martes, 19 de abril de 2016

Cocodrilo, habla.


En mi cabeza, una voz era mejor que cualquier otra voz que yo hubiera escuchado.
Se me escuchaba triste y muy suave; de una melancolía inexistente me sugería que nunca más dijera nada:
“Quédate solo conmigo; aquí hablaremos los dos”
Ciertas veces regresa; ya nunca dejé de ser un solitario.

Diario de un Moto/Circuito (2016
Omar Alej.



Dispón de buen temple
y encaja una risa
si te cuentan los dientes,
para disimular.

Dicen que es un día gris,
que la ciudad inflige ceniza
sobre el deterioro
de sus aves custodias:
qué difícil saber.

Yo estoy donde
el océano atlántico
aguarda;

Sobre trazos urbanos
que no asustan
ni penan el ocio
de los caminantes,
esto es américa del norte
y en parte parece
la ausencia de ti
como un centro de atracciones
en tres dimensiones.

Pregunta a la tierra,
son solo huellas
lo que anuncia al hacerte
antes de que llueva.

La gravedad no te llama,
dice de un sitio
donde siempre estás tú;
podría ser un cuento
que trata de un puente…

Me escribes que la aurora
se te pone de espaldas
cada mañana  
y que hay luces negras  
al andar hacia otros caminos;
y ya has quemado el laurel.

Que no te detengan  
fronteras sin nadie  
en un retorno;
y que distingas
la verdadera planta de un tesoro
si te cercan ladrones,
es lo que pido por ti
y para ti
si no he perdido el aliento.

Quedemos a vernos después,
una vez que regrese
habremos cambiado;
yo querré coca cola,
no puedo comprometer nada más
¿qué me dirás de esa voz?

Comete los mundos,
todos los posibles.
Y si alguien afuera de ti
te llama a salir
no digas que no.

Sé por la prensa
y la radio
y la televisión
que te han estado esperando;
porque el cocodrilo se ríe,
también.
Omar Alej.

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