lunes, 11 de abril de 2016

Patíbulo.


“No quiero de ti vanidad alguna
que te demuestre.

Sé que el tiempo
no se llama como tú.”

Todos cuantos te buscan te tientan... Rainer Maria Rilke.


Busco en un pequeño libro;
lo hago ahora pues antes
lo dejaba aquí y aparecía por allá,
no sé dónde…

Desde que lo encontré  
-como un acto de magia
 (Man Of The Way Wherever  
dice que no lo trajo
y todos a quienes pregunto
dicen no haberlo traído
en su mochila de libros sagrados),
me negaba a leerlo
por herir mi altivez.

Tenía y aún tiene
el mismo carisma
de los hombres callados.
No es que me niegue
que el silencio sugiere;
pero es que es un poco una mierda
eso de darle ornamenta
a quien no dice nada:

Un ambiente trillado
el de los misterios.

El libro es de un mundo sencillo,
sin las catacumbas
y sin odas castrenses
de Michel Houellebecq
al futuro,
es un relato impreciso.

En la historia que cuenta
solamente hay un dios
y la gente se mata,
solamente hay un perro
-que no tiene dueño,
y la chusma que es brava
se monta una tromba,
para hacerle callar
a quien sea que esté haciendo aquel ruido…

No es el contexto,
lo que mata a la gente
es la gente que mata
y en el libro –te dicen,
uno de cada tres nenes
ya viene con bombas.

Yo quiero encontrarme tocado
por palabras de amor
en un verso blanco
y le pregunto por treguas
a don Ángel González
y por revelaciones a Rilke;
quisiera copiarlas:

De su inspiración
inspirarme yo un poco,
para deslumbrar
con un corazón delicado.

Sin embargo,
señor juez,
estimable jurado,
sé muy bien que fui yo.
Tales ritos de sangre
se parecen a mí;
pero soy inocente.

Es verdad
que mis huellas
están en la misma cuchara que utilicé,
para sacarle los ojos
(en realidad
quería las corneas);
pero soy inocente,
públicamente inocente.

Me dividieron señales
que han afectado mi antena;
pero igual no volví
nunca más a Sonora  
ni he inventado la grieta.

Cuando esperé todo un día
debajo del sol del infierno
sin saber qué esperaba,
no formulé la oración
al pie de la pólvora;
solamente he contado
que tuve la garganta seca.

No he recortado la tela
que después cocerían
a las banderas
los prototipos del hombre…

Apenas hice muy poco,
de verdadera maldad
me declaro inocente;
Pero -en efecto,
soy yo.

Omar Alej. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Leyes de Dios y de la patria, en simple papel. La verdadera ley esta donde se aprende la lección de vida,queda marcada y no crea dudas o lagunas

Carlito