jueves, 30 de junio de 2016

Días de esos; sin camisa.

"Eres un Cobarde, Bandini, un traidor a tu propia alma".
Pregúntale al polvo. John Fante.


Días de esos que te gritan
-faltos de aire,
con el ruido de motores
y a la orden de retroexcavadoras
en el centro de ciudades infectadas por lo sordo.

Días francos,
de decirte la verdad:

Puto mierda, inoperante.
Lárgate.
Nadie te espera.
Hueles a culo y a sobaco.
Eres poco, que es peor que hacerte nada.
Tu basura no me importa.
Para ti ya no hay tabaco.
Nada es tuyo: nada es nada.
Todo dura para siempre.
No hay un mundo para un trapo.
Cada espina en ti enterrada.
Nunca saldrás de acá.
Me resultas familiar y te detesto.
Que haya gente y luego tú… es humillante, para ser.
No debías hablar siendo tan feo.
Cada vez que pides lluvia digo entraña por joderte, porque puedo.
Tu imbecilidad te tiene enajenado.
No sabrías descifrarlo, no tú.
Tu pájaro azul es un torpe pajarraco.
Tu padre estaba ebrio y tu madre es una perra.
Nunca hay nadie en otro sitio que te piense.
Cobarde.
Me resultas indigesto de tan blando.
Tu mujer no deja huellas solamente fue pisada.
No te creo que aún lo creas.
No es amor, lo que te falta son botellas de cianuro.
Deberías de matarte, es lo más sano.
Sí, eres paranoico y no, nadie te sigue.
Crujirás como hojas secas en mis manos.
Dios existe y no te escucha.
Otro punto más de miedo en el desagüe.
Cada imbécil que besaste tiene asco.
Lo importante es lo que importa y tú no.
Tu recuerdo no perdura.
Hasta tus historias deberían tratar de otro.
Eres la pobreza encarnada.
Qué aburrido.
Tu única gran idea ha sido callarte.
No tienes voluntad.

Pobrecito ¿he sido duro?

Escribes como una chica gorda sin salero.

Días francos,
de decirte la verdad:

Yo los miro,
fumo, asiento y pueden ser.
Les digo que está bien
-¡Yes right!-
y vuelvo adentro;
soy un héroe o un idiota,
nunca supe distinguirlos.
Omar Alej.

miércoles, 29 de junio de 2016

Triste; esta bien, para mi.


“He deseado a mujeres cuyos solos zapatos valen cuanto he tenido en toda mi vida.”
John Fante.


Nunca pido ser feliz
ni cumplir ningún decreto
del destino destinado, para mí.

Solamente me hace arder el coraje,
para ver cada cosa como es
y lo que tiene detrás.

Lo que está en la superficie
se derrite en mi tacto, es así;
pero no pasa con el whisky
ni la luna.
Tampoco pasa con el respaldo de la silla
que alcanzo, para sentarme
en un bar de carretera.

Vaya lio,
cuando triste
estoy alegre.

Sí que creo en el ángel que me cuida;
pero sé que es descuidado,
pues un ángel de verdad también sabe qué es la tierra.

Yo querría ser pagano,
encontrar ese camino
que me lleva solo andar
y no decir hemos llegado.

Ojala tuviera, más,
un par de huevos.

¿Como aguantan el olvido
los gastados edificios
que ahora sirven de fracaso
ante el ojo redentor de lo salubre?

Esta mañana,
un miserable hombrecito
que andaba encorvado
dentro de unos horribles zapatos grandes que arrastraba
-sin fuerza, para salir corriendo,
se llevó mi sensación fuera de aquí:

Yo no sé si me impactó ver mi pasado
o mi futuro.

No podré hacerlo más,
cualquier día a la mañana
cogeré mis cigarrillos
y diré que voy a comprarme camisas.
Recuerdo que cuando entré,
el infierno no era tan grande.
Omar Alej.

martes, 28 de junio de 2016

Un Cumpleaños en Noviembre.


“And if the lights were out
could you even bear
to kiss her full on the mouth
(or anywhere?) “

November Spawned A Monster. Mozz


La peor fiesta que recuerdo,
la peor tarta de cumpleaños que comí,
fue en Noviembre, el día diez;
que es la fecha en que Antonina
había nacida en California.

Era breve y precavida.
Siempre antes de subirse sobre el cerco se giraba,
para ver que alguien mirara,
sus destrezas eran parte de su juego
y no quería -como nadie, jugar sola haber crecido.

Todavía alguna vez oigo el ruido de la calle
y siento que por la mañana estaremos siete niños,
muy puntuales en la puerta del salón para verla aparecer
con su cara de fastidio y de desprecio y de saber.

Aún no sé cuáles motivos la llevaron a invitarnos;
quizás fuera que quería asegurarse de tener
quien le rindiera pleitesía:

Las mujeres aunque niñas son agentes del mal que trabajan con el bien.

En mi urgencia fui el penúltimo en llegar,
el primero -según supe, fue el francés,
un rojizo que aún infante parecía galán de cine o trovador.
Era serio, más bien parco, y ese día
su regalo decía mucho en poco tiempo.
Le dio un poster de parís, una vela y un corcho.
Joshua, Luke y Torres,
eran tres inseparables
y aunque no se hubieran dicho nada del regalo que llevaron;
llegaron juntos y vestidos de buen modo
(Un modelo, para armar, del obelisco.
Una lámpara, sin genio, de Aladino
y los guantes, Rita Hayword, de su madre.
Eso fue lo que llevaron y al final no valió nada).

Cinco, le llevó una fragancia muy delgada
que olía a rosas y naranjas.
Yo -por mí,
le di un gran libro de fotos que llenar
con sus viajes a otros sitios.

Cada uno de nosotros nos sentíamos capaces
y guardando posiciones de batalla,
para atarla a nuestras vidas una vez que terminara aquel festejo…

Lo infantil no era aquello,
que ahora intuyo con vergüenza.
Como todos -una vez, ya lo he visto al cielo hacer
y deshacerse,
irse abajo cuando suben soñadores a su centro.

Llegó ese,
el que faltaba;
el number seven:
solo Mozz.

Y el muy enano,
el muy demonio,
el muy hijo de puta,
iba borracho, despeinado y sin regalo;
algo dijo en el oído de Antonina
y ella roja de la cara, se sonrió.

A los trece años
se cumplen maldiciones casi siempre.
Omar Alej.

lunes, 27 de junio de 2016

Recuerda mi corazón.

"Están en la tierra, montones de piedras apiladas una a una con las manos del padre, del abuelo. Toda su paciencia resistió a la lluvia, al horizonte. Haciendo pequeños montoncitos para retener la luz de la luna, para estar erguidos, para inventar montañas y jugar con el trineo y creer que tocamos las estrellas. Se lo contaremos a nuestros hijos, les diremos que fue duro, pero que nuestros padres fueron unos señores y heredamos eso de ellos: Montones de piedras y el coraje para levantarlas".

Hoy empieza todo (Película)



Te mostré que se ha ido haciendo con el tiempo
de cuero y de ansiedad.

No te oculté que su miedo es de mí y es de ti
y tal vez cohabita en el sitio donde los dioses menores
pisan espinas; pero tú no lo sabes
¿cómo saberlo?

Te confié que su alcance no llegaba –todavía,
a romper, con la mirada, las cadenas
que sigue teniendo con sus diálogos de espejo.

Sin embargo ya lo has visto,
rojo oscuro, sin el negativo del cristal ahumado;
ese es mi corazón nadando abajo
casi hasta quedarse sin la luz.  

No he querido que al contarte de sus llagas
tú sintieras conmoción o alguna urgencia;  
no pedía enterrarte en la miseria de cuidarlo
ni lavarlo cuando es sucio
ni matarlo cuando mata.

Solamente
que pudiera encontrarse con tus ojos
y mirarse ciegamente sin creer en lo que dice
o sin dudarlo;
no pretendo ahogarlo.

Sus heridas son sus trajes:
la del golpe contra el suelo
y la darse con la luna en las muñecas.

Ojala lo veas de nuevo
y esta vez ya no pretendas que es tu trono, para irte;
sé que él sigue inventando un pasaje en el cuento
¿como hacer que el fuego vuelva a formarse
desde el humo,
más allá de la ceniza?

Si es la lluvia lo que suena
-ya lo sabes, se le nota,
pues se empieza a convertir
un mar de grillos en la noche
y si nunca lo has notado,
entonces es tan solo un corazón
que ya nunca veras
pues no podrías reconocerlo.

No seas avara
déjame que te recuerde;
lo sentí y lo siento mucho,
mi corazón.

Omar Alej.

martes, 21 de junio de 2016

¡Por Camboya!

“En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto...
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a  sombra.”

En el rincón aquel, donde dormimos juntos...
Cesar Vallejo.


Me imagino que hecho mierda de cansancio,
no diré que frente al mar; pero hundido,
está un hombre que la espuma ha inventado,
escuchando el rumor de la bahía
y toca algo en recuerdo de su alma abisal.

Desde el turbio descargo
de un edificio destruido,
lo contemplo;
este tiempo engulló a los combatientes
de los soles musicales,
de las lunas en palabras,
de los sueños en pinturas;

Unos cuantos
como sombras -ahora aguardan,
organizan el asalto de los lobos
a las granjas; pero todo está muy solo,
ya no toman rehenes.

Yo pienso en la muerte constantemente
y no quiero hacerlo.
No quiero entregar esta voz que contengo
-más leve y más honda,
al servicio de las voces rotas, de mí mismo.

Un último aliento de humanidad
es lo que quiero,
misantropía.

Una buhardilla estará bien;
algunas ollas, para sopa, café
y memorias.
Espero que brinden por mí y conmigo
los dioses del hielo y del fuego,
mientras me dan de fumar.

Emprendo mí vuelta al parnaso;
de donde salí,
para quemarlo en la guerra
al canibalismo infantil de este tiempo.
Omar Alej.

lunes, 20 de junio de 2016

Dios lo sabe.


“Son las caídas hondas de los Cristos del alma 
de alguna fe adorable que el Destino blasfema. 
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones 
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Los heraldos negros. Cesar Vallejo.


También yo era uno de los niños
que vivió la depresión de las monedas en la fuente,
uno feo con los dientes apretados
y con frío casi siempre en la mañana.

Tenía ojos de haber visto algo extraño
y me ponían tristes los aviones,
los barcos me callaban,
me quedaba rezagado
y no podía ver a donde nos llevaba el día.

Así pasaban las semanas;
sin saber cuál esperanza era mía
y cual era de los otros…

La mujer de un gran cabello negro,
la única en mi calle que cuidaba su jardín 
y una esfera,
me vio afuera sin cubrirme;  
consumiendo mis palabras
muy a prisa
por el miedo a que la multitud
siguiera siendo aquel despeñadero.

Me llamó a su puerta
y cuando entré podía ser paz, la soledad
de la mujer de un gran cabello negro.
Siguió haciendo sus labores;
pero nada carecía de calidez,
no era el tiempo de su fruto –todavía,
y continuaba resguardando una raíz
que está en lo hondo de la estrella
y en la luz de los caminos venideros.

No fui consciente en esas horas;
pero sentí que su cuerpo al descubierto
estaría señalado con la vida del murmullo
primerizo de un ángel.
Hizo actos para mí  
que yo recuerdo con la fuerza del corazón
de cada vida secreta…

No sentamos en el piso,
ella al centro
y yo alrededor de su falda extendida;
me hablaba con la calma
de la luna reflejando en la laguna…
sosteniendo el escudo de la plata.

