martes, 31 de mayo de 2016

Bailarina & Soñador.

Los que callaban pensaban que no era más que la suerte y que aquello no pudo ser de otra manera. Los que hablaban decían tonterías; suele ser lo habitual de quien habla. Yo –honestamente, no entendía mucho, la prensa siempre me había parecido un mundo ajeno; como de otros.
Me impresionaba en la foto que a pesar de ir desnuda, llevaba puestas unas extrañas zapatillas de ballet.

Diario de un Moto/Circuito (2016)

Omar Alej.



En la pista imaginaria
que corrompe la oscura
y breve habitación
estas bailando, bailarina.
Y sueño yo
que estoy tumbado
sobre un cuenco de embriaguez,
soñador.

Me pregunto
si es un mismo dios
el que te permite alar las cosas
o es que es otro,
el que nada hace,
para que se alivien los dolores de la gente.

Afuera la nación 
es una idea que no deja nacionales.
Aquí adentro veo la patria
que ni el ángel más osado buscaría:

Tú te das en una vuelta,
sobre un giro,
y yo he vuelto enamorado
por las huellas de tus pasos,
sutilezas…

Vas y vienes,
yo querría detener
este momento;
pero rápida la vida
se disloca.

Y por eso bailas,
bailarina
y por eso yo
no me interrumpo
de mirarte,
soñador de pesadillas.


Omar Alej.

lunes, 30 de mayo de 2016

"Luchando a la contra"

Quizás era yo –por mi causa; pero nunca supe lo que era volver con los que habían ganado. Y no es que sea algo malo; si tan solo no fuese consciente...

Diario de un Moto/Circuito (2016)

Omar Alej.


Ayer estaba en casa, me sentía derrotado. Acaso sintiendo que habíamos perdido y sí, había perdido el Aleti. Y aunque es fútbol y aunque no pasa nada, yo no podía evitar sentirme abatido; tal vez no era dolor de derrota sino de pérdida: si no lo has sentido ¿Qué me puedes decir?

Yo no vi el juego, los malabares del destino me tomaron a contra pie saliendo del hospital y sin cómplices, para una empresa –que me imagino, parecía cualquier cosa: cualquier otra cosa.

Ayer por la tarde, alrededor de las cuatro, me senté en el sofá y puse un disco de Miles Davis (In a Silent Way), algunos dirán que es coquetería pues yo en realidad no soy muy asiduo a la intensidad, los acentos, los tempos y el sonido del jazz, en general. Pero es verdad que eso fue lo que escuchaba, también porque al mismo tiempo leía la biografía del afamado trompetista.

Decidido a no dejar pasar lo mismo que teme de si mismo el fuego; me serví un té de fresas, me lié un porro y luego fume algunos cigarrillos. No estaba bien; pero las historias leídas me hacían imaginar y aquellos sonidos me iban llevando por partes de mí que ahora sentía y no hacía falta entender, era la derrota.

Contra esas músicas, pensé que Cesar Vallejo podría parecer algo simple. Sin embargo, palabra a palabra y luego poesía no es una obviedad; es un ángel que dobla a tu lado y se va. No puede quedarse ni re ejecutarse, su mueca es tan breve que solo es motivo que no tiene forma y padece de todas las longitudes.

Sumido en tales melancolías, por un momento de lucidez me alegró que mi pena tenía más de pequeño burgués que de lacerante herida: era que el mundo no había cambiado.

No triunfaba el esfuerzo, el más débil no tumbaba al gigante y la fe, como escudo, se podía traspasar ¿Solo era fútbol? Otra parte de la vida caía en el olvido.

Me quise confortar pensando que nosotros, que alguien como yo, éramos fruto de Vallejo y que no era fácil contra un monstruo en dimensiones de Miles Davis. Eso suponiendo que Miles Davis haya sido el triunfador; pero no sé. De Jazz yo no sé mucho; en mi lucha contra la muerte, siempre ganó la vida:

Tu muerte no existe,
sencilla torpeza,
tierra extraterrestre,
delirio vacuno,
impronta invisible,
segundo alcanzado.

Tu muerte no existe,
próximo momento,
inercia lograda,
momento anterior,
luna igualitaria,
desierto pujante.

Tu muerte no existe,
microcefalia idealista,
inútil esfuerzo,
simpleza arterial,
arma antimuerte,
percusión insonora.

Tu muerte no existe,
amada insufrible,
canción paquiderma,
reposo espacial,
cardumen cayendo,
penuria azulado.

Tu muerte no existe,
andamio fluvial,
roca hueca,
lengua impostora,
melancolía bronceada,
nostalgia insurrecta.

Tu muerte no existe,
sistema nervioso,
mismo contrario,
espera acabada,
amable violencia,
café ensoñador.

