miércoles, 27 de enero de 2016

No maten al yonki.

Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado.

Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico» 

Bedford Street. José María Follonosa.


Y por el bien de todos los hombres
que llegada la tarde salen al puerto,
para caminar consumiendo memorias,
espero que ella siga contenta al usar el vestido
con las costuras de violetas azules a través del pecho.

Llamaron a mi puerta;
la ley del cartero
es una fuerza salvaje de soledad
y urbanismo…

Sin noticias a tiempo otra vez,
de nuevo volviendo al final del futuro,
para comenzar.

Ya me he dedicado
a buscar en la plaza, en las galerías,
en la biblioteca, en los hospitales
y hasta en los furgones de un tren al infierno
que se pasa a veces por entre las hojas
cuando estoy leyendo el antiguo testamento,
para recrearme.

Y no, no la encuentro.
Su materia fue tal
que se habría convertido en estrella
o en los extrarradios
de una ciudad sin centro,
al mismo tiempo en que me quedaba dormido
con la boca abierta.

El maldito soy yo,
aquí sobre el filo,
donde se pierde el deseo
y los dientes restantes
invitan a dealers con poca empatía
por los trovadores…

He escrito canciones,
alguna salió;
pero la frecuencia no sintonizaba
la facinerosa autoría
de un desposeído con rabia.

Nunca la merecí.
Para siempre es mejor que lo sepa,
hasta la más imprudente de ellas.
Podría engañarles,
recordar a ese enfermo
al que soñó que salvaba de sus pesadillas…

Les podría suplicar
o fingir que un disturbio
me sobrevuela sobre las pupilas;
al final lo que importa es muy poco.
Que creyera en el alma,
eso es lo bueno y lo malo
que puedo contar sobre ella.

Y por el bien de todos los hombres
que llegada la tarde salen al puerto,
para caminar consumiendo memorias,
espero que ella siga contenta al usar el vestido
con las costuras de violetas azules a través del pecho.
Omar Alej.

1 comentario:

Carolina Torres dijo...

¿Cuando te daras cuenta que no puedes retroceder de la manera que amas?

Tomemos el tiempo necesario para que los recuerdos se consuman en nuestras memorias.

En ocasiones es preferable tener una pesadilla que vivir en la realidad de los hombres hipocritas y communes.