la madre de ella.
Nunca estuvieron orgulloso
de haber hecho nada
<<Son tan solo simplezas>>
responde él
mientras alguien sonríe
mostrando sus cartas.

Queda un perico
de pálidas plumas,
un hervor viejo
de compresas…

Yo soy el foco apagado
junto a la ventana
que espía lo de afuera;
miro a esa chica
en la cabina telefónica
y su historia -la que invento
para hacerme compañía,
es un parte de esperanzas.
Digo no,
vuelvo a remover en las colillas,
a pedir el cubo y los dados,
a dejarme sin botones la camisa…

No soy libre,  
nadie aquí
te perdonaría tener la sensación
de tener algo importante entre manos.

Si de pronto todos callan,
porque pasa el dulce y gótico momento
en el cual bebemos juntos y a la vez,
se escucha un cable en la radio:

<<Viaja feliz,
vas a donde amas>>
pero suena igual a la voz
en panfletos de turismo.

Vuelve el ruido sordo
de un olvido y un recuerdo,
abre un espejo muy grande
al fondo del salón.
En su reflejo se observa
la candidez de estos rostros
marcados por años,
infestos de sombras,
testigos de engaños
y decomisos:

Ahora inmunes
al encanto en el arte
de las cascabeles.

Omar Alej.

viernes, 26 de agosto de 2016

(Esto es un poema)

“Fuego en los campos amarillos:
en cuerpos mucho tiempo unidos
la claridad grabó una espada.”

Acto. Pere Gimferrer.


Definitivamente,
quiero estar contigo
(Esto es un poema).
Ya no me importa
si por la mañana
te habrás escapado
en un tranvía,
en un crucero
o en una expedición extranjera;
buscando los restos
de una raza futura
sin nociones de ayer.

No se desgasta
la madera en cruz;
si duermes, el cristo
se besa con él
y en un solo dios
es la suma de ella
(Esto es un poema).

Colecto el encuentro,
es este un rayo,
y en mi mano cerrada
es un pico.
Definitivamente,
quiero estar contigo:
te necesito,
para ver al carbón
hacer verbo
y al verbo
hacer carne
(Esto es un poema).

De ti estoy perplejo,
arrullado en trapecios
de la marea alta
y no es por la ilusa manera
en que celebro las lluvias;
aún si deforma,
no es por la pena animal
con la que mis besos se asustan
(Esto es un poema).

Algunos rostros
encarnan el sueño
¿De cuantos se dice que son libertad?
Otros somos mascaras;
pero el tuyo jamás será tiempo.
Confío en que el amor
es un toque de queda
(Esto es un poema).

Definitivamente,
quiero estar contigo.
Me busco en tu historia
(Esto es un poema).
Siento salvarla,
la fuerza en color
de la transparencia:
insumisa ante los poderes,
sin significar la violencia.

Porque primero eres tú,
porque primero eres tú,
porque primero eres tú
y lo afirmare tres veces,
untando luna en tu piel
y la sangre del gallo
(Esto es un poema).

La sombra del ángel
anidada en tus manos,
ha ido a pisar
las notas del piano
y afina el arroyo
con los entresijos del viento
(Esto es un poema).

Cierro los ojos y veo.
Abro los ojos y veo.
No toco y veo.
Vaga mecánica,
me hurgan y veo.
Estas hecha día
porque puede verse
mi vista, mi mente,
consuelo y ternura
(Esto es un poema).

Definitivamente,
quiero estar contigo.
Mi asedio es con brisa,
con altos lugares
más allá de la cima
del cielo
(Esto es un poema).

Vestida de selva,
lisérgica voz
entre tintas negras;
nosotros, de antes,
-¡Poesía!-
nunca podremos
volver a invertir
quien soy tú
de quien eres yo
(Esto es un poema).

Omar Alej.

jueves, 25 de agosto de 2016

Es lo que me quedó de ser hombre y mujer.

“Al borde del cielo zumban, en la línea
del horizonte rojo saqueado por el sol,
la osamenta de la noche en llamas.”

Cosecha. Pere Gimferrer.


Me despierto cayéndome de la cama,
arrastro conmigo solamente la funda que envuelve el colchón.

Tengo asco, dolor y temblores,
es un día cualquiera,
entre todos los días que he vivido
o que toca vivir;

Pero no lo recuerdo,
la última vez que me vi
fue contra el vidrio de la ventana de al lado.
Le estuve tocando al vecino,
para pedirle un consejo
¿adopto a ese gato o mejor compro un arma?

Nunca le digas a nadie
que te va mejor estando solo
o díselo y vete; pero recuerda
que nadie debajo del puente
tiene una coartada.

Te miraran como si de tu boca
hubiera salido gas toxico
y puede que lo sea, la soledad.
Puede ser que por eso te guste perder,
se sabe que la derrota hace todo el trabajo
de limpia.

Estoy buscando algo
en que meter mis pies,
para salir a buscar
lo que le falta a mi cama;
pero todos mis zapatos
parecen partidos por la mitad,
solamente hay uno de cada par:
así se inventó el collage.

