miércoles, 6 de abril de 2016

Gracias.


“Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
                                            la memoria.”

A mano amada. Ángel González.


Es porque te ríes
y es por las razones luminosas
de los monos y los plantas
que te hacen llorar.
Es por tus pañuelos de la paz
secándose al sol
junto con tus fuerzas
de animal caníbal.
Es porque me enfermo
cada vez que vivo un poco
y tú te cuidas todo el año;
así puedes defenderme de la muerte.
Es la piel de tu rostro en la mañana
que es muy tersa
y que me hace que me gire
a tocar el piso helado,
por saber si no estoy solo,
si imagino.
Es por tu violencia
y porque ordenas de ese modo
tan intenso hablando bajo.
Es porque el reflejo de nosotros
al espejo no le importa;
nos ve claros,
en color de marineros
con los ojos avellana.
Es el síntoma de ser amigos juntos,
de la broma, de los mitos
y la suerte.
Es porque no
nunca renuncias
a probar el eco de tu voz
en una iglesia u hospital.
Es la noche de aquel día,
te recuerdo;
te tumbé sobre la tierra
y me ausenté -dentro de ti,
de lo de afuera de mí mismo.
Es porque se apaga el sol a cachos
y tú dices que no importa,
que ya falta muy poco,
para ver la luz completa.
Es la casa de tus padres,
donde había de comer
todos los días;
cuando veo que llegué de tanta gente.
Es porque me dieron besos
y ternura
y tentación
y compañía;
fueron grandes corazones
y no supe que tendría que saber –además,
sobre el dolor
que duele en modos sobrehumanos.
Es la una de la tarde
y no podría abandonar este país
sin advertirte:

Es porque cambié;
el camino de Damasco
lo hice yo.
Omar Alej.

1 comentario:

Anónimo dijo...

https://youtu.be/RRVH7RBU3gw :)