domingo, 17 de abril de 2016

A una chica allá en Miami.


“No pretendo convertirte en una burguesa, Naomi. Si la cama te parece demasiado lujosa, podemos hacerlo en el suelo.”

El lamento de Portnoy. Philip Roth. 


Si fuera más como él,
como me pides que sea
¿qué color le pondrías
al techo que veo
cuando me quedo dormido
en la estación del Greyhound?

Ya no diré que fui un poeta;
será un sueño
que los niños no tendrán
nunca jamás,
más.

Es cierto que podría
dentellar todos los temas
de importancias importantes
en un café boutique
del distrito Winwood
y no lo hago:

Junto tickets de descuentos
y acostumbro comer
sin poner los codos en la mesa;
no suelo salir tanto
ni en la misma manera
en la que salen
palabras del silencio,
con acentos asignados.

Cuando llego a esta ciudad
nunca olvidé
que provengo desde el fondo
de los pechos
de mujeres que me alientan
a seguir siendo lo que sea
menos que un hombre.

Al pisar el aeropuerto
otra vez no soy un ave.
No hablaré en ingles
-sorry, i don't can't-
y tú no deberías
preguntarme en español
por lo que celebra el día de muertos

No he rompido nunca una piñata
y no soy un entusiasta
de las luces en rosa mexicano
en una playa de oaxaca
o cualquier otra referencia
espiritual.

Bebo ron
porque es pirata
y aunque tus intenciones
son pacificas y democráticas,
e inocentes,
no me asusta Donald Trump
ni el ku klux klan.

Tengo pesadillas
de escalones que no acaban
y no soy,
porque no puedo ser,
más como él,
como me pides que sea;

Tengo en claro
un catálogo de dudas
que está escrito en verso.

Omar Alej.

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