He dado con la almohada,
está mojada
y mantiene abierta la puerta
del refrigerador.
Las tenazas para la carne
están colgando en uno de los muros
y no se van mal; quizá es lo moderno:
Cholula, Puebla 2016.

A medio paso del pomo de la puerta del baño
escucho ruidos afuera,
me asusto y reveo en mis manos;
tengo manchas de aceite
y cuatro números escritos en rojo.

Voy a vomitar
(si estas asustado
nunca pienses en lo que dejaste
en el tupperware)
esa lonja de queso gruyer
se descompone en el sol
y es como si las hormigas
estuvieran enfadadas conmigo.

Lo más sensato
seria llamar a Jimmy McNulty,
para que ayude a encontrar
el cadáver oculto;
porque alguien debió de haber muerto
si se amanece en el fondo
de una colilla de cigarro
pisoteada por un desfile de policías.

Encontré una receta
“jugo verde en ayunas
menos los días de cenar fuerte”
¿qué demonios pasó
con la cortina del baño?

Tirada en el piso se quemó la cobija
y la sabana tiene un infecto olor a cerezas.

No me lo puedo creer;
si no enciendo la radio
es porque algo me dice
que de las bocinas
van a salir familiares,

Mi chaqueta me aguarda
sobre el tanque de gas,
me abrigo con ella.
En el bolsillo me queda una nota,
dice que han sido días increíbles,
que he estado genial cantando boleros
y que ya no quedan amantes buenos:
como yo.

Ni siquiera me esfuerzo en leer el nombre que firma;
recuerdo nombres de mujeres y hombres,
es lo que quiero olvidar cada día.

Omar Alej.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Íntimamente: Un dialogo entre Omar Alej y Omar Estrada.

“El animal muere en los límites de un país conocido
y allí los ojos se le abren: parece que esta nieve
-el silencio, más oscuro en los abetos- y el animal escucha
la significación de los árboles.”

Transfiguración. Pere Gimferrer.


Es un tipo amplio (lo que sea que eso signifique), de voz grave y negrura en la mirada. Desde que lo conozco tiene el gesto que se pone en ciertas personas cuando están desarmando algo. Suele ser franco, pareciera que primero recoge las palabras de algún orden y después me pregunta con honestidad. Yo soy breve (lo que sea que eso signifique), de ojos hundidos, y una gran parte del tiempo tengo un gesto de estar practicando en qué cosa convertirme; respondí desde un punto de vista honesto, lo que no quiere decir que lo haya sido.

-¿Vienes mucho a este lugar?

- sí, vengo con frecuencia desde hace cuatro años; estaba sentado en esta mesa cuando me avisaron que mi madre había muerto y no me moví hasta haber terminado mi filete. La historia ya la sabes, me gusta sentarme a ver desde esta mesa como las camareras tienen bromas entre ellas; si les pones atención, la que atiende al fondo se empieza a reír de algo con esta otra que está afuera. Además no hay pastillas antibióticas en la letrina, es como una forma de decir “bienvenido” o “pórtate bien” sin que te sientas amenazado.

-y pensar que conozco lugares en los que hay aromatizantes automáticos en las letrinas y a los que has ido muchas más veces; pero que igual no dirías eso.

-que no diría ¿qué cosa? A punto estoy de empezar a decir oraciones de esas que usan los sacerdotes, para los exorcismos…

-eso, que vas con frecuencia.

-es raro e imprudente que creas saber todo de mí.

-¿de qué te defiendes?

-bueno, esa no parece la pregunta apropiada y yo que pensé que sabias cosas; me defiendo de lo mismo que todos, algunas veces de la memoria y otras veces del olvido.

En ese momento la otra camarera, la de afuera, puso cara en nuestra mesa y nos sirvió un café americano y un expreso. Lo habitual entre nosotros es no hablar mientras comemos. Nos dejamos estudiarnos y es hasta el final, en la sobremesa, que alguno de los dos habla o dice algo: nunca son la misma cosa. Cuando vienen con los postres yo me acodo, para ver de cerca y él se abre abruptamente en su silla, para ausentarse; es un juego de novelas extranjeras en las que ambos tenemos pactada la sobriedad.

-¿por qué lo haces?

-que me sepas, que conozcas o que creas conocer, cada cosa que yo pienso, no te vuelve de pronto el guardián de los misterios ¿de qué hablas? dilo claro, me aburren esos aires de profundidad y de estar ya de vuelta de todas las cosas.

-¿por qué lo haces?

-pues no lo sé, para todo hay días. Exactamente ¿a qué te refieres?

-¿tienes corazón, todavía?

-cómo puedes preguntarme eso. En cada puto sitio en el que me siento lo hago porque mi corazón es más ardiente que cualquier otro que hayas visto. Si me siento en una estaca y la estaca me llega hasta el ojete del culo de mi corazón es porque mi corazón está sentado ahí, medio roto, masticado, agujereado, afilado, pestilente y amorfo; pero es mi corazón ¿sabes? no vuelvas a preguntarme eso.

-está bien, no te alteres. A veces me desconcierta ¿no te gustaría vivir de esta forma todos los días?

