lunes, 29 de febrero de 2016

El mar en calma. Adiós.

“A la Luna confía -en esa Luna rota
que por ahora vale más que el sol- el cuidado
de velar por la nieve que yace sobre el techo,
de velar los carámbanos que cuelgan desde el muro.”

Noche invernal de un anciano. Robert Frost.


Se ira apagando.

Desde ahora
ya no tengo aquella fuerza
ni requiero de imponerme
contra el viento;
los caballos
que aún me tiran por los pies
y que me arrastran por la tierra
son fantasmas
y van ciegos,
no precisan detenerse:

No son del mundo en el agua
y yo apaño,
convirtiéndome en sequia
cada vez que bebo un trago
de la fuente que me ordenan ocultar
y dan a todos los demás.

Si en el cielo se adivinan
ventarrones por venir,
resignado, bajo a casa
y ahí me guardo.

Aunque escucho
arrepentirse -por miedo,
a los saqueadores,
nada hago para rescatar
lo que el corazón de la tormenta
lleva dentro;

No podría ver, mañana,
nada menos…

No seremos como el búfalo
en las praderas,
tampoco una historia de amor
sobre los años…

No seremos
pues nada de eso hemos sido
y no somos
nada más que muertos de hambre
en un noche de acampada.
Acabara:

Al otro día no estaré
y otro día es otro día.

Poco a poco
no me importa.
He de irme
y la marcha no la haré
ni recordando
ni volviendo;
ni palomas mensajeras digitales.

Solo allá,
hacia adelante,
al precipicio.
Aún a costa de perder
lo que creía con el alma
y que he aguantado con los ojos.

En el banco de las estaciones
ya dudaba
y en el libro de visitas
advertía que iba mal…

El verano
tiende a ser en otras partes;
si esta en casa
y descamiso mis pasiones,
crujen las láminas
y empieza a llover con granizales.

Los rosales –alevosos,
cuando irritan y marchitan
sus recuerdos,
me llaman cobarde.
Yo creía,
creí siempre;
pero nunca es un corazón
tan solo nunca.

Esta tarde
entro en un quirófano
a dejarme que un doctor
me destripe en una plancha,
inoxidable…

Eso es cierto,
es lo único que es cierto,
de verdad.

Ya no tiene sentido decirlo.
He gastado mi fastidio;
pero no,
no creo en nada de eso
que me diga que conmigo
se ha quedado por aquí.

Abriré todas las puertas
de todos los días
que acabaron
y me iré de todos ellos;
yo me iré.

Lo que hay en la alacena
que lo juzgue el que llegue:

Nada es mío
en realidad
y nunca nada sucedió.

Con el sol
de este lunes
puedo ver
y no me importa
si la luz me hace llorar.
Fue infinito;
pero fue…

La ilusión fue la semilla
de otro invierno
y nada más.

Omar Alej.

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