martes, 9 de febrero de 2016

Ella fue la muerte. Siempre.

¡Detrás de un cristal hay tres!
¡Es la tercera!
¿Ella es?
¡Roja como un diccionario
y mucho más suave que el papel!
¡Ojos en cuclillas y grises!
¡Ella es!
¡Ella es! Pedro Casariego.


Esta ahí conmigo, la muerte,
en un abrazo, taimados,
cercana y amable.

Me miran sus ojos abiertos
y siento palabras de tela
que puedo decir
en un hilo de voz
hasta el mismo momento
de todas las calles callando.

No siempre recuerdo
donde tengo la cara,
la otra noche me vi
mirándome el pecho
con los brazos duros
mientras temblaba;

La muerte jugaba
con la cremallera de mis pantalones
a ver el final de una historia de agua.

Está en todas partes.
Si salgo por pan,
apenas al irme,
la miro sonriente
en los cristales de los automóviles
trenzando su niebla…

Me sigue y quizá
este buscando un por qué.

Creí en el amor
y busque probar su fuerza salvaje,
hacerme con marcas
de heridas profundas;
pero fue la muerte
-llena de redes,
que vino a sanarme
de mis intenciones aéreas.

No valió de nada
andar al desierto,
para ser embestido…

Las noches de insomnio
me ataba a la luna
y esperaba el disparo
con el que un suicida
volvería del infierno.

Esta es una mañana fría
y todo en la calle
es solo un montaje banal
del futuro que otros...

Al menos la muerte
se toma su tiempo
y puedo sentir personal
la manera
en la que deshoja la vida,
la vida:

La vida.
Omar Alej.

No hay comentarios: