lunes, 2 de mayo de 2016

"...que no se acordaba de mi."


“no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.”

La canción más hermosa del mundo. Joaquín Sabina.


Conseguiste una casa;
una misma dirección,
para guardarte a descansar
y estar de fresco
mientras pides
que en su viaje rumbo al sol
la luciérnaga no arda.

Te escapaste
de esa huida cada día
en que vivías
sin saber
donde quedarte
ni qué parte del espacio
era el mundo, para ti.

Ahora tienes
lindos cuadros,
un arcén de temporada
en el jardín,
artefactos de cocina,
sensación de bienestar
y un concilio de rutinas;

Nada roto hay frente a ti,
como un milagro.

Sin embargo,
cada tanto
tu espejismo vuelve a ser
solo un muro de ladrillos
sostenido en el absurdo
y volviéndose hacia fuera.

Los sentados a la mesa
lloran, gruñen;
falsifican sus delirios
y te miran
obligándote a que veas
como avanza ese reloj
sobre las flores en el agua.

La noche de hoy
ha pactado con la luna,
oscuridad de pesadillas.
Tú giras sobre ti
o viceversa
y revuelves en tus ganas,
machacando hasta que entiendes que no hay una salida.

Una vez te lo contaron,
derretías al invierno con tu fuego,
Te dijiste que la luz de las estrellas
te seguía, para ver con claridad
hacia el oeste.
Ya sentiste el miedo de todos los temores
ante ti y por tu presencia.

Pero no,
el mar no acaba
donde una playa te recibe;

El ruido de un cuchillo,
al cortar la carne sobre el plato,
te devuelve aquel naufragio.

Aquella tarde,
al pasar frente al farol del callejón
que daba a la puerta de la casa,
te encogiste por los hombros
y dijiste
“ahí vivía”.

Omar Alej.

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