lunes, 14 de marzo de 2016

Con menor suerte.


«Adán y Eva, después del desayuno, se pusieron el chándal, cogieron las bicicletas y salieron a pasear. A medida que avanzaban se iban creando los caminos, el paisaje, los ríos azules, los valles, los bosques, los animales. Por la tarde crearon también la música de jazz y el güisqui y así hasta la mañana siguiente que fue lunes y ya intervino Dios.»

Manuel Vicent.


No podía tener más de diecinueve,
se le notaba en la manera
de cuidar el bolso de su madre
y en la forma
de creer que eran historias
las huellas de lodo en las baldosas.

Cada tarde
sin hacer un aspaviento
estaba puntual,
para ver irse el autobús de las seis;
cada tarde.

Un ex marinero
que dormía en el cajón
donde una vez vendieron globos,
con los dedos de carbón
la dibujaba en viejas hojas de los diarios:

A veces parecía un animal
y otros días
-con menor suerte,
parecía una belleza,
otra más.

A mí en lo personal
me sugería tan solo el eco
de una cosa intensa que escuchó
en su grabadora;
poco o nada me parecen
los encantos.

Supongo que insultada
por lo poco que aprecié
su inteligencia
de brillante oscuridad,
se acercó tímidamente,
sin subir la voz del suelo
y preguntó.

<<Y ¿Cómo sufren los poetas?>>

<<¿Poco a poco?
No lo sé.
¿Quién pregunta?

Con las leguas en Liberia,
con la arena del desierto
en la garganta.
Con la sed como un aliento
más y más agudo cada vez>>

Yo intentaba aprender algo
y su pregunta formulaba
ciertas dudas en el hecho
de los quesos,
de la lumbre
y de la luna…

¿Cómo sufren los poetas?
Yo no sé cómo lo hagan.
Debe ser que con el pecho
y con las venas.
Debe ser que si los dejan
sufren por aquellas
lagrimillas
que no lloran nunca más;

Ni siquiera cuando ven
que por la noche
habían quemado cada puente
que juntaba sus deseos
con la paz.

Uno fuerte sufriría
como un diablo…

Uno humilde
sufriría con destreza…

Uno loco
sufriría con las paredes…

Uno libre
sufriría la gravedad…

Uno así;
que sea poeta –en realidad,
es probable
que no sepa como sufre
y que sufra por las alas
que lo llevan.

Me miró desconcertada.
Aterrada
por no ver en mi temor alguno
ni tampoco nubes negras,
más allá del habitual
cielo quemado.

<<¡Ya veras
como se sufre!>>
Sentenció.

Pero yo
cada vez que vuelvo a casa
se lo muestro:

Mi tatuaje es de pirata
y los poetas toman agua.
Omar Alej.

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