viernes, 30 de octubre de 2015

Solo oro tengo.

“Pero ahora polvorientas telarañas se entrelazan
por el espejo, el que antaño
viera los dedos que retiraban el oro
de una despreocupada frente;
y las profundidades son cegadas a la luna,
y olvidados sus secretos, nunca dichos.”

El espejo. Aldous Huxley.


Tú pídeme el agua
que cae por mi cuerpo,
una vez que llueve
y yo estoy ahí
simulando al humano
que muestra la luz
de las intemperies;

Nada te daré…

Soy más que palabras;
pero solo palabras es lo que tengo.

Tu pídeme ser,
no será coincidencia.

Tampoco he de darte
ni uno solo –partido,
de mis mil corazones.
Son de hijos de espumas,
de lunas a penas
y de sentarse a la mesa
llorando, llorando,
compartiendo el pan
con ondas faltas de ritmo.

Pide mi voz
ante los ángeles tercos
que ahora regalan caprichos
-de sol,
a cada sombra encarnada…

No te daré -de mí, un beso.
No te daré -de mí, pesadillas
No te daré -de mí, aliento
No te daré -de mí, arduas dudas.

Tú pídeme hacer,
no te lo daré.

Yo he venido solo.
Yo he venido solo.
Yo he venido solo.

No hice el acuerdo
y mi piel
solo es eso:

Yo nací un día
que Cesar Vallejo estuvo sano,
agudo…

Iré a las bodegas,
donde los camiones
desde las provincias
llegan completos de carga.
Me alquilare a la labor
de un cargador de ancha espalda
y si reviento agotado,
no te daré mi sudor.

Y no te daré de mis huellas
si rompo con todo…

No te daré ni soberbia
ni espanto
ni amor.

Tú pídeme la velocidad
del ruido interior
en mi cama,
los años que arraigan
el aire.

No te daré en este día
ni la estridencia del miedo
ni las penitencias
ni coordenadas…

Ya tengo hirviendo en el fuego
la fruta prohibida
y el mundo después
de los niños;
no te daré de ilusiones
cuando estés harta de todo.

Tú no has sabido volver;
recuerdo que, tú, te fuiste
y que pudo ser mi pobreza
el motivo.

No, ya no puedo darte consuelo.

Yo, cuanto tuve…
que fuera bueno,
te he dado todo.
Omar Alej.

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