Me contó que podía ver
y que el rumbo de mis ojos era yo.
Pregunté
y respondió que siempre hubo marineros
y misterios y poetas y deseos
y valientes y verdades,
que tenían por testigo solo a Dios.
Omar Alej.

viernes, 17 de junio de 2016

Fatal en la luna.

No quería cambiar; me invitaban a ser feliz. Hubo gente que pidió por mí en las reuniones de su congregación; y aunque eran buenos: espíritus gentiles. No quería cambiar, acaso ir tan adentro como pudiera de mi fatalidad.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.



No podría responderte como son
los tres o cuatros días que nos quedan;
toma este,
regístralo, para ver si tiene todas sus horas,
y úsalo en tu beneficio
si te queda coraje…

Si apetece beber agua,
bebe el río, la laguna, una nube;
o podrías matar de sed
a quien tú más quieras:

Eso requiere un plan con tiempo
además de calma.

Dices tanto
que aún hay mucho por hacer,
como si el descenso
fuese algo que pudiéramos
tramar mejor o prevenir.

Considera como opción
que todo esto en realidad
ya se ha acabado,
los perros todavía defecan confeti
de las fiestas de guardar
y todos tus amores
aparecen días después en la cornisa,
justo al lado de suicidas que no saltan;
pues no saben de morirse más que algunas facturas de los bancos…

Y no tomes por muy serio
las miradas alertadas de los hombres que están siempre
por afuera de la tienda de licores,
ensayando sus gruñidos.

Tu falda,
igual a los boletos de rascar,
es la estrella del abismo que los guía.

Confiaría en que no tomes a mal
mi disposición a creer idiota la esperanza
o el cortejo;
a donde yo estoy se llega
donde está él, que se ilusiona,
se pasa.

Omar Alej.

jueves, 16 de junio de 2016

Resentimiento.


“¿Realmente te quedas despierto toda la noche?
Puedo beber mucho más que tú.
Se lo robaste a Sherwood Anderson.
¿Conociste a Ezra?
Estoy sola y pienso en ti todas las noches.
¿A quién carajo crees que engañas?
No tengo mucha teta pero sí unas buenas nalgas…”

Comentarios sobre mi último libro de poesía. Charles Bukowski.


Yo no era más que un chico
con tensión de mano a mano
e intentando socorrer algo mejor
que las distintas fases de violencia
en la hambruna;

Parecerme de algún modo
a los hombres que había percibido
como tipo duros en mi sensibilidad.

Ya sabía que me iría
y que en caso de volver
lo haría con la manada de los lobos;
pues lo dioses me querían,
para tener un verdadero contrincante.
Me escapaba,
para ver las calles
que ellos antes habían prometido
a los que fueran valientes…

Todo esto sucedía
y mientras tanto
no había amigos junto a mí,
solo la noche.
No había nadie en quien confiar
y si salí de aquellas patrias de mentira
fue con un salvoconducto de juguete;
ya no me importa si lo sabes.
Son palabras,
más que nada.

Los primeros años,
cuando aún iba a la escuela;
muy temprano
descubrí que la crueldad
-la verdadera,
la que graba en tu mente
la oscuridad de un cráneo negro,
es tan fácil como cualquier otra cosa.

A cualquiera le ha ocurrido,
intentarlo y no poder
hablarle a los demás;
ver que nadie tiene
un instinto del que hablar contigo.

En los viajes a la playa,
en el estúpido verano,
yo intentaba disfrutar;
pero por mucho que lo hiciera,
el desprecio de los otros
lo sabía enmascarado
y yo también los despreciaba:

Una panda de cretinos
que no hablaban más que callos
y guisados y dinero y pobreza
y de culpas y de bilis.

Había algunos
que salvaban la cabeza
y que daban la impresión de saber algo;
pero fue importante
cuando dije
y también esos profetas
me pidieron credenciales.