-¡claro! esta forma está muy bien ¿Qué has comido tú? ¿Era pulpo? Pues yo he comido unas patatas bravas, un milanesa y este pan de chocolate que es amargo y es dulce. Tienes razón. Sin embargo aunque no vea nada de malo en este momento, el resto de los días sí que son una mierda. Los de antes y los de después. El resto de los días son mi problema y no el día en el que estoy, si fueras una mujer te diría “nena, soy la serpiente de este día y serpenteo” después te enviaría de regreso a casa de tus padres, para que siguieras llorando por cualquier cosa, en efecto.

-¿me dirás, por qué lo haces?

-por lo mismo que todo el mundo; porque una vez que te dan un beso lo haces por los besos. Porque una vez que te dan el odio lo haces por el odio. Porque una vez que te dan el mundo lo haces por el mundo. Porque una vez que te dan amor, lo haces por el amor. Porque una vez que te da la luz lo haces por la luz. Incluso lo he hecho, para cambiar de tema; pero nunca lo he hecho con la fortuna. Yo no pinto cuadros que gente bonita cuelga en las paredes de su sala comedor. Tampoco mendigo exposiciones rastreras donde una pintura es un punto ciego que nadie se atreve a mirar y entonces, en cambio, pintan cartones de leche y no tetas de vacas.

-esa es tu cruzada, honestamente ¿piensas que no hay nadie más?

-si hubiera alguien más haciéndolo, sería yo. Del mismo modo en el que en este momento me cambiaría la vida por la de cualquier otro. Tener las cosas claras no es sinónimo de saber algo o nada o fe o indigencia.

-¿estas aturdido?

-lo extraño es que me preguntes sobre cosas que jamás entenderías ¿Cómo sería –para ti, estar aturdido?

-¿no crees que es evidente?

-no. No creo en las evidencias. Yo no espero que nadie haga una protesta en mi nombre, ni si fuera clavado en una antena de radio: muchas de esas emisiones de sangre resultaron muy provechosas. Todos estos años de hundimiento me han puesto sobre aviso y lo que se ha dicho de la historia es como si alguien quisiera que con la brisa te estremeciera el mismo miedo que te da una tormenta. Aunque claro que hay hombres delicados y astutos que pasan por eso cada día.

- ¿tú eres uno de ellos?

-de ellos y de los otros.  Estas cuentas no se pagan tomando partido por unos o por otros. Había un chico al que teníamos la costumbre de molestar todo el tiempo; una vez lo hice comer croquetas, para perros, a cambio de que después le dejaría comer pan con jamón y lo hizo. Cuando se habían ido todos, se me quedo mirando y me dijo “uno debe volverse un buen comedor de mierdas y digerir y digerir y digerir…

-tenía la impresión de que algo de integridad había en tu renuncia ¿no es así?

-es así y no lo es en absoluto. No es por una integridad social que se desmarca de mi propia y mísera naturaleza. Es porque me pegan más las mareas que las playas.

-suena lógico ¿es por eso que lo haces? ¿por la naturaleza?

-y por vivir, ni los mejores hombres están de acuerdo en cuál es el motivo de esta seria tontería a la que llamamos humanidad. Si ahora mismo tuviera una pistola, no te pegaría de tiros a ti, por ejemplo. Me pondría una bala en la sien justo aquí, frente tuyo y entre toda esta gente amable que come sus platillos como si hubiesen tenido de comer cada vez que tuvieron hambre. Por eso lucen tan tristes, tan apagados: muñecos que se van quedando sin cuerda. Es como si la vida les diera siempre de algo que probar o degustar o confortarse y sin embargo nunca nada, para ellos.

-¿Qué es tuyo?

-este humo, es mío; pero es humo. El papel de los dioses es el de ponernos, el nuestro es el de acomodarnos. Nadie me debe nada y sé que no le debo a nadie. Y si fuera de otra manera no sería más que la escoria de un resultado que está en otra parte, justo ahora en otro tiempo y de otro idiota.

-bien, ahora dime entonces ¿Por qué lo haces?

-siempre te he imaginado como un fuego suave; una llama que es como hormigas subiendo a través de un carrito del supermercado; pero no eres así: eres un mierda especulando... lo hago porque hay respuestas idiotas y algunas preguntas que no lo son tanto. Debe ser que adquirí el hábito de vivir en un hábitat maldito, por suerte. Debo joder, no es que lo piense mucho es que debo hacerlo. Inventarme algún delirio viene después de sentir que toco el cielo cuando el agua corre en el lavabo, llevándose por un instante la tierra que vuelve después, para estar más encostrada. Me diagnosticas como a todos esos imbéciles que creen en un modelo ciudadano insensible y suave como un burro de felpa. Lo hago, porque de un modo u otro no hay una manera escrita y encima me gustan los momentos primeros que siguen a un desastre: disfruto esa calma. Si no la hubiera dejado o si no la dejo ahora ¿qué sigue? ¿Qué es eso tan lindo que podría venirme? ¿Está mal descuartizarla solo porque esta mal? A mí no me atormenta.

-¿tú no especulas?

