jueves, 22 de octubre de 2015

Un road poetry: "El diablo, pelele, ojala no se vaya."

Yo nunca hubiese adivinado su molestia. Intentaba consolarlo y me decía que no diga más. Ahora creo que nunca nadie le dijo las palabras que necesitaba escuchar; nunca nadie le dio calma.

Yo mismo sé que tener que imaginarla puede ser la guerra toda.

Diario de un Moto/Circuito (2015)
Omar Alej.


Cuando desperté
la sensación era intensa;
se me escurrían las piernas
y debajo de la piel
imaginé que llevaba
una migración de hormigas…

Para meterme en el agua de la bañera
cambié el jabón
que estaba por acabarse
-descolorido y delgado,
por uno blanco, robusto,
de esencia neutra,
que volvía a hacer espuma:

Que aparatosa,
vulgar
y grotesca,
es la necesidad.

Pensé en el chico  
con ojos de agua,
no hablo nunca de él;
me estremece de golpe
su imbecilidad.

Lo conocí en la cantina
de un pueblo;
viajaba al norte
e iba siguiendo
las carreteras del pacifico mexicano.

Tenía la cara manchada por el sol
y una sonrisa idiota,
racionaba la más mínima moneda
y se lavaba el cuello rojo
con el agua de los ríos.

Le ofrecí
un poco de ayuda,
<< tengo todo;
mi chica me ama
y solo yo,
soy todo el mundo>>,
aún recuerdo esa respuesta.
Vaya imbécil.

Lo recuerdo
y no sé qué le habrá pasado.
Quizá -como a cualquiera,
la verdad lo persiguió
hasta encontrarlo…

Me decía estar seguro
de que nadie,
como ella, lo adoraba.
Brindaba por haberla encontrado
y porque era siempre buena
acordándose de él a cada instante.

<<Siempre sabe
que estoy solo
y jamás me haría algún daño.
Me perdona por ser torpe;
pero entiende
que es en ella que encontré
mi identidad>>,
aun recuerdo ese alegato.
Vaya imbécil.

Después el mundo
volvió a ser
lo que ya era.

No fui tu secuestrador,  
tu bañante de piscina,
tu playboy,  tu chulo
y masoquista;
yo fui solo
-y si acaso, el pelele de tu amor.

Yo quería las obsesiones,
tus hartazgos voluptuosos,
tus temores
y la súplica caliente
que toda niña guarda
entre los cortes de sus muñecas…

De nuestra historia,
tú, fuiste las sombras
y yo la vil y ardua colmena
-una llena de abejas que trabajan.

Nunca lo supe
cuando te dije
que te amaría
muchísimo más
de lo que el amor le permite
a un simple hombre.

Bajo a los cafés
por las vías más largas
y me pregunto
si acaso alguno de los señores,
que me encuentran
y desvían la mirada;
tuvo en él a tu lujuria
expuesta,
desenvuelta
y calcinante.

No lo fui
y yo sería el recuerdo de tu carne
y humedad…
encerrada
y de rodillas frente mío:
solo yo.

Qué anormal
y qué comedia;
justo ahora me saludan
miserables que pasean
sin vergüenza con sus perros.
Y preguntan
y me muestro
y frente de ellos
bebo un trago del florero;

Pero no,
como estuve confinado a acompañarte
solamente me recuerdan
por decirte a todo
y dedicarme solo a eso;
el pelele de tu amor.

No
yo no te robe ninguna alhaja,
no me estuve con tu amiga a fuma y fuma
ni tampoco doy la talla
-vaya mierda,
para convertirme en tu asesino.

Yo debía de haber sido el Hombre Fuego
¿Qué pasó?
¿Por qué me recuerdas
con ternura
y sintiendo pena
o culpa?

No, no, no
y ¡No!

No se mojan tus palabras
al tratar de recordarme.
Soy un ciervo,
una pijama en la mañana del domingo,
una iglesia, un anillo de plástico,
tonterías…

Yo quisiera ser verdugo;
al que suplicas,
al que lames,
al que rajas
y al que adoras…

Solo fui un niño bueno,
muy bonito -eso sí;
pero sin diablo.

Y nadie del amor
podría marcharse
si no fuera por el diablo.
Omar Alej.

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