martes, 28 de junio de 2016

Un Cumpleaños en Noviembre.


“And if the lights were out
could you even bear
to kiss her full on the mouth
(or anywhere?) “

November Spawned A Monster. Mozz


La peor fiesta que recuerdo,
la peor tarta de cumpleaños que comí,
fue en Noviembre, el día diez;
que es la fecha en que Antonina
había nacida en California.

Era breve y precavida.
Siempre antes de subirse sobre el cerco se giraba,
para ver que alguien mirara,
sus destrezas eran parte de su juego
y no quería -como nadie, jugar sola haber crecido.

Todavía alguna vez oigo el ruido de la calle
y siento que por la mañana estaremos siete niños,
muy puntuales en la puerta del salón para verla aparecer
con su cara de fastidio y de desprecio y de saber.

Aún no sé cuáles motivos la llevaron a invitarnos;
quizás fuera que quería asegurarse de tener
quien le rindiera pleitesía:

Las mujeres aunque niñas son agentes del mal que trabajan con el bien.

En mi urgencia fui el penúltimo en llegar,
el primero -según supe, fue el francés,
un rojizo que aún infante parecía galán de cine o trovador.
Era serio, más bien parco, y ese día
su regalo decía mucho en poco tiempo.
Le dio un poster de parís, una vela y un corcho.
Joshua, Luke y Torres,
eran tres inseparables
y aunque no se hubieran dicho nada del regalo que llevaron;
llegaron juntos y vestidos de buen modo
(Un modelo, para armar, del obelisco.
Una lámpara, sin genio, de Aladino
y los guantes, Rita Hayword, de su madre.
Eso fue lo que llevaron y al final no valió nada).

Cinco, le llevó una fragancia muy delgada
que olía a rosas y naranjas.
Yo -por mí,
le di un gran libro de fotos que llenar
con sus viajes a otros sitios.

Cada uno de nosotros nos sentíamos capaces
y guardando posiciones de batalla,
para atarla a nuestras vidas una vez que terminara aquel festejo…

Lo infantil no era aquello,
que ahora intuyo con vergüenza.
Como todos -una vez, ya lo he visto al cielo hacer
y deshacerse,
irse abajo cuando suben soñadores a su centro.

Llegó ese,
el que faltaba;
el number seven:
solo Mozz.

Y el muy enano,
el muy demonio,
el muy hijo de puta,
iba borracho, despeinado y sin regalo;
algo dijo en el oído de Antonina
y ella roja de la cara, se sonrió.

A los trece años
se cumplen maldiciones casi siempre.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...


aaaaaaaah!!! jajaja que bueno está! sentí el coraje en mi ser... lo que debieron haber sentido los otros 6, pero a la vez, me dio mucho gusto jajaja de verdad, me hizo sonreír y reír y JA! también. Nunca falta ese tipo de cosas en la vida... y ella! ella también, que niña tan soberbia, jaja sabiendose, que es la niña a la que todos quieren a los 10 años, era como de suponerse que al final nada de lo que le regalaran importaría. ni por muy guapo, ni por muy francés, ni por muy rico o modosito que fuera... a... incluso ese regalo de fotos que llenar... que me gusta!! pero que pareciera no ser suficiente, les ganó el atrevimiento, el chico malo, rebelde, que rompe las reglas jaja.. ay, cuantos sueños e ilusiones arrebatadas en un acto de audacia del otro. jaja que descaro. que belleza, que escena. una buena razón para amar/odiar las fiestas de cumpleaños, sobre todo las de Antonina.

FloresFer.