martes, 10 de noviembre de 2015

Un terrible boxeador.


Hasta cuando me moría de hambre
las notas de rechazo difícilmente me molestaban:
sólo creía que los editores eran
verdaderamente estúpidos
y sólo fui y escribí más y
más.
El infierno es una puerta cerrada. Charles Bukowski.



Tú eres yo
de un modo inaccesible:

Delirio en acabados
de papel,
para una fiesta de payasos.

Ojala supieras cuanto quemas
y mediar entre la luna y tú  
algo más que contracciones en la calle.

Pero no;
tienes caras,
muchas de ellas.

Son hermosas
y son farsa…
es el rostro
de los rostros.

Usas guantes
o me tocas con las púas que ahí están,
sobre el muro de los hospitales;
son tus manos
mi artificio
y es la voz que nunca tuve.

Tienes días de soñar
y bajas noches,
para darme con un susto
entre las líneas del destino.

Mientras leo
que por primera vez un hombre blanco
hizo de Cassius Clay
en una película de Hollywood.

Tú eres yo, aquí en el centro.
Te rodean los fantasmas;
te he nombrado
y logran verte
cual si fueras una mancha de tabaco en sus pupilas:

Justo entonces, tú, te vas…

Nadie ahora te persigue
y yo lo pago
de rodillas;
como si esperara ver el brote
de una mujer sobre la tierra de una maceta.

Me has robado
y luego en mi, pones el fuego de los ladrones de verdad.

Si tan solo la miseria fuera más
que estas pasiones
y pudiera remarcarme en el vacío
que hay detrás de cada sombra.

Yo que odio
y que te amo
lloro ahora
como lloran los canarios…

Búscame,
te estoy buscando.
De un impulso borra todo
y que el licor que hay mis tripas se derrame.

Ya lo sé
que solo tú comprenderás.

Ni siquiera esta muchacha
a la que rasco las muñecas
tiene tiempo de saber
si el amor viene
o solamente
-cada día,
se está yendo.

Tú eres yo,
no es un orgullo para ti
ni para nadie;

Pero nada,
lo suficientemente profundo,
pacta un acuerdo con la eternidad.

Te dejo aquí
-a ver si te leen.

Con solo un poco de ayuda
y medio día de suerte
yo podría parecerme a ti.

De carne y huesos.
Omar Alej.

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