jueves, 9 de junio de 2016

Confort.


“¿Puede un rockero duro, que se llame Veneno, soñar con el aceite de oliva virgen resbalando sobre una rebanada de pan de pueblo? Puede, siempre que ese placer sea un arma de combate.”


Gritos de placer en el acantilado. Manuel Vicent.


Era el primer día de mi vida
otra vez;
tantas veces
sin haber conseguido consuelo
y decidí dormirme en el piso.

Echado a los pies de dios
-como un perro
que tiene por gracia
limpiarse las heces,
repasaba el sabor de las cosas
que alguna vez importaron
un poco más que el destino:

El sudor
y las gotas de agua
en la piel de una amiga,
algunas comidas
cuando las comía con hambre
de cerveza
y el humo de un cigarro
cuando lo he fumado mirando
los ojos del diablo en persona.

Nunca fui muy creyente
o si lo he sido,
lo he sido de un modo idiota;
pero me vi atrapado en la red
de la autoestima
y desplegarse ante todo
con tan solo esperanza.

Eso ya lo he dejado,
las acrobacias del alma
no son para mí;

Si estoy destruido,
si todo valió para nada,
no lo distingo.

Lo que aprendí
es que un hombre con agallas,
con verdadero coraje,
se lo hace fácil
dejando la angustia.

Y pensé que estaba bien;
mi corazón ya padecía la ecuación
entre seguir o detenerse.
Combatía y resistía
por el mundo que agoniza
y por mí que descansaba
durmiendo en el piso.

Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Camboya de lucha! Arriba o abajo pero con espíritu de lucha, de gratitud y lealtad. Fuerte y sereno.

Carlito