Tu muerte no existe,
carta bocarriba,
todo inacabado,
nada agrietada,
orden tardía,
generosa envidia.

Tu muerte no existe,
compañía desertora,
fe cervantina,
espuma negra,
caricia inmodesta,
principio cobarde.

Tu muerte no existe.
Yo ya he vivido tu muerte,
palabra,
y aún estoy vivo,
gracias a ti:
contra el olvido.

Omar Alej.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Mis desnudas lagrimitas alegres: Nada.


“Van, las putas no quieren
orejas
quieren
dinero.”

Lo que hay que saber. Bukowski.


Con la cabeza en volandas
perseguido por dolores acuciantes
y siniestros, que dan miedo,
usted debe pensar que no he podido
darme cuenta de la intriga.

Cuantas veces los doctores
no han contado con el asco
que se siente al descubrir
lo que aprueban, lo que saben,
los que dicen que aquí están;
pero no están.

Yo te vi apareciendo
o eras tú que te me sales,
para ser,
en los espejos retrovisores de los autos;

Iba a punto de alcanzarte
y luego vi que tu pasión
era hacer un fotograma
a cada esquina de belleza
que tenías.

Yo lloré
-fui pan de nervios,
desnudas lagrimitas alegres;
acaso un mar de misterios las llamaba
¿dónde fueron?

Fueron tuyas
y son mías de algún modo.
Si no supe perdonar
ni qué era eso del perdón,
quise resistir;
pero me pesan.

Y ahora, enfermo de apatía,
desnudas lagrimitas alegres
se le notan al color del mundo entero.

Son del alma del borracho
que me cuenta que hay tiempos
que ya nunca se irán
porque no fueron…

Y de tanto calor el viento se arrastra  
moviendo las aspas de un ventilador
que no funciona  
y son desnudas lagrimitas alegres
de un hombre triste que aguanta
sin saber para qué.

Vago desnudo
a través de vagones
y la hierba se ata a las ruedas
sin que nada se mueva;
bebo de un trago la luz
ya que es a focos que me sabe la sed.
Por un momento,
desnudas lagrimitas alegres
destapan la máscara negra del sol,
antigás.

Si no supe perdonar
ni qué era eso del perdón,
quise resistir;
pero me pesan.

Son hormigas que muerden,
que mi mejilla la asan
con sensación de amenaza
e igual me condenan
a las naciones en donde
ya no soy aquel habitante;
que en realidad nunca fui.

Estabas contenta de verte
-te vi,
tu alada sonrisa
es de tarde y refresca.
Tu mítica piel deslumbrante
enchufada a los ríos de helio
y verte de nuevo,
otra vez.

Yo me puse a llorar
desnudas lagrimitas alegres;
como cuando ves de reojo
que a quien esperabas
se ha estado yendo.
Beso a beso. Esta vez.

Que yo por adentro
este hueco
le parece habitual a las horas,
lo mismo les da.
Así es como ellas
serán breves o eternas.

Algunas penumbras me siguen
y dan de mi cara
ante el dependiente de la tienda de vinos.

He querido
preguntarte lo mismo;
pero de tus ojos
la respuesta la sé
y son desnudas lagrimitas alegres
que no sincronizan
contra la historia
que se cuenta de mí,
que pasé hace tanto.

Omar Alej.

martes, 24 de mayo de 2016

Y luego tú ¿qué estas haciendo?

“…recorrí todos esos caminos
que debió recorrer algún día él.
Releí uno a uno sus libros
buscando pistas en ellos…”

 Incendios. Nacho vegas.

 
 Y luego tú
¿Qué estás haciendo?

Las hermanas se arrejuntan 
sobre muelles y en palabras,
que presiento brillan
dentro de la carne a contra luz.

Aún hay restos de las hojas
que sin saber qué es lo que hacía,
lloró el viento e hizo puente:

Todavía,
se llevó el diente de león
y era piel de las campanas.

Son recuerdos que los hacen
aún más vivos a los muertos;
pues en vida no gozaban de la fama
de ser balas de memoria
contra todos los olvidos.

Y se ciernen a los actos en los teatros…

Y se agachan como curvos viejecillos
que le dan los buenos días
a la flor que las estrellas
inventaron, ayer noche.

Y luego tú
¿Qué estás haciendo?

Esta vez las estaciones
no se llevan media vida;
no hacen luz y camarote.
Te conducen cual intruso
y llevan luces de tormenta
en un archivo:

La mentira
-esa mentira,
justo esa.
La recuerdas;
pero nunca regresaste
aunque sabias.
Y yo supe. Y ahora sé.

