lunes, 23 de mayo de 2016

Danielo.

“Más de cien palabras, más de cien motivos
Para no cortarse de un tajo las venas,
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
Más de cien mentiras que valen la pena.”


Más de cien mentiras. Joaquín Sabina.


De mi miedo adentro,
no quería volver;
sino ha sido por él
me hubiese quedado a pedir
de llorar sobre un fuego apagado:

Olvidarme de todo
cuanto se hubiera pasado.

Pensaba en abrirme los ojos
y que al voltear a mirar
ya respirara otra cosa:

Por ser distinta valía
cualquier aspereza.

Pero cuando uno se va,
porque le teme a qué es
en el reflejo aburrido
de sus propias ventanas,
la fuerza se hace presente
y te recuerda que sigues
en lo que ataron dos niños
con un apretón de manos.

Muchos amigos
me han dado pistas del mapa
en la oscuridad
y con el Danielo –recuerdo,
más de un camino lo hicimos
sobre las vías enfermas
de un tren que ya no pasaba…

Nos pudimos rendir,
para tales heridas
las cicatrices no bastan.

Sin embargo su herencia
-florentina en el cuerpo
y de piel kurda en el alma,
no me dejó someterme a la suerte
y sin desmarcarse;
cuando más triste me vi
me santiguó a la mitad,
como un bautismo de fieras.

Desde entonces saber
es un acto de fe al revés,
retorcido.  

Yo estaba lleno de moscas
y cuando lo vieron llegar
se convirtieron en aire:

Abrió la puerta
que gira,
igual que había hecho
con tantos otros extraños.

Por bocazas
fue que antes no lo dije:

Muchas gracias, compañero;
cuídame, pues me haces falta.
Omar Alej.

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