martes, 27 de octubre de 2015

Layla, la estrella humana.

“Yo le diría al genio de la lámpara que hiciese algo por los demás. Ayuda a los africanos, ayuda a quienes se odian entre sí. Ayúdalos a superar su odio. Yo no necesito nada. ¡Tengo suficiente! Utiliza mi deseo en los demás”.

Keith Richards.


Ya se iba
y la crucé,
para mirarla:

Mi costumbre es que si sé
de alguna una estrella
al reponerse de caer
de las alturas
-levemente,
lo constato.

Y fue así.

Poco antes de encarnarse,
en su forma original
-y muy extensa,
abarcaba cinco cuadras.

Con un pico en la juguetería
Korka comics
y con la otra punta
sobre el techo
de una estación de policías,
no dijo nada al pasar
por el callejón
donde una hiena sin ropa
daba a luz
medio gramo de heroína…

Podría ser
que ahora estar
-y despertar en el sueño americano,
refrescara mis visiones matutinas;
podría ser.

Y aunque vi
que un pastor alemán
llamaba a obedecer
los sombreros de Texas,
lo impactante fue que luego
-con el primer rocío:
el que anuncia al nuevo día,
la magnitud astral de tal evento
diluyó sobre un almuerzo
con cup cakes…

Simplemente se tornó
en humana carne femenina.
Y como en la escena
de algún cuadro surrealista,
de repente fue mujer
de hermosos pechos;
lo que antes fuera inexplicable.

Directores de cine,
productores de discos,
accionistas,
empresarios
y monarcas,
la persiguen:

Un latino es solo un hombre
asediándola con formas
muy brillantes de ir perdiendo la inocencia.

Pero asusta
el gran abrigo metálico
con el que pretenden
acentuar lo largo de sus piernas.

No podré hablar después
de mi mañana en la florida…
esa estrella que cayó,
para convertirse en tendencia
-dicho propiamente,
no será un recuerdo
y echaré en falta el disparate.

Ya me voy
y no estaré
si alguna noche se desviste
-humanamente, simple,
a cambio de un injerto y cocaína;
ojala fuera Keith Richards,
para entonces, presidente.

No me asusta.
Cada vez a los milagros
se los trata mucho peor
-humanamente.

Omar Alej. 

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