miércoles, 2 de marzo de 2016

Deja que llueva.


“y los hombres que se habían quedado sin trabajo
miraban por las ventanas
a sus viejas máquinas que morían
como objetos vivos
allí fuera.”
No tenemos dinero, tesoro, pero tenemos la lluvia. Charles Bukowski.


De este mundo
la chica que me gusta es invisible.

No les diré de sus ojos grandes,
como un estadio de béisbol
iluminado por la noche.

No les diré
de su extrema delgadez
tan sibarita.

No les diré de cada idea
que yo tengo,
cuando pienso
que tenerla sería un rayo fulminante
a mis naciones.

Solamente he de contarles
que he ido a su lugar
entre diez y muchas veces,
en un día…

No sé mucho de la vida.
Sí, conocí a varias mujeres
y quizá es cierto que fueran dos cientos
de Ella;

Pero no fue como soñé que seria,
nunca nada de ese emocional tesoro
devolvió ferocidad
o calma sabia.

Se pasó
y lo pasado
es muy pobre en inventiva
o es al menos la certeza
de que cierto es muy poco:

Surte más la duda en vena.

Podría ser que nunca haga por tocarla;
me reservare el derecho
de observarla
sin hablarle
-a lo loco,
en plan anacoreta.

No seré quien aparezca
cuando esté a punto de caer
ni sosteniéndola por el brazo
-con ternura; pero fuerte,
de mi boca saldrán besos
que no he de pedirle
y que yo le daré casi temblando,
no.

Aún si ahora es incorrecto el pesimismo,
no confío en hacerlo.
Ya no tengo el corazón
y por el niño que hay en mí,
ya es momento de alejarme
de los libros de Goethe
y del delirium tremens Poe.

Estoy frío bajo mantas,
en mi sillón,
y casi puedo ver
cómo hace su trabajo la muerte
en mis sentidos.

Solía ser un hombre bueno
y en el fondo un miserable.

Todas esas telarañas
de las que soy prisionero
están hechas
y no se queman.
Intenté subir al tiempo;
pero no se queman:

Tela resistente
es ser imbécil.

Intentaba terminar
de escribir esto
y que tuviera sentido;
pero necesito otra palabra.

Nada cuadra.

Ahora vuelve
a llover.

Omar Alej.

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