-ahora lo hago; pero antes no lo hacía.

-¿eso qué quiere decir?

-quiere decir que primero decidí que no me importaba.

No me di por enterado de que él ya había pedido la cuenta. Lo hace cada tanto, al instante en que empiezo a levantar la voz, queriendo que los que estén por ahí me miren y se asusten.

-y ¿Qué harás después?

-después no lo sé; pero ahora tengo la tarima, el micrófono y las luces. Sé que soy un actor secundario, no el maldito Brando; pero puedo fingir -mejor que cualquiera, saber algo.

-Vale; pero di la verdad. No te hagas el loco ¿qué necesitas?

-lo de siempre: un televisor, baterías, mi disco de Chuck y algunas cervezas.

-¿Volverás a beber?

-de otro modo ¿Cómo podría encontrar el camino a casa?
Omar Ale.

martes, 23 de agosto de 2016

Confusa, la ciudad verdadera.

“Se proyectan diapositivas con mi historia
entre el pesado olor del cloroformo
Bajo la niebla del quirófano extrañas aves de colores anidan”

Elegía. Pere Gimferrer.


<<Si no dicen nada pronto.
Si nadie señala el paradero de mi cuervo
me echaré a reír tan fuerte -¡fuerte!-;
haciendo que vuelvan a escuchar
los gritos de dolor que cada uno
haya inventado,
para quien más daño les ha hecho>>.

Eso dice el loco de los cuervos
y después merienda su sombrero,
se bebe en tragos cortos su corbata,
ilustra un mapamundi en sus zapatos
o se dispone con las nalgas descubiertas
a parir una tarde tan caliente
como el desierto de Danakil, según él
que es de Morelia.

Yo no soy
de los que admiran su enajenación,
poniendo pintas en un muro
con supuesta acción poética.
Yo no soy
de los que juzgan su ceguera,
cabildeando por un lugar
donde supuestamente estará a salvo.

No soy nada;
pero entiendo que hay algunos  
a los que todo eso,
que se dice o que se hace
por el loco de los cuervos,
les parece cualquier cosa.

En un sitio como este…

Los que miran atrás
son los que están saliendo de sus tumbas;
los únicos que quedan
son aquellos que llegaron.

Los gigantes que hacen los coros
celestiales del repudio, llevan gansos
atados por el cuello con alambre telefónico
(les da un tipo de postal bolivariana).
Mis vecinos de cabellos rubios
samplean sus voces a través
de los valles de gel que se rompen
entre el aluminio y su nariz.

El trapecio en el poema
vuelve libre
y la acróbata de turno es Meredith
¿quién es quién?

En un sitio como este…

Solamente lo confuso
crea algo.

Omar Alej. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Mis propias erecciones.

“    Y la muerte
                                          nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Con careta antigás daba un beso a los niños”


Canción para Billie Holiday. Pere Gimferrer.  


Apenas el sol del lunes me da en la cara
estoy deseando se haga de noche.

Salgo temprano,
para poder ir despacio de camino al trabajo
y tres calles después me encuentro con un conocido;
cierto hombre de aspecto vivo,
con poco menos de cuarenta años,
que tiene un taller donde repara Volkswagen´s.

Quiero evitarlo
así que simplemente levanto la mano
y no le digo más;
pero me llama a su sitio,
me pide que le ayude a bajar un gris estuche grande
donde se guardan cañas de pescar;
este fin de semana -según me cuenta,
ha ido con familiares y amigos
a un lugar de pesca deportiva
en medio de un bosque.

<<También nadamos,
hicimos tirolesa y escalamos.
Todos estuvieron encantados,
pescamos peces enormes:
mojarras y truchas y dorados.
Después los asamos y comimos
ahí mismo, al pie del río>>

Lo iba diciendo,
mientras ponía en mis manos más cosas,
para bajar de su camioneta;
tenía un aire altivo
como si sintiera que era superior
a todos nosotros, para los que solo había sido
un fin de semana cualquiera,
encostrado en la rutina y el encierro.

<<¡Oh, eso está muy bien!
¡Qué maravilla!
¡Claro, claro; es lo que vale la pena!>>
Ese tipo de impresiones perezosas,
es lo que yo iba dejando;
según me contaba cómo habían superado 
el ataque de los moscos
o sus habilidades, para montar un campamento.

Él tenía razón.
Yo no era más que un paria
sumido en un sillón cada viernes hasta el lunes,
que intercambiaba posiciones
según fuera necesario abrir una cerveza
levantarme a orinar
o dormirme nuevamente…

Yo había estado detenido
por faltas a la moral y por desordenes
en plenas vías públicas
y una vez que no recuerdo, unos cuantos del sur trece
me habían abierto la cabeza a pedradas.
Tenía sueños donde atravesaba
el fin del mundo en un tren
que nos llevaba bajo tierra;
pero ni siquiera este domingo
-en el que había intentado
ir a desayunar y no pude resistir
sin desplomarme
las caras sonrientes de la gente,
me servía como excusa.

Siempre una parte envenenada
de los días se agitaba
y me había ido convirtiendo
en los sucios calzoncillos
de un motivo apagado:
en la cuchara al revés
con la que un borracho toma sopa.

Yo no era el hombre
hermoso en el que me iba a convertir 
al renunciar a todo;
tenia los ojos rojos
la torpeza, la indiferencia,
las insignificancias, el temor
y no, en mi todo aquello
no era hermoso.

Sin embargo me gustaba
no parecerme en aquel hombre;
me gusta no tomar parte de un cuento
sin detective acabado,
sin prostituta roída, en apuros.

Tenía sueño
y no hubiera querido permanecer ante la luz.
Mi piel sudaba
como un cartón humedecido
y aquel don mister winner
se pasaba por la cara las muñecas
desprendiendo un olor a fruta fresca
que me hacía recordar cosas como la pena capital
o los centros de rehabilitación.

<<La próxima vez
tienes que invitarme>>
Le dije.
Y con los pies entumecidos
empecé a caminar,
solo un mísero foco
de mi luz interior
permanecía encendido
¡solo un mísero foco!

Tengo las líneas de un poema
que usa a las aves como escudo
porque dice que las flechas
de los ángeles solo dan al elegido;
eso nunca fue mucho
y nunca me sirvió para vencer.
Nunca hizo que nadie me mirara
como a un temible hijo de puta
que sabía todo sobre todo.

Sin embargo
cuando un brote de mi alma
se ve frente a mi reflejo
-por más jodida que se vea-
digo,
<<Bien, pequeño tonto.
Así es como se debe sentir
tener una parte de dios en nosotros
queriendo irse, despreciándonos>>.

Omar Alej.

viernes, 19 de agosto de 2016

Hey guapa, te quiero; pero no soy un poeta.

<<Comunicar es una palabra abusada,
como amor>> Le dije”

Azul no. Charles Bukowski.


No puedo escribir
porque los escritores son fosas
llenas de bultos
con pensamientos en tiza
y lo que yo puedo hacer es contar
dos o tres o cuatro o cinco o seis…

Tengo mis manos atadas
por una emoción que hace chispas
como si fuera un cable pelado
apenas raspando la superficie del agua;
lo que se oculta debajo
solo fuma cigarros y no sabe qué
con el cielo ni con las nubes.

Además hay una voz
con media docena de frases
que me amenaza de nada,
posiblemente sea dios.

Yo nunca fui verdadero,
eso está bien si lo que quieres hacer
es solamente sentarte a mirar
en televisión las noticias;
pero eso no lo saben
los que vienen de afuera
y esperan de mí que les haga
lo que ellos hacían a los que estaban adentro.

Yo nunca he sido un rebelde,
no tengo más distinción
que mi cocimiento en engaños.
Vienen aquí y me putean,
yo solo digo que sí;
me adelanto a los hechos
y además, nunca supe.
¿Qué cosa era indiferencia?
¿Qué cosa era pasión?

Hace tiempo (algún tiempo)
podía decir que sabía
que para escribir es necesario
tener un alma -más o menos honrosa,
que poder ensuciar contra la tinta vil
de una noche cualquiera.
En la que bebes detrás,
junto a la letrina más sucia de un infierno
moderno: Guadalajara, Jalisco. 1996.

Ahora ya no lo sé,
es solo una de tantas aficiones
que no podía perseguir
porque prefería atarme
a los barandales de las escaleras
con medias imaginarias
de mujeres bastante reales
que aún llevan las axilas sin afeitar
en el nombre de un hombre al cual proteger.

Se los aseguro
que si no hubiese sol
una forma de vida
sin necesidad de la energía solar
estaría por ahí.

En la vida cabe la muerte.
En la vida cabe cada puta lata de sopa campbell´s
y eso no significa
que deba abrazarme con cada integrante
de los comandos armados de ilusiones.

Yo no soy un poeta,
no tengo absolutamente nada que decir;
pero -¡hey guapa!-
si no viviéramos siempre diciendo
que hay un sitio mejor por hacerse,
yo podría contarte lo bonita que es una rata,
un sátiro, una herida, un incendio
y los gritos de dolor.

Omar Alej.

jueves, 18 de agosto de 2016

*Cierto capitulo de Lorenzo.


Octubre 12 2016.


Picture By; StregaNera.

Hola diario ¿Cómo te va, fanfarrón? Te leo y me pregunto si quisieras que te tire al mar o a donde haya pirañas ¿Sabes? He pensado que voy a ponerte un nombre. Un amigo –más o menos – imaginario que yo tenga debería de llamarse Broca o Clavo o Pistón, todas figuras fálicas ¿lo has notado? Debe ser que hoy llega hasta mí el inicio de la semana anterior. A estas alturas tú ya sabes que Ella es muy benevolente con su naturaleza y que tiene un compromiso carnal con lo que llama su espíritu. Tal vez nunca lo dije de este modo; pero tiene una opinión ambigua sobre los placeres y eso hace a su vez que sean muy potables sus barajas y después las cartas que se juegan. Te digo todo esto como una introducción a la visita que recibimos por parte de Paula, una amiga de Ella que vive en Francia y que conoció hace algún tiempo; mediante un amigo español del que me dice que era un tremendo marino, para navegar en absenta y después bucear entre tiburones blancos. Yo digo que esas cosas las inventa; pero, en fin. Al menos a este –asegura, nunca lo vio sin la mitad de su ropa.

