lunes, 9 de noviembre de 2015

Moroso.


El poema supremo, dirigido
al vacío: éste es el coraje
necesario. Se trata de algo
bastante diferente.

Los Carteros Tramposos. Robert Creeley


Hay ciertas soledades desiertas;
entonces
se cae el camino
y ya no florece el allá
en ningún sitio cercano.

Yo soy lo más lejos
que podré llegar
y así apago la luz
y así vuelvo a ver.

Soñé con un mundo
donde no era necesario soñar,
bastaba con ir;
pero eso es de hoy,
de tiempos modernos
y tecnología… resiento su prisa.

Subida en mi espalda
-en todo lo delgado,
una hipótesis falla:

Es mi aversión del destino
y de la hora pactada.

Con toda la loza
en los fregaderos,
así es uno mayor
y es un tiempo roto;
por desabrido, las musas
montan sus aves y marchan
a rasgar vestiduras en algún club
para homosexuales.

Paso las paginas
de un libro de cartas;
compro lo que se debe comprar
y espero un error
en las invenciones climáticas:

Perfectamente armonioso
con la valija de viaje
de cualquier vegetal.

Pasando la tarde
a través de un vaso
en el que mueren los hielos…

¿Quién invento
la gramática azul
de morir en la playa?

El corazón como espejo
suele reflejar
un año en distancias.
Es cuestión de empezar;
eso dice la frase
en libros de auto-ayuda.

Yo me opongo y termino:

Tengo deudas por saldar.

Omar Alej.

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