miércoles, 4 de mayo de 2016

Natural born deep (Camboya).

«Solo son grandes entre los hombres el poeta, el sacerdote, el soldado. El hombre que canta, el hombre que sacrifica y que se sacrifica. El resto es digno del látigo. Desconfiemos del pueblo. Del buen sentido, del corazón. De la inspiración y de la evidencia».

Charles Baudelaire.



La vieja Gloria está llorando amargamente,
sobre un cofre que es muy breve
en el que baila una muñeca respingada;

Pero no sabe entenderse
¿qué pasó?
¿qué hora es?

En invierno se encontraba,
buena y limpia, en los brazos de un gentil
hombre cabal
que había puesto dulces nombres
a sus perros y a sus gatos de domestica edición.

Ya había roto
con el peso de la tinta
que en su alma había grabado
ese niño miserable
que ante todo era un poeta…

Entró al río
y mojada de los pies a la cabeza
se talló del cuerpo el viento
que las sórdidas mentiras…
habían hecho hongos en ella.

No acudió
ni por curiosa al funeral de las botellas descorchadas.
Se fue;
haciéndose mujer saltó del pájaro que huía.

Llegó al Oro,
ese town tan celebrado
por su tierra fresca y viva;
en la mesa con legumbres
se remontan a los viajes a París
que flasharon sus memorias
con belleza y altivez.

Capitana de un avión, primera clase,
se olvidó de aquellos versos de Neruda
que volaban de la luna hasta aquel día
y frotó frente al calor del fuego tibio
sus dos manos:

Sus hermosas manos frías y huesudas.

Ya fue abril
y es primavera;
con setenta años menos
-ya vividos,
ahora sabe que la sal fue lo primero
y que perdió cuando ganó los atributos
de la fuente de la miel.

Algún día pasará, en cubierto por ahí,
para ver ratas de verdad.
Omar Alej.

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