lunes, 23 de noviembre de 2015

The Libertines: La reseña (olvidada)

“Don't look back into the sun
You've cast your pearls but now you're on the run
And all the lies you said, who did you save?”


The Libertines - Don't Look Back Into the Sun


El uno es la mitad del dos, después el dos es la primera parte del tres…

Joder, apenas recuerdo nada, y había prometido tomar notas…

La mañana del sábado 21 de noviembre desperté con resaca. A las 8:32 de la mañana lo llamé al Danielo. –loco, ¿quedamos 10:30/11:00, para irnos?- -quedamos- contestó. De ahí en más todo trataba de ir abriendo los ojos sin sufrir lesiones graves. Compartí desayuno y café con la familia; mientras desayunaba escogía mis atuendos de festival: no es lo mismo salir al mundo de fiesta con 33 años, el agravio es otro. Potencialmente sabes que has cambiado de patria, has pasado de la juventud al ridículo y eso sería mi arma. Con ánimo -y el apetito restaurado, volví a casa, para completar las condiciones del viaje. Por un instinto, desorientado, acerca de cuáles eran entonces mis prioridades, en el reproductor musical puse a los chicos de Calle 13. Un silbido alrededor del track número 3 me recordó lo que hacía y entonces cambié la música por el disco The Libertines.

Zapatilla converse negras (de piel), calcetines a blanco y negro (extraños círculos), pantalón de corte... qué sé yo (¡lindo, lindo!), cinturón de piel/cordero en color negro, camisa blanca hecha a medida, corbata de hilos (estilo Texas) con medalla, chaleco negro corte en U, americana negra y sombrero negro de asesino.


Tales fueron mis pintas que no llegué hasta las doce del día por mi compadre el Danielo. Por fortuna él aun dormía, su resaca consumía la mía propia (de tan fuerte); pero entre nosotros no hay competencias y como dicen los que saben “que importa un poco de sangre entre amigos”. Nos salimos a la calle previniendo un día muy corto; pero ancho. Yo le dije que tenía la sensación de que perdería algo, él me dijo que tenía una complicada falta de aire…después fuimos por ahí a que él comiera. Frente a un plato de birria y viendo en el televisor, que perdía el real Madrid por 4-0 contra el Barcelona, lo vi al Danielo re convertirse de nuevo en el hermoso caballo salvaje que suele ser. Ya una vez en el autobús, que nos llevaría a distrito federal, discutimos acerca de la forma que teníamos de beber bebidas espirituosas: Él un estilo de policía judicial y Yo en un tono de fuerzas especiales. –No eres sutil- le dije –Tú eres marica- me respondió. Durante el trayecto dormitamos un poco y también un poco veíamos las pelis que ponían en el pequeño televisor colocado frente a nosotros, una de ellas fue la de un padre en California al que deportan mientras su hijo lo observa irse; la otra es de un grupo musical ítalo/americano salido de Nueva Jersey (creo que la dirige Clint Eastwood). Todo era a cuento del viajante promedio que va de puebla a D.F; los muy cabrones no advirtieron nuestras resacas y por supuesto no nos invitaron ni medio trago de birra caliente, en fin.

Llegamos a la estación de autobuses (TAPO) y definimos que lo mejor era viajar en taxi hasta el autódromo, tomar el metro y seguir la pista se antojó por entonces una tarea imposible. Pagamos el peaje y nos subimos muy decididos a llegar de una puta vez. El acceso fue ordinario: puse la parte menor de un éxtasis en mi oreja derecha y las dimensiones de un porro dentro del cuello de mi camisa. Supongo que esperábamos un mayor oficio en la seguridad y creíamos un deber tener mayores precauciones. Sin embargo todo fue muy simple; además –cabe señalar, nuestros pases de acceso llevaban la leyenda V.I.P: MotherFuckers.

Una vez dentro del complejo, donde el evento se celebró, todo era re lindo, había montones de locales con venta de bebidas, de comida y hasta –muchos, de distintas atracciones. Lo primero fue comprar un par de cerves y organizarnos en los recorridos, para cada uno de los escenarios. Sabíamos que íbamos ver a Benjamin Booker (llegamos después de las 5 y ya había tocado) a Richard Aschroft, Ryan Adams, The Libertines, todos los demás nos suponían alegrías; pero no un compromiso (aunque advierto mi falta: Run The Jewels). Mi compadre -que es un genio azucarado, determinó en muy buena forma como nos iríamos moviendo de un escenario a otro y además teníamos tiempo. No lo puedo recordar muy claramente; pero debían de ser las 6 cuando estábamos parados viendo a Kiesza, una chica pelirroja que canta teniendo como banda un batería, un sintetizador y tres bailarinas: todo ello muy prendido y sustancial. Bebíamos nuestras cerves y caminábamos muy alegres viendo que la gente era toda muy de marte. Recalamos en la zona V.I.P y descubrimos que sería un privilegio ir a orinar. Aquellos baños siendo públicos olían -y estoy seguro aún huelen, mejor que el sanitario de mi propia casa. Pasamos las horas con bromas de carácter político. No les extrañe que sacáramos de aquel ambiente un contexto natural, para el odio del estado islámico a occidente: demasiada hilaridad parecía superficial y reprensible.

