jueves, 21 de julio de 2016

A base de cerveza.

“En aquel punto, mi tragedia me pareció más negra que la de la mujer y me olvidé de ella.

Pregúntale al Polvo. John Fante.


Hacia ese calor
que produce sueño
y deja la piel pegajosa;
que encrudece la visión de los lagartos
y te pone roja la cara de bochorno.

Entré en el local
queriendo que me rebanaran las astas
del ventilador,
al fin que ya estaba frito,
buscaba la sombra del techo de adobe
y vi que vendían cervezas heladas.

Hice cuentas del tiempo
que llevaba andando,
a través de inmensas sequías,
excavadas con un hierro en mi sed,
resistiendo de modo discreto;
pensé que lo merecía  
y pagué un poco más que el monto exacto,
por lo que cualquier otro hubiera regateado.

Ahí estaba ese fuego,
el polvo ardiendo en sus bajos descansos,
las piezas calladas y crujiendo a la vez
y estaba esa nube que hace la nada
cuando el sol se acerca con violencia
a beberse las aguas del mar
que luego escupe a su modo…

Pero yo valía lo suficiente,
para que la espuma fría
se salara en mis labios
y que después el sabor
me aliviara el aprieto
y las malas ideas.

Me senté bajo un árbol
y me abrí la camisa
presintiendo que mejoraría el ambiente;
consiguiendo que el horizonte se acercara brioso.

Le he dicho que no a muchas cosas
y otras tantas me dijeron que no
a mí también.
Reconozco que puedo
merecer el desprecio
y la voluntad adversa del tiempo.

Sin embargo
mi cerveza, mi sombra
y una leve esperanza
que me sigue arrastrando;
eso sé que lo valgo
pues con mi vida lo pago
cada día bajo el sol
y no –corazón, eso no es negociable.
Omar Alej.

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