Hoy es miércoles y han pasado nueve días; el lunes de la semana anterior, Paula llegó desde Europa buscando alegría y calor entre nosotros. Los últimos meses han sido, para el viejo continente, un derrame de sangre y de principios y de costumbres. Ese odio entre personas suele ser la marabunta que se come a las personas más sensuales y después a los brutos se nos concierne donde no queda nada…

Paula, aunque es americana del Chaco, ya tenía un ardid de look francés que perturba y que emociona al mismo tiempo. Ella y yo nos habíamos estado entrenando en elasticidad emocional. Si bien sabíamos –y anhelábamos, que Paula vendría, de la misma manera nos hacía competir en unos juegos que no sabíamos jugar y que en realidad no habríamos de poner en practica durante toda su visita, la intervención de un tercero o tercera entre nosotros la sabemos manejar como un paseo turbulento; eso sí lo reconozco y además lo aprendí de Ella.

A la seis con menos treinta estábamos esperándola en la estación y cuando se bajó del autobús tenia gafas para ver y en la mano una copia de “La Mujer Justa” de Sandor Marai; quieras que no, un estímulo, para mí, en ese momento: el olor de la humedad de Ella lo recordé como el aroma a cañadas en las que nunca había estado. La saludamos, la besamos y la abrazamos ahí mismo, nunca nadie es diferente en realidad. Sin embargo nuestro intento se mantuvo en querer tocar –expresamente, solo temas de interés particular: como si fuéramos misioneros intercambiando impresiones de distintas cruzadas; inocentes, mejor dicho. Una vez en el automóvil ninguno de los tres hablaba algo relevante, vagos comentarios de la calle e insinuaciones de posibles sitios que tendríamos que visitar. A mí me la pelaba todo aquello que podría definirse como incómodo y tú sabes, Broca (o Clavo o Pistón; aún no lo defino) que no soy precisamente un playboy, la última vez que te conté sobre uno de esos tríos, a los que voy como una mascota alegre, resolvimos que había estado algo corriente. Sin embargo esta vez me parecía todo tan ficticio que hasta el mal trago de observarlas a la luz de plena tarde, ya en huida, me parecía parte de la trama y me agradaba como a un perro que ya sabe que después de llevarlo a la peluquería le dejaran solo, para poder desenterrar su hueso. En el reproductor musical las canciones se alternaban de una mezcla que había hecho, para festejar una de las tantas graduaciones que Ella ha tenido este año. Más motivo de silencio fue que de pronto apareciera la voz de Nacho Vegas cantando eso de “y todo el camino aquella extraña canción bara bam bam bam” y no, nadie dijo nada.

Una vez en casa, como dirigidos por antenas, cada uno hizo lo que había que hacer. Ella fue directo a la cocina y regreso con embutidos, frutas frescas y tres largos de ginebra. Paula acomodó sus dos velices en el piso, apenas por afuera de la primera habitación. Yo, que como sabes soy el bueno de la historia, me tumbé en el sillón después de haber puesto en el estéreo “In a silent way” de Miles Davis. Me preocupaba que pudiéramos parecer fríos al uso; pero creo que creerte parte de una cierta aristocracia ética (de la que nadie dice ser miembro) te lleva a esos lugares tristes de la condición humana ¿Dónde estaba el velo loco de la naturalidad y de la improvisación? Solamente estaba Miles y eso que Davis es un dios mucho antes de los dioses…

Cuando el clima fue a mejor nos hablábamos con todo, con el tono en la pintura de pared, con los dos o tres acordes que estando juntas habían aprendido en un comercio de guitarras. Porque sí, juntas habían ido a San Francisco, a Costa Rica, a Guatemala y Canadá ¿me preguntas si sobraba? La verdad –lo hemos hablado, yo sobro en todas partes; lo que puedo dar no es algo verdaderamente necesario. Luego Ella confesó que había traído un regalo y que quería que lo abriéramos los tres, en un viejo cenicero de cristal esparció tres gramos de cocaína que –ahora sé, era del norte de Bolivia y tenía el empuje necesario, para armar a un ejército en Suiza (otro sitio al que han ido las dos; pero separadas).

Entre sombras, el humor involuntario, la cata de drogas recreativas, las copas con Gin y la música insonora de aquel morbo, me fui al baño. No te rías si te digo que al volver ninguna estaba. Uno de los velices de Paula estaba abierto y con algunas de sus cosas tiradas en el piso, la puerta entrecerrada no invitaba a entrar ahí, todavía. Regresé y -quizá un poco abandonado, puse el disco entero con versiones -por mujeres, de canciones de Sabina. Nunca fue mi favorito; pero ahí, a solo pasos, ya tenía el porqué de su existencia. Mientras tanto yo seguía con la coca y con el porro y con el gin, te diría que escribí una canción y no te mentiría (si se aceptaran como canciones los chillidos de un hombre que no puede pronunciar una palabra). No sé ni a qué hora fui a la cama, lo mejor es contarte que al abrir los ojos estábamos los tres desnudos y yo en medio, abrazado por Ella y por Paula. Me tomaras –como siempre haces, por un tipo con la guardia medio baja y medio tonto del aba; pero me sentí bien. Creo que fui un buen acompañante, para un reencuentro de ese orden y –por favor, no me vuelvas a decir que Ella está llena de ese tipo de reencuentros; si la crees tan infantil y caprichosa antes debes de saber lo que pasó el día después.

