lunes, 22 de febrero de 2016

Ya y para siempre.


Se sentía el mundo nuevo
y posible el desacato
ante las penas.

La animalidad de la alegría
aparecía detrás de las transparencias
y al cerrar las manos
casi podía ser algo
todo aquello que salía de entre ellas.

Estaba cerca el agua,
la pieza se mantenía cálida
y desde los distintos caminos
que se conectaban
una procesión de dioses festivos se iba apareciendo…

Los alfileres
que sostenían el mar en calma
estaban fijos
en las comisuras de la suerte;

Pero el aire
fue incomodo,
vino del mundo,
donde las sombras…

No es nuevo
que un mínimo detalle
decida a un hombre
a romper con todo.

Ya y para siempre.

Omar Alej.

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