Otra vez el equilibrio,
como un síntoma de nada que te enferme,
no ha sido merecido, pues después…

Siguen locos los gorriones,
que es el nombre que yo daba a las palomas,
o las ratas,
que es el nombre que decías, deberían de tener.
Siguen lejos esos ríos,
los que cuenta el tiempo seco
que aquí había.

Volví a Puebla
por mirarte sin que vieras
lo que hacía después de todo;
Siguen dándose las misas
a las doce
y a las seis.
Hoy, tan solo
llegará a la media noche
y quien buscaba habrá visto
qué encontró.

Sino puedes creerlo,
no lo creas:

Es mejor que algunas veces
nada pase en realidad.

Y luego tú
¿Qué estás haciendo?

Omar Alej.

lunes, 23 de mayo de 2016

Danielo.

“Más de cien palabras, más de cien motivos
Para no cortarse de un tajo las venas,
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
Más de cien mentiras que valen la pena.”


Más de cien mentiras. Joaquín Sabina.


De mi miedo adentro,
no quería volver;
sino ha sido por él
me hubiese quedado a pedir
de llorar sobre un fuego apagado:

Olvidarme de todo
cuanto se hubiera pasado.

Pensaba en abrirme los ojos
y que al voltear a mirar
ya respirara otra cosa:

Por ser distinta valía
cualquier aspereza.

Pero cuando uno se va,
porque le teme a qué es
en el reflejo aburrido
de sus propias ventanas,
la fuerza se hace presente
y te recuerda que sigues
en lo que ataron dos niños
con un apretón de manos.

Muchos amigos
me han dado pistas del mapa
en la oscuridad
y con el Danielo –recuerdo,
más de un camino lo hicimos
sobre las vías enfermas
de un tren que ya no pasaba…

Nos pudimos rendir,
para tales heridas
las cicatrices no bastan.

Sin embargo su herencia
-florentina en el cuerpo
y de piel kurda en el alma,
no me dejó someterme a la suerte
y sin desmarcarse;
cuando más triste me vi
me santiguó a la mitad,
como un bautismo de fieras.

Desde entonces saber
es un acto de fe al revés,
retorcido.  

Yo estaba lleno de moscas
y cuando lo vieron llegar
se convirtieron en aire:

Abrió la puerta
que gira,
igual que había hecho
con tantos otros extraños.

Por bocazas
fue que antes no lo dije:

Muchas gracias, compañero;
cuídame, pues me haces falta.
Omar Alej.

viernes, 20 de mayo de 2016

Converso en el corazón.

“De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.”

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pablo Neruda.


Cuando leí aquellos versos
ya no pude reponerme
del aroma a juventud…
entonces supe que quería sentir lo mismo,
así de hondo,
así de fuego,
así de humano.

Y acabé, para sentirme en el naufragio, una vez.

La distancia en cada huella de la arena
que dejaban los turistas al andar,
entró en la habitación
sacándome hacia el vaso,
donde estaban hilvanándose las lluvias
del anhelo.

Minúsculas fracciones de la vida en las palabras
se habían vuelto
el tiempo entero y, corazón,
mi propia luna.

No tenía ni la fuerza del león
ni la astucia de los lobos;
pero era que había visto ante mis ojos
la belleza encarnada
solo en viento de sonora brevedad.

Nunca más creí en la cárcel.
Contra el gremio de lo obvio
entré en lo oscuro de aquel mar;
descubrí que ahora veía las medusas
y eran yo.

Mis amigos
me dijeron que mi rostro era de otro.
Luego en casa, fue mi madre
que asustada me pidió
que no volviera;
que mi acento se había vuelto
algo espantoso.

Yo empaqué lo más ligero que tenía,
un amor.

Y fue mi vida atracada
por el verso que era sal
que era espuma
y se movía.

Cuando ayer lo volví a ver
fue la misma ecuación
del universo.

Ojala que me haya visto
emocionado;
pues ya no somos más los mismos
ni él ni yo.
Omar Alej.

jueves, 19 de mayo de 2016

Ese rincón.

“Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías” 

Justo es decirlo. Williams Carlos Williams.


Ese rincón,
para hacernos amigos
y consolarnos del tiempo,
de la incomprensión,
de que nadie nos quiera
y de haber dejado la justa
de la adolescencia.

Los tres tazones,
el rojo, el blanco y el azul,
para pedir el café por la mañana,
sobre la tarde,
en la noche.

Que las ventanas nos vean,
que las cortinas nos vuelen
y que los muebles asciendan
a primerísima fila,
para ver en un filme
que nunca nos vamos sin decirnos te quiero: ¡Te quiero, te quiero, te quiero!

Por las canciones cantamos;
es necesario cantarlas
pues son el canto
de los cantantes que cantan
porque las aves –algunas, les hablan.

