lunes, 4 de julio de 2016

Empiezo a estar solo y no es soledad.

“Toda la noche nos la pasamos llorando y bebiendo, y pude decirte borracho las cosas que me bullían del corazón, palabras impresionantes, símiles ingeniosos, porque llorabas por otro tipo y no oías nada de lo que te decía, pero yo me oía a mí mismo, y Arturo Bandini estuvo genial aquella noche, porque hablaba con su amor de verdad, que no eras tú ni Vera Rivken tampoco, sino sólo su verdadero amor.”

Pregúntale al polvo. John Fante.


Es mañana de lunes
y tengo otras dudas;
me pregunto cómo he logrado
que no me importe saberlo…
no haber matado hasta hoy.

Estoy en camino
y me sonríe adelante
un mirador que despunta.
Algo así tengo en mente
como toda fortuna,
tan solo un quiebre en la forma.

Lo que sé es que no moriré de pena
ni de celos  
ni de estupidez;
eso puedo tenerlo.
Quizá muera de altura;
pero ahora sé
que no será al caer.

Cada vez son menos hondas
las palabras de emoción que ilusioné
que escucharía en una boca:

La canción fue triste y bella
como son los golpes, rara vez.

Entro al día cada día
y si es lodo o es vacío
o ambas cosas, es la sed.
Eso puedo caminarlo
y de pronto es más fuerte y más seguro
que el sueño que -soñaba,
esperaba sobre el tiempo, para mí.  

Siempre es de luna
y he de seguir hilvanando la luz
que los guía, a los hombres buenos.
Está claro que el sol
tiene mal de ceguera
y se inclina a las sombras
lleno de soberbia.

Yo también tuve un gesto inocente;
aquel niño lloraba
y le hablé y le hablé y le hablé,
después le quité el aire.

Ahora no hay nadie frente a mí
y ese soy yo y es cuanto tengo.
Me siento aliviado
por estar enfermo de lo que pueda pasar
sin que yo pueda hacer nada,
para bien de nadie.
Omar Alej.

No hay comentarios: