lunes, 26 de octubre de 2015

Un Omar, un Romeo y un Gigante: ¡Vaya tristes!

“En el inverno los altos huesos curvos están abandonados, golpeados por las olas, pero en el verano son una percha excelente para las gaviotas fatigadas.”

“El gigante ahogado”. James G. Ballard 


Vaya triste,
pidiendo –ahora, muy dulce el café.
Sentado en la terraza
y leyendo en los diarios
la constante obsesión
que hay en el mundo
por romper en dos lo roto.

Vaya triste,
respirando.
Atacado por su pecho;
simulando que su vista
no ha perdido dirección
y jugando con los dados
a que el aire es más que suerte.

Vaya triste;
entendiendo
la palabra de un jardín…

Vaya triste;
la mesera le pregunta
si algo falta
y él contesta
que es muy pronto,
que no sabe cuánto tiempo
es lo que lleva recordar.

Vaya triste,
sin dormir y ebrio de sueños.
Tose algo;
pero el mundo queda lejos:

Es la cueva de los ecos
y es la cueva de los ecos.

Vaya triste,
sin locura.
Resignado al trago frío
de ilusiones sin espacio.
Redirige el pensamiento
y se encuentra
sin la nube que tenía
cuando niño…

Vaya triste,
enamorado
y en la purga de su sangre:

Un caballo nació viejo.

Vaya triste,
columpiando en su sonrisa
llanto y hambre.
Deambulando en las moquetas
de pasiones que se fueron
siendo parte de alguien más
que no era él.

Vaya triste.
Tras el sueño de los ríos,
repitiendo –como un rezo,
que sus manos
aún le quedan.
Y sumando hipocampos
con sirenas,
para ver si le resulta
media luna
entre la lluvia
y su hoja blanca.

Vaya triste,
escuchando
y asintiendo.
Consolándolo al demonio;
preguntando
si es posible
devolverse entre los boques
y encontrarla un poco antes…

Vaya triste,
no saber
realmente nada,
ser idiota y decorado;
pero amar
de esa manera
-con la fuerza,
en la que abarca la tristeza
sin moverse de lugar.
Omar Alej.

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