Y que la puerta este abierta
y en la cocina el olor
y sobre el fuego la sopa
y en la heladera los hielos,
para beber agua fresca.

Hoy nuestra más alta pasión
son tersas tardes de costura
y campanas:

Ahora, con todo revuelto;
pero puesto en su sitio,
digamos que somos
los habitantes más viejos
de Nunca Jamás.

Omar Alej.


miércoles, 18 de mayo de 2016

Reposo.


“El mar del Sur! Adelante, descubridores! Balboas y Laperouses,
Magallanes y Cookes, por aquí caballeros, no tropezar con este
Arrecife, no enredarse en el sargazo, no jugar con la espuma!
Hacia abajo! Hacia la plenitud del silencio! Conquistadores, por
Aquí! y ahora basta!
Hay que morir!”

El mar. Pablo Neruda.


No se van esos días
que ya se fueron,
no se van.
Han salido a buscar
y me buscan.

Quise escribir con amor;
tejía los puentes
con sumo cuidado,
pensando posible
hasta la última duda,
y me he caído en el borde.
Y al romperme en pedazos,
al tener que rehacerme,
han cambiado mis dientes por otros.

En las salas de las casas
había gentes y se hablaban
sobre dios y los milagros
sin que yo o los coyotes
importáramos gran cosa.

Escuché
-¿qué fue lo que escuchaba?,
quizá los giros giratorios
que movían las ruedas de los trenes
sobre mares que Neruda desnudó.

En lo recio del calor
parecía derretirse el horizonte
y nosotros que adorábamos la luna,
nos perdimos en mareos
de la fiebre y la pobreza.

Nunca nada fue tan dulce
como el ruido de la lluvia
cuando se iba yendo lenta,
gota a gota sobre el techo
de maderas y cartones.

Me dejaba los dos ojos
en acuarios públicos sin peces,
preguntando.
Sin embargo nos los traicioné
esos secretos.

No pasé del orificio que miraba
al lavabo en el baño de las damas;
lo demás lo improvisé
persiguiendo aquella voz
que le increpaba a las estrellas
su belleza.

Y aunque estoy erguido.
Y aún si logré poner un poco de amor
sobre la hoja,
he tenido que asentir:

Es algo aún más complejo,
abrázame.

Solamente tú lo sabes;
que no digo la verdad
cuando digo que no estoy pensando
en nada.

Omar Alej.

martes, 17 de mayo de 2016

Contra el sentimiento de orfandad.


“el niño me miró y me dijo:
el mar no es nada bonito.

fue la primera vez
que me di cuenta
de ello. "


Conocí a un Genio. Charles Bukowski.



Iré porque en el tren,
también venias tú.

Abrazarte;
un silencio.

A decirte que hay rebajas
en las dulcerías de la calle catorce
y que pedirte ha sido un gesto de pobreza,
nada más;
pero que vuelvo:

Quiera don Quijote
que al brincar de la palabra
y dejar de estar oculto
entre montañas de ficciones,
vuelva a ser de carne
y hueso, un domingo a la mañana,
tripulando entre los dos
el halcón milenario.

Me dirás que estoy borracho
que es preciso detenerme.

Tú de pronto ya lo sabes:
el mundo duele,
hay momentos
en los cuales las personas más amables
no consiguen acercarse
y ahora es cierto que detrás,
cuando apagas las luces
salen locos los fantasmas asustarnos.

Nunca tuve el coraje de mentirte
o de cambiarte de lugar según mirabas;
te diré sencillamente
que eres más que esa tristeza
y que el alma del guerrero
siempre cuida a todo aquel
que se lanza por los aires
y confía.

Yo también los he escuchado,
me dijeron
que anduviera con cuidado;
que al llegar algún encuentro
se podía ver la ley de las tormentas
trepidando entre nosotros,
sin dios ni santo
de por medio,
y ahí estabas.

Toma partes de este tiempo
que he pasado en la ciudad;
te pensé cuando al mirar
había un niño recargado sobre un libro
y parecía que quería
decir algo. Menos grave,
esta vez.

Omar Alej.

lunes, 16 de mayo de 2016

Tan solo Ed.


"Don't you know, little fool,
you never can win?
Use your mentality,
wake up to reality."

I've got you under my skin. Frank Sinatra.


Siempre que cuento esta historia me gusta contarla, pasando, entre la una y las tres de la madrugada. Para mí es muy glamuroso decir que el botones, Guillermo, había adentrado primero en el cuarto y que entusiasmado –con un punto ridículo, le iba mostrando aquel piano, negro de muerte, entre todo un decorado en colores pasteles y acabados mohínos.