Nos despertamos y yo atento a que yo –aún, no había practicado el sexo del futuro ni conmigo mismo, sugerí que saliéramos a desayunar y ya no volver hasta las primeras horas del otro día y así fue. No salimos en el auto, preferimos ir en colectivos, para andar viendo las cosas que nunca se ven a menos que seas un turista en una caravana de la tercera edad. Casi puedo ver tu cara; pero no tienes porque no existes y además no me importa que te burles, lo mejor fue que comimos raspados, el de Ella de cereza, el de Paula de limón y el mío de durazno.

Cuando llegamos a casa (no recuerdo la hora) volvíamos de un bar donde los tragos no duraban mucho. Estaba menos ebrio que Paula y que Ella; fui directo a la mesa donde se había quedado la botella de ginebra y el resto de la cocaína, inhalé tan solo un poco y pegué un trago de la botella, para ver si iba a poder asumirme milagroso. Me di cuenta después, que no me seguían y que se habían quedado en la entrada besándose –la verdad, por dios muy bonito. Exacto compañero, esta vez sí me sumé y primero nos dimos un beso genial en una sola boca de tres; pero no me bastó y cuando me abrí el pantalón mi pene erigía un monumento a la fe del hombre promedio. Ambas pusieron en mi sus molares, sus lenguas, sus dientes, sus campanillas y esas lagrimas blancas que suelen rodar cuando en la boca de alguien entra un instrumento que no cabe entero. Yo no estaba caliente pues no estaba ahí, no era yo: en ese momento era más parecido a un sultán que a un  trovador sin canciones. Me chuparon de un modo en que el debería de haberlas honrado con la cabeza de alguien, tirada a sus pies. Ahí mismo en la entrada las coloqué dándose la espalda y yo entre ellas, se flexionaron haciendo derecha e izquierda a mi cruz; entré en una y la otra seguía el movimiento, después me cambiaba: era un hermoso ballet y un tremendo salto en la evolución…

Las vi hacerse, comerse del sexo recuerdos y días de sueños que no habían cumplido. Sí Ella me montaba, Paula me ponía su vagina en la cara. Si doblaba a Paula y la embestía por atrás, Ella le ponía su vagina en la cara. Debo decir que se mordían y tocaban las tetas de un modo en el que no sé tocar ni morder; eso fue obvio cuando me di cuenta que reservaban para mí solo lo referente a mi pene y todos los demás juegos los llevaban como las directoras de una expedición geográfica. Ahora mismo estoy duro y no me provoques; habiendo aprendido como sincronizar los gemidos de diferentes mujeres, a la vez, puedo cambiarte el nombre…

Sexualmente propenso.
L.

*(Extracto de “Lorenzo, una canción de rock” 
una novela de Omar Estrada. Quizá en el futuro)

miércoles, 17 de agosto de 2016

Cuando la memoria es paranoia.

Hubiera querido retener algunas cosas; una parte del pasado –justo ahora, fue imponente. Sin embargo, ver al diablo por primera vez y saliendo de su boca mientras me hablaba de sus cuarenta amantes, lo habría dejado para después. Estando un poco más grande habría sido divertido.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


Tengo algunos días
en los que mis ojos mandan todo,
se rebelan contra el cielo azul y abierto,
se me obliga a pantomimas de la asfixia
sin que pueda llevarme las manos a la cara;

Ardo de miedo
y el simple drama
de ser tan solo un hombre
me persigue y condiciona…

No se escucha el coro de las vidas
que florecen
y las puertas no se abren;
se clausuran y presiento
que he vivido siempre adentro.

Se encarnan los demonios
que veía en los vitrales de la iglesia
-justo antes de recibir la comunión,
y ahora son ese señor que lleva prisa;
pero pronto se hacen la mujer del exiliado.

Todo vuelve
como alguna vez lo vi
y se conecta a cada foco reflector,
para brindarme una función
donde la nada se destaca
meciendo las cabezas de monos decapitados.

Sé que están en mi memoria los abriles,
las tribunas y lo vivo de aquel verde
en el césped de los bosques.
No debía de ser difícil recordar
la violencia de los besos
contra el cerco de su casa;
pero –ahora, solo es un foco roto.

Los que siguen 
son coroneles de humo
que se alistan a vencer
contra la gracia…

Tengo miedo,
porque ojos que no ven
se lo imaginan.

Omar Alej.

martes, 16 de agosto de 2016

Décima, para un viudo.


