viernes, 29 de julio de 2016

Tragos largos, días cortos.


Me encanta transcurrir por las calles
pobladas de muchachas que, a mi paso,
«Rubio», «Cielo», «Tesoro», «Ven aquí»,
susurran.

Times Square I. José María Fonollosa. 


Con los días que son largos
pasa eso;
alguien muere,
alguien fuma,
alguien bebe;
pero nadie me come la polla.

Un cretino se publica
su propio libro de poemas
y se siente medio dios
y medio cualquier otra cosa
igual de ausente.

Yo sostengo esta resaca
porque es mía
y además por la mañana
desperté caliente de verdad;
los diablos me sonrieron.
Así llevo un cierto fondo,
para cuando suba el infierno
y en los balnearios se achicharren
esas viejas odiosas
que todo el tiempo te dicen qué comer.

Hoy, antes de vomitar el desayuno,
me incliné ante el lavabo
y me vi profundamente.
Si cabe la posibilidad de que tenga un alma,
está sucia
y ella misma no se fía
de que sea algo trascendente ¿para qué?

Me hubiese gustado
parecerme a Buster Keaton,
era un hombre ciertamente;
pero a mi padre
y a mis hermanos mayores
les divertía vestirme de mujer
(Sobre todo cuando iba desnudo
haciendo la calle,
mostrando el ojo del culo)

Con los días que son largos
pasa eso;
una iguana entre la piel y los huesos,
un colmillo en el escroto
y penumbras verdaderas
sobre esta realidad de papel roto.

Pero si lo pienso un poco,
también pasa
con los días que son cortos.
Omar Alej.

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