Ya no puedo ni decir
cuanta mierda he tenido que tragar,
sospecho de mí
al darme cuenta que olvidé lo que jamás olvidaría
y que ahora tengo este libro entre las manos.

¿Cómo saber si fueron ciertos
aquellos inviernos en los parques
escoltado contra el frío por la indiferencia,
rebuscando en la memoria
el recuerdo de algún otro
que hubiera aguantado
sin llorar?

Aprendí el truco de la alegría
y una vez riendo
no me importó
reírme de todo.

De mi he escuchado que soy imbécil,
un ignorante,
que soy un asco,  
un impostor,
que tengo vicios,
un mentiroso,
que decepciono,  
un personaje.

Creo recordar -más de la cuenta,
las tardes enamorado
que pasé bajo algún árbol,
sobre los pastos,
siguiendo pistas en las albercas,
dejando huellas en el asfalto;
cuando aún no se secaba.

Recuerdo los cabellos
y los ojos y el olor y la fatiga
y los pechos
y los culos como islas de salvación.
Y también he amado,
eso fue duro.

Mis decencias, mis corajes,
mis caminos.
Mis dentelladas de rayo
con la fuerza de los tragos,
no quisieron compartirlas,
más allá; contra la gente.

Volvía pronto
a parecer solo un idiota
y eso está bien.
Mucho se ha dicho
que fallo siempre
y que como yo
hay muchos hombres;

Pero no sufro,
vuelvo a reírme.

Soy combatiente,  
sensible conmigo;

Me gusto mucho.
Omar Alej.

miércoles, 15 de junio de 2016

Pájaros.

Nos compraríamos un bote y navegaríamos hasta los confines más profundos del mar adentro, hasta el fin del mundo; donde ni los ojos de los dioses llegarían.

Delirábamos; era nuestra niñez un pájaro bobo de patas azules.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


No puedo verlos,
el sol se agrava
y aunque hace algún tiempo
no llegan a mi ventana,
para sacarme del limbo
con el que empiezan los días,
sé que están por ahí.

Confundidos
entre las estaciones;
acaso como estamos todos.

Breves en su distancia,
hacen con tinta las plumas
de hasta la última ala.

No partieron desde aquí,
están siempre de regreso
y también sé que viajan siguiendo;
acaso su sombra en la tierra.

¿De qué me atormento?
¿Por qué siento culpa?
acaso de haber visto hacia el cielo
cuando las horas más bajas...

He considerado
que esta es una ficción
donde los pájaros vuelan;
pero de otro modo.

Omar Alej.

lunes, 13 de junio de 2016

¡Te quiero!


Con cohetes de barrio pobre, con tambores, con etílicos pitidos, con bocinas, con matracas, con claves de hueso, con rezos, taconeos y aullidos. Con la más pura emoción, subiendo y yendo; así es como salían a encontrarse en mi barrio, cada 12 de diciembre los alegres feligreses.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


Si pudiera,
cuando veo que hay balcones
y esas ropas novelando en azoteas,
no decirle que la quiero.

Si pudiera más la rabia
que el silencio
y no decirlo entre los labios apretados…

Si pudiera hablar mucho
-aún más,
como una tromba
y no decirle que la quiero en cada hora,
en cada gesto indiferente.

Me acorralan los motivos,
que el olvido organiza
en nombre de emociones
por orden alfabético y codicia.

Si pudiera,
cuando huyo caminando,
muy temprano a la mañana,
y saludo a las farolas,
que se quedan encendidas,
prometiéndoles un verso
antes que el sol, de la una y cuarto,
abra en columna un tráfico indecente
que derrite los jardines de las casas,
donde solo un rumor sigue de pie,
para estorbarse con la lengua
de los besos casi secos que,
en un folder viejo y sucio, se conservan,
para ser,
tan solo antes de ceniza del otoño limitado
en abismos hipertensos por la aurora que quebraba
ante el borde de raíces removidas…

Si pudiera
cuando caigo en el delirio
no decirle que la quiero
y no quererla.
Porque no;
lo que yo quiero
no es tenerla,
eso es fácil.