Ed recorrió aquella pieza. Se despojó las mancuernillas. Se asomó a los balcones; entre sus dedos sintió la textura de cada cortina. Y dejó abierta la llave del lavamanos durante el minuto en que oía sobre sus ojos la imagen sin claridad; que aún se movía en sus adentros.

Desde el futuro al pasado, esa parecía la ruta de sus zapatos tirados sobre la alfombra. Y también parecían acomodados ahí por un agente de orden estrafalario.

Deshizo la cama. Removió las botellas en el mini bar. Ostentó que miraba las flores en un florero esmeralda…

Y deshizo la cama. Podría ser que buscara, debajo de la cubierta, algún indicio de no ser el único que habría estado prisionero en aquella prisión de gusto exquisito y un poco cursi. Acaso la imagen de Clint Eastwood hizo patéticos monstruos de niños ingenuos, aún con betún en los labios.

Escribió con un lápiz, en el tapiz de la pared, un listado de números telefónicos que iba inventado: esos mismos serian la forma de localizar a villanos sin alma que no discutían si se llegaba la hora de acomodarse con una señora casada. Que abandonaba su casa, para irse detrás de lo que la noche llevara delante.

Escupió al levantar la tapa del sanitario. Se santiguó tres veces seguidas frente al espejo y en una sola sonrisa se sonrió las tres mismas veces. Apuñaló con los ojos el pomo de la puerta cerrada…

Levantó el auricular del teléfono y llamó; no atendió nadie y él ya sabía que del otro lado, a cuarenta y siete kilómetros de distancia, nadie quedaba que pudiera atenderle.

Con la línea abierta y la llamada fallida; se fue a donde el piano quedaba en silencio y en las teclas tocó un recital de romances durante cinco o seis horas. Cantaba bajito, como al oído de alguien. Su voz era bienvenida por los decorados y cada cuadro colgado de la pared hubiese querido ir al trote de las notas salidas del alma de aquel instrumento.

Se desajustó la corbata; pero se la dejó bajo el cuello de la camisa y al recordarle -en mi mente, simulaba una época falsa que en él creía tener y que en él mismo perdió. Lo puso triste saber que no había nadie pegando el oído en la puerta y que nunca hubo nadie, para besarle la frente como lo harían con un santo; después de escucharlo tocar con tanta elegancia. Con tanta ceguera.

Ya casi había olvidado a la mujer que estaba vuelta un cadáver del otro lado del teléfono. La que ya sabía que no podría atender su llamada.

La mató con las manos; una estrangulación perfecta: fue con canciones que le explicaba por qué.
Omar Alej.

viernes, 13 de mayo de 2016

Es lo que diré sobre la lluvia.



“Era de noche y llovía, y al caer era lluvia, pero después de caída era sangre. Y yo estaba en la marisma entre los altos nenúfares, y la lluvia caía en mi cabeza, y los nenúfares suspiraban entre sí en la solemnidad de su desolación.

Silencio. Edgar Allan Poe.


Es por donde el universo se escapa.
Por la estrella y por la luna,
hace muesca en la raíz.

Me trae de vuelta
y me lleva.

Su dentadura acaricia
el mar de fondo.
Baila en imposible gamas de colores,
las gotas son peces:
¡las gotas son peces!

Enferma.
Libera.

A niños pintados
socorre y dirige.
Angustia.

Acometida de magia y ternura.

La estatua pactó
su condición de habitante.
Si no cae ahora mismo,
caeré.

Me es necesario escucharla.
Cualquier palabra que disponía,
como reserva,
la consumí. Ahora vendrá.

Me trae el fuego y la voz.

Estoy mojado.
El sol me derrama.
Da miedo extinguirse.

Puede que sea el guardián
de una raza ilusoria.
Como quien oye disparos.

También mi barquito de madera
espera que suba la marea;
quizá no recuerde.
Es lo que hacen las gentes.
Olvidan.

Tremebunda impostora.

Partiré de charco en charco
hasta llegar…

Seis o siete veces al día,
creo escuchar los cascos de caballos
sobre las piedras del camino;
es la mejor sensación,
para negarme hacerlo.

Doblan las campanas.
Así renace la memoria.

Plaga el amor
sobre los cuerpos descarnados
de los perros sin un techo.

Brilla convertida en esmeralda,
la botella de licor sobre una franja.
Sobre las mesas que fueron abandonadas.

Alguien siente una agonía
de pasión en una carta.
Ha pasado el tiempo
y volverá a pasar.
Sigue pasando.

Ya ha deshecho cualquier pacto.

A la costa.
A los bosques.
Al desierto.
Corre.

Yo nunca he dudado
que podrían ser los demonios
invocándola
en un lugar oculto de los cuentos de Allan Poe.

Dios del trueno.

Los zapatos las prefieren secas.
Dentro del supermercado
todos serán iguales.
Cambiarían cualquier reino
a cambio de salir en televisión.