A ver si inventas una pócima,  
secreta, de la falta de color
y sanas con mis sombras el dolor.
Si una gota de la lluvia me lastima
y cada hoja del otoño cae encima,
si me vuelvo lejos con las cartas
a contar de doce uvas que están hartas;
es por la luz de los besos al desnudo
que ahora alumbra en este viudo
con lamentos que no son sino pancartas.


Omar Alej.

Mientras escribo, le robo al tiempo.

 "Todo goce empieza en la autodestrucción…
Yo me destruyo para saber que soy yo y no todos ellos…"

Leopoldo María Panero.


Lo que dure
al escribir mi proyecto de poema;
la poesía sentará su dominio en toda cosa,
en todo ser
y en todo espacio sin nombrar,
porque hablar solo no es delirio
y sí escuchar…

Todo el tiempo
que se rasgue con el filo de palabras,
será un ojo de la luz;
será labios de una noche
hecha de seda
y copas con agua de pozo mineral.

De aquí al punto
en donde arden los finales,
se habrá hecho el mar al borde -de los pies de los valientes
que se sueñan soñadores de los sueños más inmensos,
y un fulano con la luna entre sus manos
andará debajo al sol
hasta encontrar un lugar nuevo,
donde le sirvan su cerveza
y él espera a que lo encuentre
la morena con pestañas como alambres…

Ya después,
cuando entra el otro rumbo,
sé que apagan las farolas
y que borran las señales
y que tocan lo intocable,
para hacerse con su piel
un disfraz más que no disfraza
la tristeza y el enojo.

Escribir es un momento
que nunca sucede en realidad
y ahí es la casa donde quiera que yo viva:

Un abrazo con amigos que se han ido,
un tarde entre mujeres -dos de ellas,
que me tratan como a un hombre hecho con barro
y familiar de ciertos monos
que se rascan el ombligo
y que van de genitales por el frente
a sus instintos.

Todo el rato que esto pasa;
mientras pienso en lo que sigue
a una oración
o a un lamento,
cada viuda a la redonda
se acicala y se masturba con mi foto
de primera comunión.

Es un hecho impenetrable
mientras hurgo en el futuro
y hago nada.
Estoy escribiendo treguas de soldados enemigos
y los sabios y la ley se corresponden
y la muerte sucedió sin el castigo
y la esperanza ya no es tan solo eso que mordemos.

Si después debo volver
hasta perderme sin ser nada,
no hay culpables.

Al momento de escribir
soy inocente.
Todos lo somos.

Omar Alej.

lunes, 15 de agosto de 2016

Un nuevo banco en un parque oscurecido.

“: yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.”


Dedicatoria. Leopoldo María Panero.


En la última habitación hay una ventana
que da a un parque oscurecido
por el tiempo y abandono.

Nunca ahí se mira a nadie,
tal parece que jamás
alguien brincó entre los trazos de adoquines
que han quedado sepultados bajo el polvo del olvido
y el follaje en color negro de las moscas.

Cuando llueve me imagino que ahora soy
su único testigo.
Quizá es propio de un delirio en mi dolor
y lo observo recargado sobre el muro
mientras fumo y puedo ver que pasa el eco
y no se queda.

En mis sueños se revela;
bajo el peso de los parpados, es una escena que leí
en un artículo siniestro que firmaba
un ex marino arrinconado por la peste.

Me despierto
y voy temblando a constatarlo,
sigue muerto.
Entonces un automóvil
hace luz sobre la hierba
y casi siento entre la piel
la delgada línea sobre la que avanza,
hasta volverse tilde del vacío
de una noche en retahílas:

<<Dios que no estas
nunca en la iglesia.
fuerza que muerde
al vulnerable
cuando esta solo
y lo castigas
atándolo…

Dios que no estas,
para el que abre o cierra los ojos;
que estas guardado bajo el cadáver
que es nuestro amor  
atándolo…>>

Son tentaciones
que como sombras no se comparten.
Ni cuando hay fresco
ni cuando es día de votaciones;
en este parque solo hay adiós.
Semillas muertas
que se sembraron en tierra yerma.

Hoy a las tres de la mañana
escuché con que pereza se revolvía
y como crujía, desde su centro hasta su esquina.
Salí con un tambor de gasolina,
para quemarlo desde sus raíces;
pero al llegar había crecido -de su enramada,
un nuevo banco.

Volví a sentir la pena
de todo lo que puede arrancar
el exterminio.
Omar Alej.

viernes, 12 de agosto de 2016

Es lo que quiere, la DeepCamboyaKids.


Quiero mirar.
Quiero creer.
Quiero luchar.
Quiero cantar.
Quiero nadar.
Quiero ser negro.
Quiero ser blanco.
Quiero lo blue.
Quiero jugar.
Quiero jugar.
Quiero jugar.
Lo quiero todo.
No quiero nada. 
Quiero la lluvia.
Quiero a mi amigo.
Quiero que tú…
Quiero que yo…
Quiero leer.
Quiero escribir.
Quiero saber.
Quiero tocar.
Quiero reír.
Quiero escuchar.
Quiero abrir.
Quiero cerrar.
Quiero amor.
Quiero.
Omar Alej.