Si estuviera obligado a confesar
¿Qué diría?

Es que quiero que me mire
y que no vea; que se ciegue
y que no sienta con qué parte de la tierra
voy diciendo que la quiero.
Omar Alej.

viernes, 10 de junio de 2016

La habitación donde solía dormir, solo un sueño.

“¡Mirad cómo avanza esa gran masa!
¡Tiemblo, tiemblo, tiemblo!
Pero mis piernas... ¡Aguantan!”

La paz de los justos. Pablo Und Destruktion


Soñé que estaba leyendo
“Espesura de la memoria”,
un libro que trata
-en mi sueño,
de un hombre que amó locamente
a una única mujer
que nunca estuvo loca…

Por un instante
-soñando,
detuve las letras
y estaba en el centro
de un cuarto de espejo.

No tenía cejas
e iba rapado, justo por el medio de mi cabeza.

Al costado en mis sienes
no era cabello,
era la tela de acero;
una cortinilla que brota del duro
con el que hacen cimientos
allá en Nueva York.

Puede ser
que haberme quedado dormido,
con la música alta
y la televisión encendida,
tenga algo que ver;
pero vi un gendarme triple
que bebía hasta el agua
en formato doble:

De los sueños
todo tiene sentido
y agobia…

Querría recordar
que una niña iracunda
había calmado su llanto
al quedarse mirando
en mis cicatrices;
pero eso no lo soñé,
no pasó.

¡Puta madre!

Sé que estoy detenido,
que la tierra despliega su gravedad;
pero últimamente
no parece distinto a estar rebotando
entre el cielo y el mar.

También he soñado bombas inteligentes
que no buscan un blanco sino maneras de huir.
Eso sucede
si he bebido ron
y ron ya no bebo
porque si sueño con barcos
ya no me puedo dormir.

Omar Alej.




jueves, 9 de junio de 2016

Confort.


“¿Puede un rockero duro, que se llame Veneno, soñar con el aceite de oliva virgen resbalando sobre una rebanada de pan de pueblo? Puede, siempre que ese placer sea un arma de combate.”


Gritos de placer en el acantilado. Manuel Vicent.


Era el primer día de mi vida
otra vez;
tantas veces
sin haber conseguido consuelo
y decidí dormirme en el piso.

Echado a los pies de dios
-como un perro
que tiene por gracia
limpiarse las heces,
repasaba el sabor de las cosas
que alguna vez importaron
un poco más que el destino:

El sudor
y las gotas de agua
en la piel de una amiga,
algunas comidas
cuando las comía con hambre
de cerveza
y el humo de un cigarro
cuando lo he fumado mirando
los ojos del diablo en persona.

Nunca fui muy creyente
o si lo he sido,
lo he sido de un modo idiota;
pero me vi atrapado en la red
de la autoestima
y desplegarse ante todo
con tan solo esperanza.

Eso ya lo he dejado,
las acrobacias del alma
no son para mí;

Si estoy destruido,
si todo valió para nada,
no lo distingo.

Lo que aprendí
es que un hombre con agallas,
con verdadero coraje,
se lo hace fácil
dejando la angustia.

Y pensé que estaba bien;
mi corazón ya padecía la ecuación
entre seguir o detenerse.
Combatía y resistía
por el mundo que agoniza
y por mí que descansaba
durmiendo en el piso.

Omar Alej.

miércoles, 8 de junio de 2016

Tenía que ser -casi, una noche nueva.

Recuerdo que aquel día una parte de nobleza que había en mí, rompió en pedazos. Por entonces yo creía en cualquier cosa que leía. Si Baudelaire lo hubiese escrito: tenía que ser, tenía que ser

¡Tenía que ser!

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


La preciosa luz
-porque era preciosa,
de un enorme sol rojo;
cuando volví
había quemado mi casa:

Mis ojos lloraron penumbras
de otros tiempos sin nadie.