Ya no puedo distinguirla
de un total de fibra óptica.

Está en todo lo que amé.

Sigo andando.
Voy siguiéndola.
Se demora
y la sangre en mis venas
se hace espesa;
como avena de orfanato.

Veo debilitada mi mirada;
mi reflejo sobre un río manso.

Sé que viene hacer correr,
calles abajo, la tristeza.

Es lo que diré sobre la lluvia.

Omar Alej.

jueves, 12 de mayo de 2016

Vuelveme Slow.


“¿Existe algo más vacío
que el cajón donde
uno solía guardar el opio?”

El estado del cajón. Leonard Cohen.


Descendiste del cielo del norte
e inventaste el granizo,
para tomar el sur:
patria hueca de cualquiera que prodigue
el azul de dios en sus zapatos de charol.

Nosotros en susurros
pedíamos por vacacionistas en bikinis
que hablaran en francés con acento de la costa.
Ya ves.
Es el síntoma del destino.

No tenías necesidad alguna,
los locales te recibimos sin agua.
Ya ves.
Es el acabado de lo que alguna vez
era nuestro patrimonio.

No he pedido nunca que alguien muera,
una tarde quise estar a solas con la muerte;
pero vamos, eso pasa más después de despertar.

Caminé entre viejas luces de navidad,
de segunda mano
y cuando quise comer un caramelo
estaba ahí,
en el velatorio de un hombre a color
que a pesar de los avances
había sido un soldado muy condecorado.

Tú venias por el trigo
y trigo fue hasta el granito.
Tú venias por la gloria
y cada animal muerto obedeció
su turno en el rastro.
Tú venias porque allá
algún otro había llegado.

Tú,
cuando buscaste,
no entendías que aquellos cajones
estuvieran llenos de ofrendas,
para ti:

El lápiz labial de Cenicienta.
La cinta de medir de Blanca Nieves.
El himen purpurina de Cleopatra.
La pequeña insuficiencia de Helena.
La neurosis de Julieta.
Y un gran pino;
no preguntes para qué.

Tampoco digas nada de las ratas;
aquí en todo el sur,
toda la fauna
te pidió que no te fueras
y volviste
por el camino que habías hecho, para irte.

No te digo quien soy yo.
Jamás te robaría mi rostro.
Te entrego tus ojos
que son tuyos, para ver.


Omar Alej.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Ratifico: Es la Luna.


“En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas.

Blanca Nieves se despide los siete enanos. Leopoldo María Panero.


Búscame
en la puerta sucia,
en las ollas contra el piso;
en los restos de la copa
aún unidos por el vino.

Búscame y ve con él
que se ha ganado en las carreras de caballos
veinte acres de alegría, apostando sin mirar
a la coacción de los espíritus.

Tu corazón es una hoja
y deja que te lleve;
que te ensucie y pinte marcas
de lágrimas de carne bajo un cielo de tifones.

Entúrbialos,
sus ojos son el mundo que te mira.
Entúrbialo y distingue,
los puentes del destino:

Un acto mortal está escrito en tus manos;
pero viaja en un mensaje en la botella.

Y son palabras de memoria,
en poesía que derrapa en el drenaje,
que recuerdan que la luz incandescente
será hecha por la sombra.

Afina tu fisura,
abre tu avería
y que el público lo vea.
Ese bicho tuyo adentro,
una gracia de arrabal
cantando alto…

En tiempos frívolos,
resistir.

No maquilles el silencio,
calla alto, por encima de la punta
de los pinos en los bosques,
y brindando por la nada
en la que todo se consume.

Busca el temple de las notas musicales
y seduce con huidas
al ejército invasor que busca el oro;
y dale el oro que ya nunca será de nadie.

Mucho antes que tú
se sabían los arribos por llegar…

Y hubo alguien que bailaba.
Y hubo alguien que tocaba los pezones
de una ebria realidad
en un obturador.

Te amaré
con el sentido del camino
y al llegar volveré a ir;
te habré hecho
media noche en el puerto
que hay detrás de la alambrada.

Busca al acto más hermoso
de la luna,
ir por dentro.

Omar Alej.

martes, 10 de mayo de 2016

Esa chica es mi Doña; Mi jefita.

“y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)”

A mi madre (reivindicación de una hermosura). Leopoldo María Panero.


Soy el hijo de una chica
que pasea la ciudad,
falta de algo que la guarde.

Ha mordido la manzana,
fue expulsada sin Adán;
la culparon de las pestes
y diluvios,
apedreada en una plaza de la moda;

Pero igual se mira al cielo y se pregunta
si la estrella está mirando a otra parte
o si acaso lo que ve
no la seduce.

