miércoles, 24 de febrero de 2016

La vida de Salomon Milk: La historia universal a lo tonto.

“Though I’ve belted you and flayed you,   
      By the livin’ Gawd that made you,
   You’re a better man than I am, Gunga Din!”


Gunga Din. Rudyard Kipling.

Hacía un calor distinto,
precursor de las demencias.

La temperatura
sobre los aceros irradiaba brasas
hacia los pastizales…

Y los perros se ladraban entre ellos;
como si avisaran
ver la era del infierno a color
en sus miradas blanco y negro.

Eso fue lo que pasó,
a grandes rasgos:

Mucha lumbre
y mucha sed
y mucho asco.

No lloró.
Se fue arriba, a los tinacos,
y robó galones de agua
que no habían evaporado todavía.

Los llevó a donde estaban sus hermanos
y encontrando una forma de hacer brisa,
ante el diablo,
se sirvieron tragos largos,
para dar al fin del mundo
una nueva resistencia.

Mucha gente
volvió extraña
de haber visto de tan cerca
al astro rey.
No entendían ese cielo hecho ceniza,
no querían nada más que descansar.

Pero él, un tipo bajo,
sin mayores pretensiones
que el cobrizo de su pelo,
decidió que las historias que interesan
tratan de lo que se hizo
y solo en parte de lo que pasó.

La tortura de los vientos como un horno
devorándole la piel,
no valió para romper su directriz.
Se fue haciendo direcciones,
propagandas de poemas,
altruismo por los que lo dieron todo,
convenciones para ausentes.

Se fue haciendo;
que es la forma más correcta
para estar.

Puede ser que fuese un loco
nada más
y que un hombre al resistir
no tenga claros los motivos
para hacerlo.

Sin embargo
el deber de vivir
alguna vez fue más que el mundo
y mucho más que aquel calor,
para Salomon Milk.

Omar Alej.

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