viernes, 13 de mayo de 2016

Es lo que diré sobre la lluvia.



“Era de noche y llovía, y al caer era lluvia, pero después de caída era sangre. Y yo estaba en la marisma entre los altos nenúfares, y la lluvia caía en mi cabeza, y los nenúfares suspiraban entre sí en la solemnidad de su desolación.

Silencio. Edgar Allan Poe.


Es por donde el universo se escapa.
Por la estrella y por la luna,
hace muesca en la raíz.

Me trae de vuelta
y me lleva.

Su dentadura acaricia
el mar de fondo.
Baila en imposible gamas de colores,
las gotas son peces:
¡las gotas son peces!

Enferma.
Libera.

A niños pintados
socorre y dirige.
Angustia.

Acometida de magia y ternura.

La estatua pactó
su condición de habitante.
Si no cae ahora mismo,
caeré.

Me es necesario escucharla.
Cualquier palabra que disponía,
como reserva,
la consumí. Ahora vendrá.

Me trae el fuego y la voz.

Estoy mojado.
El sol me derrama.
Da miedo extinguirse.

Puede que sea el guardián
de una raza ilusoria.
Como quien oye disparos.

También mi barquito de madera
espera que suba la marea;
quizá no recuerde.
Es lo que hacen las gentes.
Olvidan.

Tremebunda impostora.

Partiré de charco en charco
hasta llegar…

Seis o siete veces al día,
creo escuchar los cascos de caballos
sobre las piedras del camino;
es la mejor sensación,
para negarme hacerlo.

Doblan las campanas.
Así renace la memoria.

Plaga el amor
sobre los cuerpos descarnados
de los perros sin un techo.

Brilla convertida en esmeralda,
la botella de licor sobre una franja.
Sobre las mesas que fueron abandonadas.

Alguien siente una agonía
de pasión en una carta.
Ha pasado el tiempo
y volverá a pasar.
Sigue pasando.

Ya ha deshecho cualquier pacto.

A la costa.
A los bosques.
Al desierto.
Corre.

Yo nunca he dudado
que podrían ser los demonios
invocándola
en un lugar oculto de los cuentos de Allan Poe.

Dios del trueno.

Los zapatos las prefieren secas.
Dentro del supermercado
todos serán iguales.
Cambiarían cualquier reino
a cambio de salir en televisión.

Ya no puedo distinguirla
de un total de fibra óptica.

Está en todo lo que amé.

Sigo andando.
Voy siguiéndola.
Se demora
y la sangre en mis venas
se hace espesa;
como avena de orfanato.

Veo debilitada mi mirada;
mi reflejo sobre un río manso.

Sé que viene hacer correr,
calles abajo, la tristeza.

Es lo que diré sobre la lluvia.

Omar Alej.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta un montón justo la primera frase... es por donde el universo se escapa.... como si de escaparse, cayera sobre nosotros, y nadie se da cuenta! :O ya amo desde ahí, como amaría el mar de fondo.. es como verla desde abajo, si, como pequeño colmillos encajándose hacia dentro, una y otra vez, y las gotas son peces! wow, las gotas son peces.... enferma y libera... Libera! tan generosa por limpiarnos a su manera... con magia y ternura! y sus ruidos, lo que dice, como suena, la recuerdo como cuando cae de noche y suena tanto y tan fuerte, como si contara algo en que soñar :) y sí, un poco con ese tinte de Allan Poe... Me da ternura y nostalgia el barquito de madera, esperando por ella también, me da un poquito de nostalgia rara, que de tanto esperar olvido que lo hacía... sí, las gentes olvidan... "partiré de charco en charco hasta llegar" :) su sonido en las calles... cuando las gotas/peces son de tamaño monumental. y amo esa idea, de plagar el amor, pero creo también abraza y moja y envuelve en un amor distinto... al menos en quien la sabe ver y sentir, como tú... que está en todo lo que amas... y amo eso, sentirla así, saber que "viene hacer correr calles abajo, la tristeza" es tremendamente bello... y más así como ayer... cuando llueve con ganas de ahogarnos en ella

FloresFer.

Anónimo dijo...

Incapaz de entender tanta grandeza, tanta dulzura, tanta furia. El sentirla, asi tan cerca, tan tuya y no poder conservarla
dejarte llevar por su concierto, arrullarte, hipnotizarte, su belleza es tanta como su maldad tan grande. Así es la lluvia