Se le han dicho tantas cosas sobre el tiempo
y hasta cosas que no suelen molestar,
la persiguen por mandatos oficiales de cadenas…
algo en ella es un parte de la guerra
y no cede ni un milímetro ante el miedo,
siempre va;
Y es que es muy brava
-muy mujer,
no hay quien comprenda.

Nunca faltan los que dicen que esa chica va perdida,
que les debe,
que ha robado o que mentía sobre todo.

Sin embargo el coraje, entre cobardes, 
no es del todo popular  y ya no vende:

lo de hoy son los derechos
según Freud.

Yo conservo esa lámpara,
quedo, abajo, sin maravillas.
Le hice un rostro con el lápiz
y sonrió porque el dibujo fue llorando.

Hace tiempo me cambió
por un marido,
bien por ella
y mal por él que no sabía
lo que comen las dragonas
una vez que han regresado de la lumbre.

Hace tiempo, forajidos de la ley,
nos dijimos que eran falsos los milagros  
y que haríamos mejor, solamente, el intento de seguir;
día a día-poco a poco. Aquí en la tierra.

Es la Doña
y es un sueño que tendrían
los niños de un país
si acaso fuera alguien asustarlos
con poemas de Panero.

Esas curvas,
ese cambio de potencias
-adalid de mis ternuras,
son mi madre:

Soy el hijo de una chica
que no tiene par ni nones,
solo es ella.

Me divierte imaginarla
y lo que sé
-en realidad, si me preguntan,
todo ha sido divertido,
porque sí.

Porque el tiempo se nos pasa
y sentirse un ave negra
es acaso el mismo modo de perder
la fantasía de la lluvia en los otoños.

Soy el hijo de una chica
y los chicos en mi barrio
me decían

“tu jefita, esa sí que está muy buena”

Omar Alej.

lunes, 9 de mayo de 2016

Speedgod.


“He made some mistakes
but when He created you lying in bed
He came all over His Blessed Universe.”

Yes yes. Charles Bukowski.


¿Dónde está?
¿justo aquí?
¿es ahora?
¿tú lo has visto?

Quizá pasó mientras dormía;
ayer desperté
y no tuve sueño,
pedí más de lo que había
y no era poco.

Puede ser
que sea esta luz
y aquella rama
en la que mece síntomas de claridad.
Tal vez el hondo negro
de la tinta en el papel.

En América te dicen
que dios está,
clavado por las garras,
sobre los hombros de un indio ranquel…
y que dios no se descalza.

En los límites del día
hay un eco y se percibe
sobre el juego encadenado al corazón
de una cierta bailarina,
en mañanas de domingo.

Es un puente hecho de agua
que atraviesa la sequía
¿ese es dios
o los días de tormenta
que guerrean contra el limbo
de ojos ciegos?

Cuentan que en la esperanza,
que en el brillo de una vida sobre el agua.
Pactan con los cuervos que sería más que un cuento
de sapiencias;
y podría que ser fuera
lo que sube y lo que baja
en una cresta voluptuosa
de deseos.

Dios el lobo,
dios semilla,
dios el hombre,
dios el viento,
dios que fue, fauna de dudas.

En su propia velocidad
se escapa y aparece
según veo en las aceras
un cadáver que camina
empalado en los pies de un niño.

Omar Alej.

viernes, 6 de mayo de 2016

Isis Cook; la mujer de Omar Alej.


"Quizá esperen oír de mí lamentos de ‘lo mucho que se sufre’ viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr" 

Frida Kahlo.


Así,
por lo bajito:

Cuento los minutos
y te digo
que aún te quiero Omar Alej;
aquí te quiero.

Dentro mío haciendo daño;
nada más sabes hacer porque eres bueno.

Cuando lloras de contento,
de emoción que es imposible
y que tú sientes al mirar solo un reflejo
de la vida que viviendo inmortaliza
su maleva brevedad,
me mojo toda.

Eres todo un mito callejero
con tus faros y avenidas
pestañeando…

Cuando callas
ni siquiera en el silencio hablas bajo;
pareciera que tuvieras algún pacto
con las nubes, allá arriba.

Qué más da ser yo la tonta,
en el fuego en el que crees,
ardería
sin decir jamás que fuiste una mentira:

Tus promesas incumplidas
me salvaron de creer en lo que creo.

Con el cuerpo acostumbrado
a los cansancios,
te he mirado empezarlo cada día
por la noche
y saber que viene el sol detrás de todo.

Vaya genio
que te has hecho,
esa mente en su volada
pareciera la de un pez que va en pastilla
y que nada sobre campos de exterminio.

Sí, querido.
No supero la ocasión
en que comiste de mi sexo
con total indiferencia;
como un chulo folla putas.
Eras más
que lo que has sido,
queda claro en el espejo
que te dice de palabras que te buscan.

