miércoles, 1 de junio de 2016

1999 cometas, no estaban.

Se me caía el corazón por brincar y brincaba. Se me quebraban los pies por bailar y bailaba. Se me agotaba la voz por hablar y hablaba. Se me venía el demonio al amar y amaba. Se me acababa la vida al vivir y vivía.
Cuando el doctor vino a verme, dijo que sería necesario arreglarme;
pero que resultaría inútil:
No me rompía, ya estaba roto.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


Nuestro juego era irnos
cada tarde hasta la cima
y tocarnos con el viento
que atraían las cometas;
y aquel día se hizo tarde,
ya no estaban:

Solo el cielo,
solo dios
y solo estrellas.

Nos volvimos de regreso
sin saber quién era el otro
si no hay nada;
el olvido resultó
premonitorio.

Destinados al destino,
nos fundimos en un fuego de silencio
que era hielo de las luces,
para adentro.

Esparciste algunas nueces
entre piedras
y sabíamos que habernos demorado
tenía algo de castigo
y ya muy poco de violencia.

Viendo el mundo a nuestros pies
parecía que tus ojos
se cerraban,
que eran lejos y pequeños.

Intenté reconfortarte
-preguntarte por el cuerpo
de aquel vino;
pero a veces vomitar
es lo único que tengo, yo,
de vida.

Si tus brazos son mis piernas
y mi piel ya no es tu alma,
no lo sé.
El demonio y la prisa
se juntaron a los lados,
para vernos ir corriendo
y no estaban las cometas;
ya no estaban:

Solo el cielo
solo dios
y solo estrellas.

Prometí que era posible
y he fallado.
Sin el eco,
el corredor de la montaña…
terminamos bajo tierra
respirando oscuridad
de los pulmones de un minero
enloquecido.

Por la noche -sin la risa,
te asustaba cada rayo que caía.
Te acostaste a mi lado
y me quitaste aquella hoja de las manos,
tenias miedo
y yo quise no tenerlo.

Te conté que cada rayo solo es uno,
que no hay otro que sea igual
o se parezca,
“justo eso es lo que temo”
contestaste
y ya no estabas.

De nosotros
quedó poco al otro día:

Solo el cielo,
solo dios
y solo estrellas.

Omar Alej. 


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sufrimiento en malos días, desahogo con palabras y miradas extrañadas.

Creo que la tormenta no siempre es mala, llega la clama y sabe como nunca. ¡Animo ante días grises!

Carlito

Anónimo dijo...


uff, ya desde como el Diario introduce a Santi, a Ivan, al texto... a como este estar roto se queda en -solo el cielo, solo dios y solo las estrellas... es bellísimo. Desgarra de a poquito. Cómo un día, una noche de repente ya nada está. El punto donde se deja de reconocer al otro, donde el destino juega lo suyo, e incluso ese fuego de silencio, en que no es calmo, en el que decir nada quema pero al mismo tiempo te enfría por dentro y por fuera también... como quedarse temblando. :O ya sentirse castigados, por haber dejado que se hiciera de noche. por haber querido tal vez extender el tiempo. me gusta, esa imagen de tener los ojos entrecerrados, y lejanos y pequeños, mientras se miran montón de lucesitas a lo lejos: el mundo. "pero a veces vomitar es lo único que tengo, yo, de vida" uff... esto es... no sé, ese sentimiento de no poder hacer mucho por el otro... de, esto es lo único que tengo y no confío en que vaya a aliviarte, a calentarte... es? Terminar bajo la tierra... respirando oscuridad... y es hermoso todo, tiene algo de tristeza muy bella, de consumirse ambos al mismo tiempo... temiendo ese "no hay otro que sea igual" y después no estar, no alargar más el tiempo, la estadía, lo poco que queda, el mismo mundo bajo diferentes ojos, el viento y los cometas... siento que al día siguiente, lo que se siente no es lo poco que queda, si no el espacio vacío de lo que hubo entre ese "nosotros" pero, a la vez... uff que genio!!! que cosa tan bella que lo poco que quede... sea tan grande, tan inmenso e infinito.

FloresFer.