Hubo casos –aunque podría estar mintiendo, de gente que se quiso hacer fotos con nosotros, otros me venían a decir de mi outfit: lo querían para ellos. Entre tanto nosotros -muy civilizados, nos poníamos contentos con cada sonido, con cada cigarro, con cada respiro que podíamos usar de transporte… voy a ahorrar un par de cosas, para contar que vimos a the psychodelic furs: nos gustó. Tampoco me olvido de Father Jhon Misty: un profundo.

La primera cita se hizo ahí (serían las 7) Richard Ashcroft. Él solito con guitarra y vaya cosa… un furioso hombre delgado que cantó cada canción con los ojos muy cerrados y llevando, hasta nuestro sitio, la memoria de una década como la de los noventa, llena de corazón y de coraje. Que era un grande y que tenía muchos huevos, lo dijimos y brindamos: identificados. Justo ahí todo iba a prisa, el ambiente era de juegos y un sol, que había estado más cálido que caliente, despedía, sobre el hombro de la luna, una noche incandescente. Ryan Adams fue EL AMERICANO; tremendo set de músicas del sur de los Estados Unidos de Norteamérica; tremendo gusto a rock and roll. Unas chicas en un pub al que paramos -para rellenar ya no las cerves sino gin tonic´s, nos querían desnudar y hacernos usos y costumbres de chilangas muy, muy, fresas; pero tocaba Ryan Adams y nos fuimos a verlo sin mirar(las) atrás. Es un pedazo de cantante y es un tipo de esos duros, para entonces, muy borrachos, brindamos por él y por el gusto de que ya no nos importaba nada respecto a los otros mundos posibles.

The libertines llegaron. Hasta este momento (9:15 de la noche) el porrito continuaba sin estragos, impoluto y mezclándose entre los cigarrillos de una cajetilla que a esa hora ya mermaba en cantidad de habitantes. Lo prendimos y sonó el primer acordé; seria lindo que pudiera recordar algún orden de canción entre canciones, seria lindo que pudiera expresar algo más claro sobre aquella excitación de ver a Pete Doherty, Carl Barat y compañía: seria linda la paz mundial; pero no es y no recuerdo. Solo siento, vuelvo a mí, a nosotros, y me sonrío ¿Qué pasó?.. Me lo pregunto y no lo sé. Eran ellos, The Libertines. Mi compadre y yo nos abrazamos y bailamos y como ellos (Pete & Carl) nos perdonamos mucho tiempo de manía y desfiguro. ¡Sí! Querría recordar, eso es muy obvio; pero no sé si recordando lograría sentirlo tanto el movimiento de mis almas a través de tanta gente que tenía los rostros negros, absolutamente negros. Hoy ya sé que el Danielo y yo somos un rayo y jamás caeremos en el mismo lugar; no otra vez.

El regreso, accidentado, nos llevó a pasar la noche en la estación de autobuses. Dormimos en el suelo, bajo las bancas donde esperan las personas y después, a las 4:30 de la mañana nos subimos al autobús casi de un brinco: volver volviendo, la música viene sonando. Entre el saldo resultante, de nosotros en el festival, podría decir que gastamos muchos dineros, perdimos mi teléfono móvil y todo lo demás también. Sin embargo lo que digo es que fueron 33 años en un día de apenas unas horas que hoy olvidadas me resultan inolvidables; como todo lo que vale la pena.
Omar Alej.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alucinantes aventuras entre hermanos , feliz cumpleaños a los dos :), always always CAMBOYA RULES !!!!!

Anónimo dijo...


Ya ya! :) se lee que lo disfrutaron un montón! la forma en que describes cada cosa y situación incluso por banal que sea, me emociona :) jaja es como si lo disfrutara también a la par de tus recuerdos, bueno, lo poco que recuerdas jaja pero coincido y me encanta: "que hoy olvidadas me resultan inolvidables; como todo lo que vale la pena" Además esa complicidad entre Danielo y tú, siendo "como ellos" :) !!! (clap)

Bravo ! que 33 tan bien festejados no? :) jaja

FloreFer.

Anónimo dijo...


Me da mucho gusto! jaja de verdad me emociona mucho leerte en este tipo de "reseñas" jaja donde lo describes y vives todo tan a tus formas, me dan ganas de haber estado ahí, jaja eso siempre pasa con las reseñas buenas. o revives los momentos o logran que te llegues a sentir parte de ahí aunque sea un poquito, :P ... jaja tal vez también es el poder de imaginarlo todo. Pero me gusta, a pesar de no describir con exactitud y dejas todo en un "no puedo recordarlo" jaja es perfecto porque entonces soy libre de imaginarlos como se me antoje, tan contentos, tan complices y amigos. tan libertinos y borrachos! jaja cantando, brincando, y disfrutando como se debe. "sentir" ese "movimiento de sus almas" eso es bellísimo y creo no habría mejor descripción que esa, que se sabe que lo pasaste de lo mejor.

FloresFer.