lunes, 11 de julio de 2016

Mendrugo.


Encontré en una carta
que pedían de vuelta a Mendrugo,
no parece que fuera
el militante más duro de la pertenencia;

Pero se había ido y nadie tenía ni idea
de a donde se estaba
cuando una oración en un libro
vale más, para él,  que cualquier mandamiento.

Yo nunca lo vi
y no he pisado esa casa
de la que dicen se fue,
cualquier día y siempre de mañana,
sin despedirse…

La luna apacible,
en su vela espacial va cambiando de cara
y sus pieles tienen grietas -de estarlo pintando,
que luego se secan.

Quedó abandonado su nombre
y con el sinsentido de absurdos relatos
pintó sobre el almanaque de todos los santos;
ya nadie usa el reloj
sin embargo la cantata de la lluvia
lo hace ver algunas veces
o lo que fuera su sombra.

Los perros van libres sin amo,
recogidos del miedo, se hacen…

La mujer sin marido,
tiene rito en su cuerpo, ya es…

Los hijos sin padre,
deformados en versos, serán…

El tesoro sin encontrarse,
va quemando en un sobre, ya fue...

Sin prestarse a colgar del anhelo
o al revés…
sin parafilia y con ninguna nobleza, Mendrugo
escapó a donde solo es un flaco;

Pero los libros brillan,
se podría presumir
que Mendrugo está dentro
sin querer nada más que seguir
y no retenerse
ni por el cielo ni por el infierno
que pudiera caer.

Omar Alej.

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