Los restos entre ceniza,
parecían la antesala de un enigma desierto
-esta vez de palabras.

Y yo que creía
que ahora era el pez
y que estaba en el río
chapoteando,
con la cura de la sed
de los más tristes.

Soñando uno sueña
que es el hombre blanco
tocando en el piano,
Almost blue,
con una banda negra
de Nueva Orleans…

Pero al despertar
solo tropiezas con cosas
y te sangran los pies
cuando pisas el vidrio
de la mesa de centro.

Eso es justo hoy,
justo aquí;
pero antes
imaginé que en el viento
estaban las huellas
que me llevarían
a los fondos de dios,
cada día lo emprendí
y fue… creyendo en mis dudas.

Creí que era el lobo,
que estaba en la luna,
que mis manos sabían
de mi espíritu eterno…

Creí que podía
romper tempestades
y que la lluvia tenía
la fuente de la fuerza
de mi propia ternura.

Yo me lo creí
y vuelvo despacio;
en pasos suaves
sé que me iré creyendo:

Noche nueva,
tras el mismo sol.
Omar Alej.

martes, 7 de junio de 2016

Mi funeral, solo.


“I thought that love would last forever,
I was wrong.”

Funeral Blues. W.H. Auden.


Tenía el carácter y el temple
de un hombre habituado
al calor más seco;
la calma –quizá,
del verdadero dolor
ya tragado.

Yo imaginé
que en un tiempo pasado
había platicado con mujeres calladas
de los días que pasaban;
pero hoy
solo busca la muerte.

Los ríos de los montes viejos
-me cuenta,
han quedado con él,
para que al ras de la hierba  
con un árbol tardío
se recuenten las perlas
que los han ido dejando
en cada hundimiento:

Es lo que él sabe,
no es mucho ni poco.

Intenté que mirara la luz
rajando mirillas  
a cada puerta que cierra;
que vuelve a cerrar,
para estar seguro
de haberse quedado afuera.

Nada de lo que había,
para él fue posible;
los densos crujidos de adentro,
como un hoyo negro
estaban cerrando el vacío.

No fue un amigo
ni me fue imaginado
mientras quería escribir
cuál golpe tan tibio
había acabado conmigo…

Lo tenté a caminar,
a pasar por el camino
donde el otoño consuela
a los espíritus altos
que no logran volver por encima
de los horizontes;

Pero hoy
solo busca la muerte.

Pagué,
para que una canción
domara al potro perdido
de la juventud.
Llamé en cualquier dirección
pidiendo un motivo,
una lucha;
estaba arruinado en mi intento
y nada salió del sombrero
cuando pensé en el aroma.

La falta de pasiones,
el llano desapego,
me entristecieron y quise
-como por reflejo,
hacer las olas del mar profundo
en un largo silencio;
pero hoy
solo busca la muerte

Omar Alej.

viernes, 3 de junio de 2016

Viernes al fuego.

Trabajando en la mina, el único día que existe es el viernes. Sabes que saldrás y que veras la luz. Sin embargo íbamos tan cansados que no podíamos hacer el esfuerzo de hacerlos durar. Tomábamos el breve instante de pisar el exterior  y ya después contar los pasos de regreso:
Hubo algunos que nunca contaron más de tres.

Diario de un Moto/Circuito (2016).
Omar Alej.


Creía en el fuego,
en la lumbre negra
y en las brasas martillo…
todo fue combustible
cuando quise arder;

Una mujer con redobles
me dijo que el mundo
podía quemarse
con tan solo dejar de mirarlo
y yo le creía:

El deseo es un acto de ilusionismo ardiente.

Sin embargo
nunca un día -ante mí,
se hubiera quemado,
de la misma manera
en la que este viernes,
desde su hora primera
se va haciendo ceniza.

Me recuerda a una tela
de la que corren un hilo
hasta que se queda solo en hilacha 
sobre el piso, sin gracia;
ya ni siquiera, para los gatos.

