viernes, 18 de marzo de 2016

Aún sin medallas.

“¿Cuántas veces pudo ocurrir
lo que parece ahora tan extraño?”

Baño de doméstica. Carlos Barral.


Yo no he querido mentir
ni tampoco ha hecho falta,
a las mentiras las vi
lo mismo que he visto
impactarse una isla
en los ensueños de un niño;
así de humano es que soy.

Aprendí mi pureza
de frente a los aparadores,
en un traje tres piezas
y zapatos de cuero,
queriendo escaparme
al mismo lugar al que han ido
los que estaban aquí
y hoy no están.

La chica a mi lado
es una mujer
y ha roto con Ella
sirviéndole fruta
y un té.

Se enjuaga el cabello
y yo solo veo sus pómulos caros…

Raciona las partes
que vienen de antes
y el don animal que utiliza,
para convertirme a la luz
y a lo oscuro,
al color
y a la sombra nocturna
que habita entre el cuerpo de los dos.

Después del amor más liviano,
iniciado en su boca,
ayer por la noche
me he ido a dormir.

Complacida y lunar
se ha quedado en la sala
leyendo revistas
que olvidé recoger;
cuando he despertado
ahí estaba a mi lado:

Nuestra primera vez,
para siempre será
más que un cálido bis
al desnudo.

Acabado el arroz,
cuando quedan las nueces,
en su corazón de granada
siembro una nota
que delata mi antojo
de comer la raíz
de sus pies y sus manos;
es un sueño caníbal
que me ha despertado
la primera quincena de Marzo.

Además es real;
soy un tipo que sabe
no saber nada realmente.
Ya no digo que soy,
empezaré por decir
he sido/seré:

Mi carácter un fallo
que aún está por hacerse.
Omar Alej.

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