martes, 10 de mayo de 2016

Esa chica es mi Doña; Mi jefita.

“y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)”

A mi madre (reivindicación de una hermosura). Leopoldo María Panero.


Soy el hijo de una chica
que pasea la ciudad,
falta de algo que la guarde.

Ha mordido la manzana,
fue expulsada sin Adán;
la culparon de las pestes
y diluvios,
apedreada en una plaza de la moda;

Pero igual se mira al cielo y se pregunta
si la estrella está mirando a otra parte
o si acaso lo que ve
no la seduce.

Se le han dicho tantas cosas sobre el tiempo
y hasta cosas que no suelen molestar,
la persiguen por mandatos oficiales de cadenas…
algo en ella es un parte de la guerra
y no cede ni un milímetro ante el miedo,
siempre va;
Y es que es muy brava
-muy mujer,
no hay quien comprenda.

Nunca faltan los que dicen que esa chica va perdida,
que les debe,
que ha robado o que mentía sobre todo.

Sin embargo el coraje, entre cobardes, 
no es del todo popular  y ya no vende:

lo de hoy son los derechos
según Freud.

Yo conservo esa lámpara,
quedo, abajo, sin maravillas.
Le hice un rostro con el lápiz
y sonrió porque el dibujo fue llorando.

Hace tiempo me cambió
por un marido,
bien por ella
y mal por él que no sabía
lo que comen las dragonas
una vez que han regresado de la lumbre.

Hace tiempo, forajidos de la ley,
nos dijimos que eran falsos los milagros  
y que haríamos mejor, solamente, el intento de seguir;
día a día-poco a poco. Aquí en la tierra.

Es la Doña
y es un sueño que tendrían
los niños de un país
si acaso fuera alguien asustarlos
con poemas de Panero.

Esas curvas,
ese cambio de potencias
-adalid de mis ternuras,
son mi madre:

Soy el hijo de una chica
que no tiene par ni nones,
solo es ella.

Me divierte imaginarla
y lo que sé
-en realidad, si me preguntan,
todo ha sido divertido,
porque sí.

Porque el tiempo se nos pasa
y sentirse un ave negra
es acaso el mismo modo de perder
la fantasía de la lluvia en los otoños.

Soy el hijo de una chica
y los chicos en mi barrio
me decían

“tu jefita, esa sí que está muy buena”

Omar Alej.

1 comentario:

Carolina Torres dijo...

Nuestra madre es una de las pocas mujeres inovadoras , sin asustarse de un buen wwed , por que no te sacrifice ni santifica por tus acciones.

De esa naturaleza donde los atomos son sabios , prefiere que te equivoques para que aprendas.

Brava y bella , sin complejos absurdos de los paranoicos , por que ella pudo y podra siempre.