Este hombre
que aquí está,
no está tanto como tengo tus ausencias;
me mostraste como era la cocina de una bruja
y cociné, yo, para ti,
cualquier pudor que contuviera…

Sé que amas con soberbia;
que tu estilo
es lo único que pruebas.

Que invisible
y que atorrante
te me vuelves a las tres de la mañana;
cuando busco y ya no estas,
porque no estabas.

Qué esperanza
que me pones cuando ríes
tan villano,
cuando miras a la gente por adentro
y le socorres en sus penas;
apagando realidades y rutinas:

Solo tú.

Muchas veces te busqué
y te encontré chapoteando con sirenas
en un claro de la luna.

Eras, siempre eras,
ahora lo sé.

Te bendigo Omar Alej.
Por tu maldita vanidad,
yo te bendigo.

Isis Cook.

jueves, 5 de mayo de 2016

Y se ha ido.


“Celine se había ido
y Picasso se estaba muriendo.
París fue absolutamente nada.”

París. Charles Bukowski.


Esa sombra
y el cartel de Buster Keaton.
Las guirnaldas de papel
que una novia -ahora muerta, perfumaba.
El terremoto colosal
que le provoca una ventisca cuando lee
a Lautréamont.

Vive al lado;
solo un muro hecho de harina
nos separa y lo escucho
cuando escucha grabaciones viejas
que imagino son de Bach,
porque recuerdo.

Ese es él
y si sale a ver el flujo de la gente entres las calles
va vestido con cuidado
e improvisa con bocetos que son horas esperando
a nadie más.

Recomienda seis o siete copas diarias
de aguardiente;
beber y no darse la vuelta
cuando duele:
resistir.

No despierta con buen temple,
echa un grito, gruñe, toce
y golpea sobre el piso su talón izquierdo.
Me pregunta que día es hoy,
le respondo que es ayer:
cuando tenía menos hambre
y más tino al orinar.

Se disculpa
por tener buena memoria.

Ha olvidado,
no fue tanto
y no fueron tan fuertes;
solamente algunos dientes,
mechones de pelo
y dos costillas.

“Eran niños”
eso dice de los guardias
si se atreve.

En mi nueva dirección
soy vecino de psiquiátricos
y albergues:

Yo también creí romántica esa mierda.

Cuando llueve me confiesa
que adoró
y que el diablo apareció,
para pedirle un cigarrillo;
si no tienen de fumar en el infierno
¿cómo arden?

Hace días me invitó
con una taza de café
y sabía algo.

Mirándonos sin decir nada
echamos mano al domino.

Como en un pacto
solo fue,
cerré los ojos
y vi caballos;
cuando a lo lejos los perdí
y volví a verlo,
su preferido era el rojizo.

No es que este loco,
también reniega con la cabeza
cuando el olor huele a quemado.

Omar Alej. 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Natural born deep (Camboya).

«Solo son grandes entre los hombres el poeta, el sacerdote, el soldado. El hombre que canta, el hombre que sacrifica y que se sacrifica. El resto es digno del látigo. Desconfiemos del pueblo. Del buen sentido, del corazón. De la inspiración y de la evidencia».

Charles Baudelaire.



La vieja Gloria está llorando amargamente,
sobre un cofre que es muy breve
en el que baila una muñeca respingada;

Pero no sabe entenderse
¿qué pasó?
¿qué hora es?

En invierno se encontraba,
buena y limpia, en los brazos de un gentil
hombre cabal
que había puesto dulces nombres
a sus perros y a sus gatos de domestica edición.

Ya había roto
con el peso de la tinta
que en su alma había grabado
ese niño miserable
que ante todo era un poeta…

Entró al río
y mojada de los pies a la cabeza
se talló del cuerpo el viento
que las sórdidas mentiras…
habían hecho hongos en ella.

No acudió
ni por curiosa al funeral de las botellas descorchadas.
Se fue;
haciéndose mujer saltó del pájaro que huía.

Llegó al Oro,
ese town tan celebrado
por su tierra fresca y viva;
en la mesa con legumbres
se remontan a los viajes a París
que flasharon sus memorias
con belleza y altivez.

Capitana de un avión, primera clase,
se olvidó de aquellos versos de Neruda
que volaban de la luna hasta aquel día
y frotó frente al calor del fuego tibio
sus dos manos:

Sus hermosas manos frías y huesudas.

Ya fue abril
y es primavera;
con setenta años menos
-ya vividos,
ahora sabe que la sal fue lo primero
y que perdió cuando ganó los atributos
de la fuente de la miel.

Algún día pasará, en cubierto por ahí,
para ver ratas de verdad.
Omar Alej.