Yo no estoy mal,
me duelen los huesos,
el tratamiento de choque
quizá haya anulado mi gusto;
pero igual no podría  tragar,
alrededor está el humo.

De quien recuerdo es el otro,
el que con semblante agotado
salió hoy de su casa,
para buscarse en el hecho.

Y saludó a la portera
y compartió su lugar
y ha sido amable pensando
que quizá él
también tiene culpa;

Con ese, amigo,
el fin de semana ha torcido
pues en ningún sitio quedan
los días quemados
y tampoco los hombres
que se queman con ellos…

Según me lo dijo
una mujer con redobles.

Omar Alej.

jueves, 2 de junio de 2016

Figth.




Ni palabras ni recuerdos,
esta vez no están los codos de la luna
meciéndome;
solo duele.

He intentado atacarme la cabeza
contra el muro;
pero no he podido ver,
embisto en el aire
como un toro ciego.

Estoy asustado
y mi cara se escurre
en una dimensión
de enfermedad y tiempo:

La muerte
se apresta y se va
me deja en los brazos
de sádicos niños
que no crecerán.

Me he arrodillado
en el lecho del reloj
y extrañas criaturas de las sombras
han tomado mis colmenas de pensamiento
a cambio de una intriga repetida hasta el fondo de la nausea
y hace océano…

Debería caminar a la ventana
y saltar;
pero me detiene el mareo
y no poder respirar.

Me detiene
no poder darme vuelta a mis espaldas
y ser el que mira
lo que atrás va dejando.

Omar Alej.

miércoles, 1 de junio de 2016

1999 cometas, no estaban.

Se me caía el corazón por brincar y brincaba. Se me quebraban los pies por bailar y bailaba. Se me agotaba la voz por hablar y hablaba. Se me venía el demonio al amar y amaba. Se me acababa la vida al vivir y vivía.
Cuando el doctor vino a verme, dijo que sería necesario arreglarme;
pero que resultaría inútil:
No me rompía, ya estaba roto.

Diario de un Moto/Circuito (2016)
Omar Alej.


Nuestro juego era irnos
cada tarde hasta la cima
y tocarnos con el viento
que atraían las cometas;
y aquel día se hizo tarde,
ya no estaban:

Solo el cielo,
solo dios
y solo estrellas.

Nos volvimos de regreso
sin saber quién era el otro
si no hay nada;
el olvido resultó
premonitorio.

Destinados al destino,
nos fundimos en un fuego de silencio
que era hielo de las luces,
para adentro.

Esparciste algunas nueces
entre piedras
y sabíamos que habernos demorado
tenía algo de castigo
y ya muy poco de violencia.

Viendo el mundo a nuestros pies
parecía que tus ojos
se cerraban,
que eran lejos y pequeños.

Intenté reconfortarte
-preguntarte por el cuerpo
de aquel vino;
pero a veces vomitar
es lo único que tengo, yo,
de vida.

Si tus brazos son mis piernas
y mi piel ya no es tu alma,
no lo sé.
El demonio y la prisa
se juntaron a los lados,
para vernos ir corriendo
y no estaban las cometas;
ya no estaban:

Solo el cielo
solo dios
y solo estrellas.

Prometí que era posible
y he fallado.
Sin el eco,
el corredor de la montaña…
terminamos bajo tierra
respirando oscuridad
de los pulmones de un minero
enloquecido.

Por la noche -sin la risa,
te asustaba cada rayo que caía.
Te acostaste a mi lado
y me quitaste aquella hoja de las manos,
tenias miedo
y yo quise no tenerlo.

Te conté que cada rayo solo es uno,
que no hay otro que sea igual
o se parezca,
“justo eso es lo que temo”
contestaste
y ya no estabas.

De nosotros
quedó poco al otro día:

Solo el cielo,
solo dios
y solo estrellas.

Omar Alej.