viernes, 13 de noviembre de 2015

Mr. Dear.


"Amar la existencia de la cosa más que la propia cosa, y la propia existencia más que a uno mismo: ese es el mandamiento supremo del acmeísmo... para nosotros el sentido consciente de la palabra, el logos, es una forma tan magnifica como la música es para los simbolistas."


Osip Mandelstam

En foto: James Dean.
Querido amigo.

El corazón de las tinieblas es un relato hermoso sobre las profundidades de los hombres; yo así lo interpreto y es en esa sensación que me emociono hasta las lágrimas. Me gusta su belleza, la que puedo creer y que quizá ni siquiera está ahí sino en el hecho de ver algunas tantas leyes convertirse en solo instinto. La belleza que quizá ha puesto Joseph Conrad, para que yo –o cualquier otro lector, pueda completar su propio hacer de ingeniería imaginaria. Esto es tan así que el propio T.S. Elliot lo cita al inicio del poema “Hollow Men”. Charles Marlow debe de encontrar a Kurtz y en la travesía de encontrarlo va encontrando que hay muchos Kurtz que son buscados por los mismos muchos Charles Marlow; no es tan simple, reconozco que soy torpe- siempre, para narrar lo que yo mismo aún sigo leyendo en mi cabeza. Lo que quiero decirte es que es esto lo que quiero decirte. Por supuesto que podría enumerar varias acciones que he ido realizando a través de la semana con sus días y sus noches.

Yo podría contentarte al contarte que fui al futbol –al estadio, y que he visto que el nuevo jugador –en general, me pareció una criatura frágil; pero muy frágil. Sin embargo nada de eso, para mi es emocionante o emotivo o singular. Cualquier otro te vendría a contar que su madre está enferma, que su padre perdió todo jugando a las cartas o que su mujer se ha liado –ahora, con el carnicero puesto que el taxista se marchó de la ciudad. Un buen hombre te hablaría solo apenas y de cosas importantes.

En mi caso las premuras son las otras cosas; la palabra (el enemigo) y los libritos y las lluvias y los mitos y la luna y algo más que no recuerdo... digo que es un enemigo, la palabra, pues reduce a conceptos jerarquías naturales muy inmensas y eso es cruel y es de lo mismo de lo que acusan a ciertas sociedades. No te creas que no sé que soy idiota. Por supuesto tú querrás que hable de mí y de la vida en un mundo que es real; pero no puedo. Te respeto y he escuchado que me hablas de las cosas que debía de comprar, para este invierno, o del sitio a donde van de vacaciones los famosos. Sin embargo –por favor, no te enoje que lo ignoré y que te diga que mi pulso solo es esto: un buen sueño, una imagen imposible, la poesía, las ideas, el deseo y la paciencia del objeto.

Yo estaría encantado de tener una opinión sobre el dinero y sobre la construcción de ese puente que te hace llegar tarde al trabajo cada mañana. Soy honesto –no me creas, si te digo que leí algo increíble, para mi es como decir “¡ya volví de matar indios!”; para mí es como decirte la verdad. No estoy loco, te acompaño si me cuentas que la nena ha dado, ya, sus primeros pasos; sé muy bien que batallas cada día por sacarle una sonrisa a días muy duros. Vaya imbécil que me he hecho, pues lo sé y no me importa. Tú me importas -por supuesto; pero no, nada de eso de vivir vívidamente.

Me disculpo por dejarte y no meterme carnalmente en la tierra que caminas. Me avergüenza si de pronto te parezco pretencioso y vanidoso y superfluo e indignante. No querría. Tú bien sabes que un día supe de la calle y del andar al ras del suelo; está muy bien, eso es muy grande. Justo ahora te recuerdo sin hablarnos y cargando cosas viejas a través de los automóviles en las avenidas; pero el lio es que hoy lo creo, que esa escena fue descrita por Vallejo o Darío o Alberti. ¿Me resigno a estar solo? No lo estoy, no te preocupes. Aunque lleno de tormentos, hoy morir es un plan maravilloso.

Y lo siento, por ahora lo mejor es que deje de escribirte. Voy sintiendo muchas ganas de contarte sobre el hecho de que me gusta mucho la palabra “adiós” y ese otro, yo, al que saluda.
Omar Alej.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Una visión como flecha, certera, sencilla, madura y que cuando clava deja la marca en uno, ese tipo de filosofías son las que marcan lña diferencia entre el niño y el hombre, el pobre y el rico.

¡Grande Omar Alej!

Carlito

Anónimo dijo...


Me gusta cuando de repente escribes de otras formas, el principio me gusta un montón... yo creo es la sensibilidad con lo que todo se dice... lo de la belleza que uno cree... justo eso que está en el imaginario de cada uno... me gusta ese ejemplo del que platicábamos la otra vez, todo como muñecas rusas... uno buscando a otro, que a la vez es buscado por ese otro, muchos unos y muchos otros buscándose o integrándose entre si en sus diversas formas...
Me gusta que me hace reír, jaja esos paréntesis o aclaraciones innecesarias pero necesarias a la vez, con toques burlones... jajaja no sé si es la intención, pero "yo así lo interpreto" ... y me gusta! ay, esa cosa, de sé muy bien que pasa, lo que te pasa, lo que pasas y sin embargo no me importa... está bueno! el hecho de dar importancia a la persona, pero no a lo que hay a su alrededor... Las escenas descritas por alguien más... sabes que imagino ahí... que nada pasa... y todo es producto de esa ingeniería imaginaria que se fabrica desde pequeños... lo que lees, lo que ves, lo que escuchas, todo... tu sabes que me gusta pensar en eso. "hoy morir es un plan maravilloso" y sobre todo eso... que en el morir no hay nada malo, nada escalofriante, al contrario... se vuelve algo bello... "el corazón de las tinieblas es un relato hermoso sobre las profundidades de los hombres" esa facilidad con lo que lo turbio y obscuro, se vuelve tan hermoso y fascinante! :D Esa forma de "despedirse"... no sé, deja una inquietud... por saber el adiós que más que fin da un principio al "otro yo"... por saber quién o qué es ese "yo"... al menos a mí... me deja con algo de ansiedad...
Hoy, FloresFer (Mañana tu María Kodama).

Carlos Guzmán dijo...

Me gustó la sencilla fascinación por el contraste entre la vida propia y la ajena. Y como esa fascinación termina por desgastarse al punto en el que la despedida es inminente. Despedirse de...¿quien? ¿de que?

Carlos Guzmán dijo...

Me gustó la sencilla fascinación por el contraste entre la vida propia y la ajena. Y como esa fascinación termina por desgastarse al punto en el que la despedida es inminente. Despedirse de...¿quien? ¿de que?

Carlos Guzmán dijo...

Me agrada como se presenta la fascinación por el contraste entre la percepción de lo importante entre los involucrados, y como esa fascinación termina por desgastarse, hasta el punto en que la despedida es inminente. Despedida de...¿quien? ¿de que?