miércoles, 13 de julio de 2016

Son dragones, de los malos.

“Vallejo sabía que moriría en París con aguacero;
pero ya no son nubes son bombardeos, arreciemos.”
Omar Alej.



En la calle hay dragones, de los malos,
y no es sueño, los he visto;
no los he soñado.

Me giré por confirmarlo
y le pregunté a los viejos del café

<<si los ven miren pa abajo>>
<<Sí, hay están.
Se llevaron el producto del esfuerzo
y del trabajo. Otra vez. >>

No son sueños de un payaso aficionado a games of thrones
ni es un truco en una imagen que te llame a la consciencia;
son dragones de los malos y no es metáfora ni encanto
si te digo que se llevan a los niños en las fauces
y que queman –exclusivamente, al que asiste al funeral de cada día.

Son los dueños
de las flores que le lleva Héctor Iván
a Marisol
y quieren más,
porque además son ellos los que venden
cada casa con jardín que deja atrás un desahuciado…

Yo les tengo mucho miedo
y me ando con cuidado
cuando toca que les hable y que les pida
por un poco más de espacio.
Querría en su cumpleaños
comprarle a mi Negrita un pastel:
ya sé que los dragones me lo embarran en la cara
y después se ríen de mí.

La confusión no la vi en televisión,
me persiguió.

En la calle hay dragones, de los malos,
y no es sueño;
están aquí, tan reales como el hueco de mi pecho.
Como el peso de mi piel cayendo
de mis huesos hacia nada, rumbo a nadie.

Se comen los amores
y remarcan la distancia.
Las formas, para no entender,
esas practican y echan abajo
los puentes de la voz.

Quedan grupos de personas
que los quieren combatir,
unos usan flechas
otros llevan hondas;
hay quien bebe mucho
y está el que solo reza.

Mis amigos, que son listos,
una vez los invitaron a comer;
pero, malos los dragones, nos enviaron solo restos
de nuestro mediador…

Hay quien dice que se irán
y que nuevos predadores
-menos crueles,
se levantaran, para calmarnos;
no lo veo.

En la calle hay dragones, de los malos,
y no es sueño, los he visto;
no los he soñado.

Omar Alej.

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