martes, 1 de diciembre de 2015

Aquí y allá: Mismo sitio.


“Mi sentimiento va a durar, el fuego no me va a quemar,
ya no tengo espinas clavadas en el corazón.
Que ya no tengo espinas clavadas en el corazón.”

Andrés Calamaro. La espuma de las orillas.


Eras,
junto con otras veinte chicas,
morenas,
una de las más guapas,
en un centenar de mujeres,
propensas al amor…

Tenías en los ojos
la imagen del sol apagando
frente a la luz de una vela;
parecías –ciertamente,
el cadáver de lo que una vez fuera un gato.  

Tu melancolía remitía a las labores
de una prostituta en día de domingo
y te invité a una cafetería
que está justo en frente del monumento
de un expresidente.

Yo soy de Ella
e iremos –juntos, a ver la guerra de las galaxias
una vez que pueda mostrarle
que existe la luna como modo de vida terrestre.

Ya no me importan mis garras
ni mis colmillos
ni los delirios que sobrevienen
y que me hacen romper
en mil pedazos de corazón una sola palabra.

Lo mismo que tú
había ido a ese sitio,
donde te emplean,
solamente por verme en un espejo gigante.

Estuve cavando en el césped
y encontré las monedas
con las que pagamos
nuestro consumo
de risotto y carbonara:

Cuando tú hablaste de Él
-por cierto,
noté que tiene
-igual que Ella,
rasgos de un pasado
al borde del rio en familia.

Mientras hablamos,
en China el bambú
no tiene aspecto terrible
e igual he sabido de su uso en los campos,
para torturar inocentes o culpables: eso quien lo sabría.

Ha sido agradable
esperar contigo;
los días martes
Ella va a prisa pues hay consultorios
que embellecer
en cada ciudad del país.

Fue mejor no besarnos,
estoy –ya, cansado de besos
que solo se besan los propios labios:

Son bocas que mienten sobre la sal
y sobre lo dulce.

Para la gente como tú y como yo,
para nosotros,
lo mejor es la fe de creer
que tanto Él como Ella
están a punto de volver a encontrarnos.

Omar Alej.

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