jueves, 8 de octubre de 2015

Perdí.



Hola y a tiempo,
momento…

Vengo del cementerio,
pase a dejarme una parte;

Abanderé la ceniza,
con ella escribí la piel
que le creí desnuda
a los potros del viento.

De vuelta al mar,
como una vieja basura,
vi a los coyotes brindar,
después de llevarse mí vino
-nuestro pacto surgió
de un leve instante de redenciones.

Tremendo e inútil,
del mundo e inmundo,
mi gesto de terror.

Todos mentían mucho antes;
mejor, más gracioso,
mas fácil y menos difuso…

Ahora lo sé
y no pienso en nadie
con quien compartir
cuanto duele saber…

Lo vital
es natura
y ahora yo sé:

Perdí nomás.

Después, no me siento
a ver el subir de la noche
y hacer la ficción de una pesadilla durmiendo a mi lado.

Adiós, amor,
ya no te quiero ni un poco.
Luces
-lo mismo que yo,
un poco menos que todos.

Para cuando es el tiempo
de un verso maligno;
no, no tengo fuerza
ni trucos que quieran
poder invocarte en un templo…

Allá,
en el tiempo de sus horas altas,
quédatelos.
Las amantes, los amigos,
las familias, los castigos
y las recompensas,
bailen al compás
de su acto y destino.

Qué me importan ahora;

Volví de nuevo
y como siempre soy el que vuelve
con el parte de las extremidades
que me he ido cortando…

Cada quien
en algún sitio del mundo
sacó de su espejo un camino.

Y yo no.

Ante la presencia del último día,
me he mirado a los ojos
y pude recordar
que del paraíso salían a disgusto
los protagonistas de un final imposible.
Omar Alej.

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